La lucha continúa, ese es mi motor, Sam Nujoma

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Sam NujomaPor Deisy Francis Mexidor

El padre fundador y primer presidente de Namibia, Sam Nujoma, reiteró su gratitud por la contribución de Cuba a la libertad que hoy disfruta su país.

Durante una entrevista exclusiva con Prensa Latina, Nujoma recordó con especial admiración y cariño el papel desempeñado por el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, como estratega de aquella epopeya histórica.

También a los combatientes internacionalistas cubanos «que lucharon lado a lado con los namibios y angolanos», dedicó buena parte de sus palabras.

Reiteró estar  seguro de que sin la participación activa de las tropas cubanas «no hubiésemos podido derrotar al ejército racista de Sudáfrica».

DESARROLLO DE LA CONVERSACIûN CON NUJOMA

Faltaban poco menos de dos horas para abandonar Windhoek, cuando sonó el teléfono del embajador de Cuba en Namibia, Giraldo Mazola: «el presidente Sam Nujoma le concedió la entrevista a Prensa Latina».

El vuelo de regreso a Pretoria estaba previsto para las 2:55 de la tarde e iban a marcar las 12 del mediodía. No teníamos tiempo que perder.

Había hablado días antes con su hijo Uutoni, recién nombrado ministro de Reforma Agraria, cuando coincidimos en una de las actividades por los 25 años de la proclamación de la independencia nacional para que intercediera en el intento, porque ir a Namibia y ver a Nujoma sería una posibilidad casi única.

Posee el tesoro de una permanente sonrisa y un espíritu de guerrero incansable. San Nujoma cumplirá 86 años el próximo 12 de mayo, y es como si el único inconveniente es que «a veces mis piernas me fallan porque estoy más viejo».

Su jornada diaria comienza con «un poco de ejercicios; camino bastante. Es bueno para las personas de mayor edad», y entre sus salidas más frecuentes están sus «viajes al norte, a la finca, porque me gustan los animales», lo cual es consecuente con su pasado, con su infancia en Ovamboland, cuando fue pastor de cabras.

La entrevista se realizó en la fundación que lleva su nombre, en el mismo lugar donde jornadas antes había recibido al primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel, cuando visitó el país a propósito de la celebración de la efemérides patria y la toma de posesión del presidente electo, Hage Geingob.

En su oficina, iluminada -como su sonrisa-, pasa gran parte del tiempo. Allí todo está dispuesto en orden: libros, fotos, banderas, muebles, porque es un lugar donde «tengo muchos recuerdos», expresó Nujoma y de inmediato señaló una pequeña mesa circular.

«Mi foto con el Comandante Fidel en La Habana», indicó como quien quiere marcar que se trata de algo muy especial.

A partir de ese instante los rumbos del diálogo giraron en torno a la profunda admiración, respeto y cariño que siente por el líder de la Revolución en el país del Caribe y a «los cubanos que lucharon lado a lado con los combatientes de Angola y de Namibia» para lograr la liberación de su patria.

«Sin la participación activa de las tropas cubanas yo estoy casi seguro, convencido, de que no hubiésemos podido derrotar al ejército racista de Sudáfrica», enfatizó.

De inmediato su memoria retrocede a los días de la batalla de Cuito Cuanavale en 1988 y su mente se perdía en algún punto cuando dijo: «Gracias a los (aviones de combate) Mig 23 de Cuba, que liquidaron a las fuerzas racistas sudafricanas. Ellos no sabían, ni tenían idea de lo que les venía pa’rriba con los Mig 23 de Cuba».

Lo mejor, al parecer, por la expresión de su rostro, fue que «Fidel estaba comandando todas las acciones desde La Habana. Eso era secreto».

Relató Nujoma, como si volviese a vivir aquello, que «todas las tropas, las namibias, las angolanas, las cubanas estaban dirigidas por Fidel desde La Habana y liquidaron al enemigo en dos segundos».

«Los imperialistas se dieron cuenta de que pese al equipamiento que le suministraron a los sudafricanos no había manera de parar aquello; por eso, una vez que pasó la gran batalla, decidieron sentarse en la mesa de negociaciones y rendirse», rememoró.

Ya sabían para entonces -argumentó Nujoma- que «era imposible echarse para atrás y de que no había manera de que los sudafricanos ganaran con los cubanos presentes».

En el fragor de la lucha «para las fuerzas namibias y de Angola, los cubanos eran nuestros hermanos y nuestras hermanas y fue su empuje el que llevaron a la liberación de Namibia», acotó.

Y seguidamente, con sencillez, el principal forjador de la independencia de Namibia expresó un «quiero decir gracias» como si fuera la primera vez que exteriorizara ese sentimiento.

Líder indiscutible de la SWAPO (primero movimiento de liberación nacional y luego partido político), Nujoma padeció 30 años de exilio. Tras la proclamación de la independencia, el 21 de marzo de 1990, fue aclamado como el primer presidente de la nueva Namibia, cargo que ocupó hasta 2005.

La alegría y el ímpetu de entonces sigue siendo el de ahora. «Sí, sí, el mismo es», confiesa antes de una breve transición: «hay razones para estar felices, porque somos libres en este país, tenemos el control de nuestros propios asuntos».

«No hay nada más importante -puntualizó- que poder controlar tu destino».

Como un padre, un guía, es catalogado Nujoma en Namibia; por eso, al hablar de las perspectivas de su pueblo, asegura que el país continuará concentrándose «en la educación y en el entrenamiento, porque la educación es la clave para el conocimiento».

«Tenemos que ser capaces de producir nuestras fuerzas intelectuales -añadió-, porque Namibia posee recursos materiales como el cobre; podemos producir vehículos y muchas otras cosas; tenemos uranio también, pero hay que dominar el conocimiento, hay que crear el capital humano, la inteligencia».

Es así como Sam Nujoma mira hacia el futuro de Namibia. «Tenemos que estar unidos, porque la unidad y la paz son los ingredientes principales para la liberación económica. Es necesario tener paz y estabilidad», apuntó.

En ese sendero «todos nuestros niños deben ir a la escuela, a la primaria, secundaria y hasta los niveles de la universidad; por supuesto, algunos tendrán orientación vocacional técnica».

Insistió en que salieron «de un régimen de apartheid con un sistema de educación diferenciado en beneficio de la población blanca y no para los namibios que vivíamos acá».

«Ahora tenemos más educación, más facultades, una escuela de Medicina, Âíel año que viene tendremos nuestra primera graduación de médicos namibios graduados en el país!, estamos muy orgullosos de esto, pero no es suficiente».

¿Volverá a la isla del Caribe alguna vez?, es la pregunta casi final.

«Sí, seguro. Algún día iré a La Habana. Quiero volver a La Habana», y confiesa en tono bajo, como para sí, «muchas, muchas veces la he visitado».

De hecho la primera ocasión «que estuve en Cuba quedé muy impresionado con la laboriosidad del pueblo cubano y la participación de las mujeres en la economía cubana, así que adoptamos el mismo sistema».

«En el Congreso de la Swapo recientemente, se decidió que las mujeres participaran en igual calidad que los hombres en todos los aspectos de la economía. Las mujeres pueden hacer más, si se les da la oportunidad, por supuesto».

Para Nujoma el momento es el de permanecer unidos, lo reiteró en más de una ocasión, porque «obviamente las fuerzas del imperialismo y del colonialismo siempre están tratando de mal llevar al mundo».

También manifestó su confianza en la juventud, a la que pide «estar preparada para poder seguir adelante, sin que haya discriminación. Estoy seguro de que con un pueblo educado y entrenado tendremos un mundo mejor».

En particular «sé que cubanos y namibios continuaremos juntos por objetivos compartidos, por el bien común», dijo minutos antes de un fuerte «al Comandante en Jefe mucha salud y a todos mis hermanos y hermanas de Cuba».

Sam Nujoma se despidió con el abrazo, su sonrisa y la afirmación de que, sin dudas, sería el mismo, que tomaría idéntica decisión de existir una segunda vida, porque «anota ahí: la lucha continúa, la victoria es cierta. Ese es mi motor».