El historiador Ibrahima Thioub responde a Karim Wade

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Karim WadeMiércoles 6 de julio de 2011

Señor ministro de Estado, ministro de Cooperación internacional, de Transportes aéreos, de Infraestructuras y Energía. Puesto que su carta va dirigida a todos los senegaleses, me incluyo entre los destinatarios y me permito responderle. Sé que seremos muchos en entregarnos a esta obligación para recordarle algunos hechos concretos cuya omisión priva a su misiva de su anunciada pretensión de ser «un mensaje de actualidad, fraternidad y sinceridad». Le recuerdo en primer lugar que la omisión está emparentada con la mentira.

Su escrito en nada ha demostrado que los ataques de los que es usted blanco sean «profundamente injustos». En lugar de hechos concretos, nos sirve usted profesiones de fe y buenas intenciones que encubren el infierno en el que viven muchos senegaleses debido a la elección de un régimen del que es en gran medida responsable. Quiero en primer lugar indicar que usted entró tarde en el espacio público y que ocupó en él, inmediata y también indebidamente, cargos que su trayectoria política no justifica en modo alguno.

De 1974 al año 2000, hombres y mujeres de su generación lucharon junto al presidente Wade, aunque usted no hizo acto de presencia. Nunca ha aspirado el olor acre de los gases lacrimógenos, defensivos y ofensivos, que han alimentado toda una generación de combatientes por la democracia y la libertad. ¿Le suenan el Parque Mazout, el Triangle Sud (actual sede de la RTS), las idas y venidas con la policía en Niari Talli, la batalla de Thies en 1988, las luchas encarnizadas en el campus de la UCAD?

¡Por supuesto, no! Usted ha esperado al último momento para venir a instalarse cómodamente en el regazo del presidente Wade y pretender trabajar por el desarrollo de su país, que usted había abandonado tranquilamente durante los años de lucha. Tal postura se llama facilidad. ¿Qué fundamenta su legitimidad para ocupar tantas carteras ministeriales? ¿A qué o a quién se lo debe? ¿A sus capacidades técnicas? ¿A sus galones de militante ganados en las calles de Point E o en el corredor de la muerte?

No soy del bando del liberalismo incluso tropicalizado que nacionaliza para robar mejor. No estoy de acuerdo con la orientación política de Modou Diagne Fada, Idrissa Seck, Mbaye Ndiaye, Aminata Tall, Macky Sall, Abdoulaye Faye y Ousmane Ngom. Pero hay que reconocer que han hecho el PDS con su sudor y lágrimas, y angustiados por sus familias durante los años de consolidación del partido. Podría citarle también los que murieron en la guerra antes que ellos, los que hicieron el mayo de 1968, los militantes de la clandestinidad (PAI, LD, AJ, RND, PIT), los sindicalistas del UNTS, el movimiento estudiantil, por nombrar sólo algunos.

Señor ministro de Estado, toda persona honesta reconocerá, aunque no comparta la opinión de ellos, que el recorrido político de los hombres y mujeres que conquistaron la democracia que dio origen al PDS como fruto de sus luchas encarnizadas nada tiene que ver con el suyo. Con un espíritu de continuación destacado, en su ausencia, jóvenes de su generación tomaron el testigo y produjeron el marzo de 2000. No se entiende cómo un gran ausente de esos años ha podido acabar en el centro de la escena con la pretensión de ser uno de los jefes de orquesta. A eso se llama Picc beyul di mboolu ! («Ausente durante el cultivo, el gorrión llega en la cosecha.»). ¿Debo creer que es usted el único senegalés que desconoce a qué y a quién debe su fulgurante ascensión política? Probablemente es el único también que no la interpreta como una voluntad de «transmisión monárquica del poder». Los senegaleses no se equivocan al respecto. No es su carta, por más patética que sea, la que podrá convencerles de lo contrario sino actos concretos del demiurgo de este guion sin envergadura histórica.

Sí, señor ministro, el presidente Wade nunca ha dicho y nunca dirá que tiene un proyecto de «transmisión monárquica del poder». Sin ánimo de juzgarle, sabemos por experiencia que en cualquier otra parte donde esto se ha llevado a cabo, se han tomado las medidas necesarias para su realización y nadie se había equivocado salvo los que tienen mala fe. A veces no es necesario decir ¡que los actos hablan por sí solos!

Me conformo con parodiarle para hacerle comprender lo que le sucede. Nunca en la historia de Senegal un hombre habrá hecho una ascensión política tan fulgurante en un partido en el poder con, como única y sola referencia política, su elección como consejero municipal en un escrutinio perdido por su coalición. Sólo en las repúblicas bananeras se ven tales situaciones. En las «Repúblicas no malogradas», cuando un responsable político pierde las elecciones locales, asume las consecuencias.

Ahora bien, en esta ocasión usted ha sido el único senegalés que no ha considerado las elecciones como una plataforma de lanzamiento para un proyecto oculto. Es el motivo por el que Pape Diop, con toda la razón, estaba sin duda resentido contra usted por querer hacerle perder la alcaldía de Dakar. Fue usted el derrotado. Pero sobre todo fue el fuerte mensaje que el elector senegalés quería dar al poder sobre su interpretación de esta candidatura hacia la cima que ocultaba mal el proyecto monárquico.

Debido a su candidatura y a la implicación del presidente de la República, el escrutinio de 2009 se convirtió en un referéndum. Los resultados fueron una verdadera debacle para su bando. Sin embargo, usted no ha extraído las consecuencias republicanas. Algunas semanas después de esta paliza electoral, en lugar de un babero, el presidente le cortó un enorme traje ministerial que sobrepasa con mucho sus hombros. Usted es uno de los pocos senegaleses que no ve en ello el empujoncito adicional, e igualmente inaceptable, para subirle a la cima. Tras esta derrota electoral, no hubiera debido ser ni secretario de Estado. Al parecer ignora por qué se ha convertido en «ministro de Estado, ministro de Cooperación internacional, de Transportes aéreos, de Infraestructuras y Energía». Es al presidente de la República a quien hubiera debido de dirigir una cara abierta para que él le explique políticamente las razones de su fulgurante ascensión.

Tiene que mentalizarse de que los ataques de los que es usted objeto están a la altura de la injusticia de situarle, más allá de sus méritos personales y del funcionamiento normal de un Estado republicano, en puestos que sólo debe a su relación filial con el presidente. No es odio lo que sentimos por usted, es amor por nuestra patria y nuestro sentido de la justicia y de la equidad. En el PDS y en el aparato del Estado, se intenta dejarle el terreno libre y se acaba uno tras otro con sus adversarios con una distribución injusta de armas. El PDS y sus militantes son libres de aceptar la decisión de la constante puesto que han aceptado ser las variables.

Pero los ciudadanos que somos tenemos como legado la República, con los mismos derechos. No le dejaremos actuar como si se tratara de un patrimonio privado. No es odio, le vuelvo a repetir, señor ministro, es el combate que el presidente Wade sostuvo, durante un cuarto de siglo, contra viento y marea. Y cuando alcanzó la cumbre, África y el mundo aclamaron su victoria. Una lástima para él, que recicló a los codiciosos que habían arruinado el crédito de Abdou Diouf, según la opinión senegalesa. Las mismas causas producen los mismos efectos, él ha decepcionado las expectativas de sus conciudadanos.

Sí, señor ministro, la República no es un bien que se hereda por los servicios prestados por nuestros padres. Los senegaleses sienten pasión por el mérito y odian los privilegios, la apatía y las prebendas, pero no a los individuos. Combatieron esas taras bajo la colonización y con Senghor. Tras su paso por la Asamblea Nacional francesa, Adbou Diouf había utilizado sin razón el término odio para referirse a la oposición dirigida entonces por el actual presidente de la República. Él tampoco comprendía que los senegaleses estaban cansados de ser el punto de mira en un momento en que algunos de sus colaboradores, hoy en vuestro bando, lo adulaban a él y se dirigían a los senegaleses con altivez, presunción y arrogancia. ¡La cuchilla cayó el 19 de marzo de 2000! Bu geen defe la geen defoon nu defati lanu defoon ! («Si continuáis actuando a vuestra manera, os daremos la misma respuesta.»).

Señor ministro, tiene usted razón, veo carreteras y puentes, muy a menudo sobre vías que ya existían y que usted ha tenido el mérito de ensanchar o prolongar; más colegios, institutos y universidades, sin embargo con menos educación. También veo inundaciones, cortes de electricidad, malversaciones de millones, el saqueo de los recursos territoriales y la charanga poco refinada de una clase de nuevos ricos. Veo jóvenes con titulación que callejean para vender cosas sin valor y que se embarcan a millares en cayucos y se ahogan en el Atlántico. Esto me recuerda algunas páginas macabras de nuestra historia.

Cuando éstas se repiten significa que no hemos aprendido la lección. Había escuchado decir en el 2000 que África necesita más a estos jóvenes que los millones del extranjero. Continúo subscribiendo esa afirmación. La colonización nos dejó colegios, universidades, carreteras, ferrocarriles, puentes. Y qué sé yo qué más. Este legado no le da ninguna legitimidad, y ha sido enérgicamente combatida en todas partes en África, a veces con las armas en la mano. Lo que perdimos con ese régimen no vale lo que ganamos, por responder a la pregunta de los diallobés (sobre el conflictivo encuentro entre África y Occidente).

Señor ministro, se queja usted de que ha sido condenado sin ser escuchado, y pide el derecho a la presunción de inocencia, lo que sus detractores no tendrán en cuenta. ¿Está usted realmente preparado para ser escuchado? Al parecer no. Uno de los suyos ha intentado tomarle la palabra antes de tiempo. En mala hora lo hizo. Le costó la cabeza política. Claro que usted no tiene la culpa pues ku am kuddu du lak («no hay que afligirse cuando se tienen sirvientes»). Hoy en día se bate en duelo contra su régimen aunque estaba ahí cuando usted se encontraba lejos del país y de sus problemas.

Nunca en la historia de Senegal un hombre público sin pasado político habrá ocupado simultánea e indebidamente tantas carteras ministeriales. Mientras que usted era una persona anónima, entre Londres y París, nadie le había atacado. Pero, por lo que yo sé, usted no era el ministro de Asuntos Exteriores de Senegal cuando fue a mostrarse públicamente durante la cumbre del G20. ¿O era entonces el titular del puesto en Deauville? Analice pues sus prácticas antes de acusar a los senegaleses.

Pida más bien perdón a los senegaleses y agradézcales el que hayan tolerado tantos extravíos e indecencias en la República. El supuesto proyecto de transmisión del poder de «padre a hijo» no lo explica todo, pero permite comprender muchas acciones planteadas por el poder senegalés: la tentativa oculta pero fracasada de convertirle en alcalde de Dakar, el número inexplicable de ministerios confiados a un solo individuo, la caída de figuras del régimen que sólo pedían un trato equitativo. Son tales acciones, lejos de los rumores, las que hacen prosperar esta idea descabellada respecto a la historia.

Usted es uno de los pocos senegaleses que dudan de la puesta en práctica sistemática de un plan desde hace años. Por lo demás, el proyecto ya no tiene futuro. ¿Quién en este país posee tanto poder como usted? ¿En concepto de qué? Si su ministerio empleara en SENELEC tanta energía como la movilizada por el poder para hacer pasar su plan a la opinión, los cortes de luz (nuestro pan de cada día por ahora) serían considerados desde hace mucho tiempo como malos recuerdos, después de haber causado tantos daños y pérdidas a nuestros ciudadanos.

Algunos periodistas tienen mucho aguante. Es el propio presidente el que ha encendido el fuego que desprende un humo que ha oscurecido el horizonte de su régimen, ha eliminado mandos políticos experimentados y ha anestesiado sus capacidades de acción. Incluso si me cabe la duda respecto al contenido de su carta, espero que el 23 de junio de 2011 haya conseguido lo que marzo de 2009 no logró alcanzar: abrirle los ojos. Predica usted en el desierto, no hay ninguna necesidad de enseñar a los senegaleses, que desde hace mucho aprendieron las lecciones de la experiencia del artículo 35 de Senghor. Ellos saben a ciencia cierta que oponerse a todo proyecto de transmisión del poder que no sea democrático significa defender nuestra larga herencia republicana y democrática, ganada al elevado precio de la sangre, sudor y lágrimas, para defender la esperanza de un Senegal democrático.

Señor ministro, la gran confusión que los senegaleses quisieran ver desaparecer del espacio público es la que disuelve el Estado en la familia. La insoportable intoxicación a la que se debe poner fin es la que destila en pequeñas dosis, en los medios de comunicación del Estado convertidos en patrimonio familiar, la idea de que hay un senegalés que por nacimiento está por encima de sus conciudadanos. Una generación de combatientes llevó a Abdoulaye Wade al poder, la misma vencerá a la de los aprovechados uniéndose a la más joven, ¡que está completamente harta!

Millones de senegaleses le piden menos de todo lo que usted promete, sólo energía eléctrica. Es triste que, cincuenta años después de las independencias, las mayores preocupaciones del «conjunto de responsables de este país» se detengan en una cuestión del siglo XIX: «el suministro regular y suficiente de electricidad en los hogares y las empresas».

En lugar de centrarse en las consecuencias, sería mejor que se concentre en las causas de las «escenas de pillaje, de actos de vandalismo y de profanación de lugares de culto». Ocúpese de los que tienen por principal actividad el saqueo diario de los bienes que tenemos como legado. Ése es el origen de los rencores, de la violencia relativamente menor con respecto a la perpetrada por los pobres desempleados del año 2000 que repentinamente se han convertido en multimillonarios.

Dé una vuelta por CICES, por la Cornisa, por Mbane y verá ejemplos instructivos de la rapacidad de los suyos sobre los bienes colectivos. Amar nuestro querido Senegal significa prohibirse, sin populismo, circular en jet privado cuando gran parte de nuestro pueblo continúa utilizando medios de transporte del neolítico. Señor ministro de Estado, le hemos dado todo e incluso demasiado, y usted nos pide el resto. Kajoor ken dufa jël peb jël pefet ! («En Kayor está prohibido tomar lo debido y lo indebido.»). Su bando ha sido sordo y ciego al mensaje de 2009. El pueblo le ha hecho un recordatorio el 23 y el 27 de junio de 2011. Ha llegado el momento de comprender antes del gran examen de febrero de 2012.

Patrióticamente suyo.

Ibrahima Thioub

Fuente: Dakaractu

Traducción: Laura Remei Martínez-Buitrago