Kenya se mantiene aún expectante tras reelección de presidente

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Por Antonio Paneque Brizuela
La tranquilidad ciudadana parece negada a la población de Kenya pese a que finalmente celebró el pasado 26 de octubre sus llevadas y traídas elecciones, cuya votación favorable al candidato-presidente Uhuru Kenyatta fue legal, pero frágil en credibilidad.

El estado de inquietud, inestabilidad y zozobra que caracterizó a la primera potencia del oriente africano frente al temor de una matanza postelectoral como la de 2007 con mil 200 muertos, se mantuvo antes, durante y después de los comicios y prevalece ahora entre sus casi 49 millones de habitantes.

Aunque los escrutinios mostraron 98,26 por ciento de votos (siete millones 483 mil) para el jefe de Estado y aspirante por la coalición partidista Jubileo, y solo 0,9 por ciento para el representante de la Super Alianza Nacional (NASA) Raila Odinga, la de este último fue una suerte de estadística fantasma, pues él nunca se presentó a la consulta ni aceptó su celebración.

La intensa campaña contraria a la celebración de los comicios por parte del líder opositor y sus aliados demeritó cualquier resultado creíble desde el momento mismo en que el Tribunal Supremo (TS) anuló el 1 de septiembre los escrutinios de la primera fecha de elecciones, el 8 de agosto.

Odinga, primero impugnador ante la Corte contra aquella votación, bajo el argumento de ‘irregularidades’ en el control digital de las boletas, y luego principal contrario de su celebración en la nueva fecha impuesta por el TS a la Comisión Electoral Independiente y de Fronteras (CEIF), diseñó una estrategia que al final mostró su efectividad.

El boicot opositor fue casi total por la abstención de los correligionarios y simpatizantes de la NASA, lo cual, junto a la pobre participación de solo 39 por ciento de los 19,6 millones de electores convocados (en agosto fue el 79 por ciento) opacó la imagen de los comicios, aunque la CEIF aseguró que estos fueron ‘libres, limpios y confiables’.

ESTTRATEGIAS OPOSITORAS

Aunque el principal contrincante opositor apareció en la relación de los ocho candidatos, se encargó cuidadosamente de que se ausentaran de las urnas todos sus partidarios, mientras tejía contra el proceso las más sofisticadas diatribas sobre ilegalidad y descrédito político, comprendida la de ‘farsa electoral’.

Esa cruzada anti-elecciones frente a la insistencia de Kenyatta, su gobierno y la CEIF de efectuar con normalidad la consulta, signaron de forma negativa estos últimos tres meses de debate político keniano y quitaron sentido a los posibles titulares de ‘abrumadora’ o ‘total’ respecto a la victoria del presidente, pese a la elevada cifra de votos.

Muchos recordaron ante esas nuevas estadísticas las registradas el 8 de agosto, que privilegiaron al candidato gubernamental con el 54,27 por ciento, contra el 44,74 por ciento para Odinga, y fueron desacreditadas por el Tribunal Supremo, por primera vez en la historia del país y, según estudiosos, en la del continente africano.

Los obstáculos contra las elecciones fueron tales que la votación se extendió a jornadas posteriores y en algunas regiones afines a la oposición ni siquiera hubo votación por motivos de seguridad.

La escalada de tensiones, materializada en choques entre policías y opositores desde la primera fecha de agosto, aumentó el 26 de octubre y se mantiene en la actualidad, con consecuencias que algunos estiman entre 50 y 100 muertos y numerosos heridos.

El ambiente electoral en Kenya de cara a la nueva fecha de comicios del 26 de octubre se complicó ya desde el anuncio el 11 de octubre de una enmienda a la ley electoral que, en ausencia de Odinga, daría de forma automática el triunfo al candidato-presidente.

La reforma aprobada por el Parlamento establecía que ante la retirada de un candidato de una elección presidencial en nueva convocatoria, el otro contendiente más votado en la anterior sería automáticamente declarado ganador.