Comicios, prueba de fuego para el próximo Poder Ejecutivo liberiano

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Por Moisés Saab
Los comicios generales liberianos programados para el próximo 10 de octubre son una prueba de fuego para ese pequeño y atormentado país del occidente africano sobre el cual podría decirse que las tragedias son cíclicas.
De la consulta debe salir el nuevo presidente después de dos mandatos transcurridos en relativa calma de la actual gobernante, Ellen Johnson Sirleaf, quien ha sido clara en su advertencia de que los liberianos deben mirar al futuro pues la guerra civil, que en realidad fueron dos, atrasó al país por lo menos 30 años.

Esa distancia en el tiempo es como retrotraer un estado de la época del feudalismo a los límites de la edad de piedra, dadas las condiciones prevalecientes en ese país del oeste africano, escenario de matanzas y de un tráfico ilícito que le ganó una negativa publicidad: los diamantes de sangre y el reclutamiento de menores como soldados.

Fundado sobre un concepto racista del presidente de Estados Unidos James Monroe en el siglo XIX, el retorno a África de los esclavos, a reserva de su nacionalidad o etnia, sirvió para crear una élite que se adueñó del país durante más de un siglo y encontró su apoteosis en el gobierno dictatorial de William Tolbert, derrocado en 1980 por el sargento Samuel Doe, quien se autoproclamó mandatario. La gestión del suboficial, el primer liberiano no descendiente de los trasplantados por Monroe que desempeñaba el cargo, resultó funesta para el país.

Sediento de poder y privilegios, Doe reeditó los métodos de su antecesor y provocó con su gestión el estallido de la primera guerra civil, que se extendió entre 1989 y 1994.

En 1999 de nuevo el empobrecido país cayó en una espiral incontenible de violencia que se extendió un lustro con el consiguiente derramamiento de sangre: según estimados en ambos conflictos murieron 200 mil civiles no beligerantes y más de un millón de personas pasaron al triste y desesperanzador papel de refugiados.

Esas cicatrices aún están presentes en el imaginario liberiano, lo que explica la advertencia implícita de las declaraciones de la mandataria saliente Ellen Johnson Sirleaf cuando señaló: la guerra civil atrasó a nuestro país tres décadas; no podemos volver al conflicto.

Los liberianos tienen la obligación de mantener y consolidar la paz de la que han disfrutado en la última década porque es en su interés, declaró la mandataria, de 78 años.

Y agregó fueron necesarias grandes cantidades de administración, tolerancia, compromisos y todos los factores de que está hecha la paz…

Asimismo se dijo feliz de completar su mandato a fines del año en curso, durante el cual desempeñó un papel clave en la restauración del país en la senda de la democracia y el desarrollo.

Esa relativa paz, que en modo alguno implica que el país haya resuelto los graves problemas estructurales que arrastra, estará a prueba en los comicios generales señalados para el próximo 10 de octubre y en los cuales competirán 22 aspirantes a sentarse en el sillón presidencial.

Esa plétora de candidatos es engañosa, pues no todos tienen las mismas posibilidades, como demostró que solo seis hayan sido escogidos para participar en el primer debate público para exponer sus respectivas plataformas de gobierno, realizado el pasado 17 de agosto a partir de una encuesta de opinión pública por la Coalición de Profundización Democrática, de cinco medios de difusión.

Sin embargo, a la confrontación, realizada en una sala de reuniones en las afueras de Monrovia, la capital, asistieron solo cuatro candidatos: el vicepresidente Joseph Boakai, del Partido de la Unidad; Charles Brumskine, del Partido de la Libertad; Alexander Cummings, quien lidera el Congreso Nacional Alternativo, y Benoni Urey, del Partido de Toda Liberia.

El hecho de que George Weah, de la Coalición para el Cambio Democrático, y el ex gobernador del Banco Central de Liberia, J. Mills Jones, cabeza del Movimiento para el Empoderamiento Económico se abstuvieran de participar en el careo, no implica que carezcan de posibilidades, en particular el primero, un popular ex jugador de fútbol, el deporte nacional en el país.

En esencia las propuestas de los candidatos están basadas en los candentes temas del mejoramiento de la situación económica, el empoderamiento de la juventud, un sector importante en la votación, y el auge de las obras públicas para la creación de fuentes de trabajo para paliar la crisis del desempleo y reanimar la economía, cuya principal fuente de ingreso es el alquiler de su bandera a barcos mercantes.

Es de notar que todas las propuestas están fundamentadas en la preservación del statu quo prevaleciente, el mismo que detonó los mortíferos conflictos, sin abordar el control casi monopólico que ejercen la transnacional estadounidense Firestone, explotadora del caucho, y los bancos de esa misma nacionalidad.

La prueba de fuego de la mandataria saliente fue conservar la precaria paz lograda hace una década; la de quien ejerza el Poder Ejecutivo después de los comicios es mantener esa estabilidad en un país donde el 68 por ciento de la población vive en la pobreza más abyecta.