Costa de Marfil: Sumario de otra sublevación

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La segunda sublevación de este año de exrebeldes marfileños integrados al Ejército, concluyó con más de 20 heridos civiles y otra promesa gubernamental de abonar la deuda pendiente desde 2011.

En una evidente prueba de presión los militares -que antes fueron renegados y luego de 2010 acogidos en las fuerzas armadas- escenificaron la sublevación, principalmente en la estratégica ciudad de Bouake, la más poblada después de Abiyán, la capital económica, hasta donde también llegó la algarabía.

Durante algo más de una semana, a mediados de mayo, Costa de Marfil, el mayor productor de cacao del mundo, se adueñó de la atención mediática, cuando se amotinaron ex rebeldes-miembros de las Fuerzas Nuevas (FN), aquellos de quienes se dice intentaron un golpe de Estado contra el entonces presidente Laurent Gbagbo, en 2002.

Las avenidas de Bouaké, la ciudad más importante después de Yamosoukro, la capital, y de Abiyán, volvieron a ser escenario de una sublevación de exsoldados que reclamaron el pago de débitos del año 2011, cuando combatieron para desalojar a Gbagbo de la jefatura de Estado, lo cual lograron con apoyo francés.

Durante casi una semana el ambiente estuvo caldeado allí, pero paradójicamente no por los antiguos combatientes, sino por la población civil que se lanzó a la arena pública a demostrar su rechazo con las reclamaciones de los exmilitares, que una vez más vez emplearon esa forma de presión para que las autoridades cedieran.

Es decir, que los acontecimientos de Costa de Marfil sobrepasan la ecuación no resuelta entre ‘los malos’, pues aunque parezca una inconsecuencia, lo cierto es que no hay espacio para la confusión si se entiende que el motín militar fue un claro asunto de dinero sin muchas implicaciones intelectuales.

Pero todo encaja en esta historia…

LA HERENCIA DE GUEI

Esta forma de presionar al aparato estatal -es decir mediante conatos castrenses- adquirió una forma clara en Costa de Marfil a partir de 1999, cuando el entonces jefe del Ejército, general Robert Guei, logró un exitoso golpe de Estado, tras haber fracasado en un intento anterior.

Las condiciones políticas marfileñas de esa época posibilitaron el ascenso de Guei de golpista a presidente y fue quien asumió la transición hasta la organización de las elecciones de octubre del 2000, previa modificación de la Constitución por referendo, con el 86 por ciento de la aprobación electoral.

Sin embargo, Guei se olvidó de todas sus promesas de estabilizar al país, de reconciliar a la población, y de organizar elecciones libres y transparentes que devolvieran el poder a los civiles y, así, en los comicios presidenciales del 2000 se impone el historiador Laurent Gbagbo.

‘En un intento desesperado de mantenerse en el poder por la fuerza de las armas, Guéi lleva el país al borde de la guerra civil. Afortunadamente, es forzado a retirarse a su pueblo en el oeste del país, con unos incondicionales fuertemente armados’, apuntó una crónica de la época. El general murió al poco tiempo en circunstancias confusas.

Dos años después, el gobierno de Laurent Gbagbo enfrentó una revuelta militar que devino división del país en dos, una parte ocupada por los sublevados, agrupados en las Fuerzas Nuevas, en el norte, mientras que el sur lo controlaron las tropas gubernamentales y las francesas situadas en el medio.

Así se llegó a las elecciones presidenciales de 2010 en las que se enfrentaron el presidente saliente y jefe del Frente Popular de Costa de Marfil (FPCI), Laurent Gbagbo, con el cabeza de la Unión de los Republicanos (RdR) y exprimer ministro de Houphouet Boigny en los años 90, Alassane Dramane Ouattara.

Tras los comicios, cuyos resultados ninguno de los candidatos aceptó, se desató la crisis: las FN, los partidarios de la RdR y mercenarios, por una parte; y entre los rivales, la guardia Nacional y las milicias del FPCI. La disputa la decidieron las tropas francesas asociadas a la ONU, a favor de Alassane Ouattara.

Sin embargo, las promesas de pago hechas a los vencedores -los exmilitares rebeldes y otros-, luego de finalizar la crisis no se cumplieron y en varias oportunidades demandaron su pago desde el primer período de Ouattara, y en este segundo tiempo ocurre lo mismo.

DÉBITOS

A los soldados, la mayoría de ellos exrebeldes, se les dio 19 mil 875 dólares en bonificaciones del gobierno por respaldar en 2011 a Ouattara, tras su rival en las elecciones, el expresidente Laurent Gbagbo, rechazar su derrota electoral, y desatarse la crisis postelectoral.

En enero de 2017, los excombatientes ya integrados a las fuerzas armadas se amotinaron. Enarbolaban peticiones salariales y varios grupos se sublevaron en tres ciudades del país para exigir también mejoras en los sueldos, y durante esas protestas ocuparon varias localidades y controlaron Bouaké.

Es de destacar que en aquella ocasión esos efectivos aprehendieron al ministro de Defensa, a quien después liberaron, lo cual indicó de lo que eran capaces.

El más reciente conato castrense se desató a mediados de mayo y entre manifestaciones, disputas callejeras, escuelas y negocios cerrados, sobresalía la petición de bonos por valor de cinco millones de francos CFA (ocho mil 450 dólares) cada uno, más una casa, evidentemente demandas más sólidas que las anteriores.

Lo más contradictorio en escenario es que se organizaron manifestaciones callejeras para mostrar el desacuerdo con el malestar y el comportamiento de los militares, que analistas dicen que se convirtió en una actitud común en ese país desde un golpe de Estado del 24 de diciembre de 1999, dado por el general Robert Guei.

En resumen, la reciente algarabía castrense marfileña causó más de una veintena de heridos, pero al final las aguas tomaron su nivel y los amotinados acogieron como bueno pactar, luego de hacer presión para obtener emolumentos que sobrepasaran la media salarial y saldar la vieja deuda.

A la larga, los jefes de la sublevación militar aceptaron una propuesta del gobierno sobre pagos de beneficios, y consintieron en regresar a los cuarteles y finalizar la revuelta, según manifestaron a la prensa en la ciudad de Bouake dos portavoces de los sublevados.

Esas fuentes dijeron que el acuerdo incluía un pago inmediato de cinco millones de francos CFA (ocho mil 400 dólares) para los amotinados y un desembolso adicional de dos millones de francos CFA (poco más de dos mil dólares) a finales del mes de junio.

La situación en el primer productor de cacao del mundo llegó a preocupar a la ONU, cuyo secretario general, Antonio Guterres, acogió de buena gana el arreglo al que llegaron las partes, lo que identificó como ‘el retorno a la calma’ y felicitó al gobierno de Ouattara, por sus esfuerzos para enfrentar los disturbios y restaurar la seguridad.