Europa cierra puertas a la inmigración

0
338

En medio de la preocupación de Europa por blindar cada día más sus fronteras exteriores y endurecer leyes para evitar la ilegal inmigración, este año países como Italia y Malta impidieron reiteradamente el desembarco de indocumentados en sus costas.

Por estos días precisamente autoridades de Roma reiteraron su negativa a que barcos de la Organización No Gubernamental (ONG) alemana Sea Watch, con 33 inmigrantes rescatados en el Mediterráneo central, atraquen en sus puertos.

Italia también prohibió el desembarco en sus instalaciones de más de 300 migrantes a bordo del barco de la ONG Proactiva Open Arms, los cuales se dirigieron el pasado día 25 a costas de España.

Este año, por otro lado, ONG como Médicos Sin Fronteras y Sos Méditerránee denunciaron que al barco de salvamento Aquarius y a otros similares se les impidió atracar en puertos de países del continente, como la propia Italia o Malta.

Tal situación conllevó a que, luego de prolongadas estancias en alta mar a bordo de navíos de socorro de diversas ONG, cientos de inmigrantes tuvieron que ser trasladados a otros apartados destinos, donde viven en campamentos con inadecuadas condiciones de vida.

Finalmente al ‘Aquarius’, el cual desde 2016 impidió que más de 30 mil personas murieran ahogadas, no pudo seguir operando en aguas del Mediterráneo por falta de autorización de gobiernos europeos, que se negaron a concederle una bandera.

Al referirse a esa situación, representantes de dichas ONG denunciaron que tal acción es el resultado de una campaña encabezada por el gobierno italiano y respaldada por otros Estados europeos para deslegitimar, desacreditar y obstaculizar su misión’, lo que contraviene el derecho internacional.

MAS MUERTES EN EL MEDITERRANEO 

Según cifras aportadas por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de dos mil 100 indocumentados, muchos de ellos procedentes del norte de África y de Medio Oriente, murieron este año en las encrespadas aguas del mar Mediterráneo.

No obstante, el número de muertos en la ruta migratoria marina resulta menor que los tres mil 313 decesos registrados por ahogamiento en 2017, apuntó el organismo. Pese a las medidas interpuestas para detener el flujo migratorio, este año más de 107 mil indocumentados atravesaron el Mediterráneo, una cifra menor en comparación con los más de 164 mil arribos registrados por esa vía en 2017, precisó la fuente.

Otras rutas de tránsito descendieron considerablemente en el flujo de migrantes irregulares, lo que, en opinión de analistas, marca una tendencia general decreciente de ese fenómeno en Europa.

Ante el aumento de los controles migratorios en torno al Mediterráneo y millonarios gastos de la Unión Europea (UE) para atajar el movimiento de indocumentados en vías terrestres, en los últimos tiempos se abrió paso, por otro lado, el movimiento de indocumentados desde el norte de África a través del océano Atlántico.

Muchos de los ‘sin papeles’ que perecieron en aguas marinas, sin dudas, pudieron ser salvados, si los países del Viejo Continente hubieran dispuesto más ayudas en medios de socorro para esas personas necesitadas, consideran expertos.

No resulta ocioso recordar que los indocumentados, los cuales con frecuencia caen en manos de redes de tráfico humano, abandonan sus naciones de origen en frágiles embarcaciones, en un intento por escapar de conflictos bélicos o de buscar mejores condiciones de vida, entre otras causas.

FORTALECER FRONTEX 

Al calor de una predominante retórica antiinmigrante, estados comunitarios prosiguen sus esfuerzos para aumentar el control común en fronteras contra la migración, mediante iniciativas como el fortalecimiento de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex).

Ese organismo, sistema de gestión y control fronterizo dedicado al área europea y que cuenta con permiso de la UE para expulsar a indocumentados, además de aumentar su equipamiento militar prevé disponer de unos 10 mil efectivos en el año 2020.

También proyectan como bloque de países la creación fuera de los estados de la UE de las llamadas plataformas de desembarco para inmigrantes.

En tales lugares de internamiento planifican separar a indocumentados que emigraron de sus países de origen por razones económicas de quienes lo hicieron por persecución política, religiosa o violencia.

A los primeros no se les permitirá la permanencia en territorio europeo.

Tras esas disposiciones, gobiernos de estados como Hungría, Austria – actualmente con la presidencia rotatoria de la Unión Europea- y Dinamarca, entre otros, implementan otras restricciones legales y nuevos controles contra los inmigrantes.

En esos territorios y otros como Alemania, partidos políticos controlados por ultranacionalistas grupos de derecha, dotados de un discurso xenófobo y marcadamente antiinmigrante, en los últimos tiempos ganaron votos de electores que los llevaron a relevantes posiciones en parlamentos y gobiernos del continente.

Tales grupos políticos, entre ellos la derechista formación Alternativa para Alemania (AfD), aúpan el tema migratorio, aunque los niveles de inmigración indocumentada se redujeron en Europa luego de la llamada crisis de refugiados desatada en 2015.

A partir de ese momento más de un millón de indocumentados ingresaron a Alemania.

La entrada masiva de personas sin documentos fue favorecida por la política de puertas abiertas impulsada por la canciller federal alemana, Ángela Merkel, quien fue ampliamente criticada en círculos políticos germanos por implementar esa medida.

Para grupos de ultraderecha los inmigrantes constituyen una gran carga económica, que, según ellos, desplazan de sus puestos laborales a los trabajadores nativos, además de subvertir valores nacionales.

Ante esa oleada de injustificadas descalificaciones contra los indocumentados, Naciones Unidas y organizaciones de Derechos Humanos defienden que esas personas contribuyen al desarrollo económico y cultural de la vieja Europa.

Agrupaciones humanitarias arguyen, por otro lado, que Europa, para evitar avalanchas de inmigrantes está llamada a apoyar con recursos y tecnologías el desarrollo de países de África y Medio Oriente, cuyas riquezas otrora fueron saqueadas por las antiguas metrópolis.