Camerún y el estigma de la violencia

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Por Julio Morejón

Tras las elecciones de octubre pasado, ganadas por el presidente, Paul Biya, se esperó una reducción general de las tensiones en Camerún, donde la violencia y los intereses separatistas hicieron estragos significativos.

El logro de paz y convivencia permanece varado más allá del horizonte, mientras que el terror ganó espacio; desde principios de febrero, cuatro personas perecieron en Buea y a una de las víctimas la decapitaron las facciones separatistas, que constantemente amenazan con ejecutar más operaciones.

‘Los atacantes mataron a cuatro personas e incendiaron el hospital’, afirmó un funcionario administrativo en la región al confirmar la declaración de un testigo, quien por su parte no descartó una relación entre el asalto y los insurgentes que se pronuncian por la separación o más autonomía de las zonas anglófonas. El hecho fue significativo, pues ocurrió en el aniversario del referendo de 1961, en el cual las áreas angloparlantes del oeste de Camerún se unieron a las francófonas que acababan de obtener la independencia de Francia y del Reino Unido.

Según fuentes de prensa, durante los últimos 16 meses, hubo frecuentes combates entre tropas y destacamentos secesionistas que asediaron estaciones de policía, escuelas y realizaron secuestros masivos.

Se trata de grupos armados que pretenden obtener el reconocimiento oficial de la denominada República de la Ambazonia.

Con ese objetivo, entre otros, asumieron una conducta radical desde 2016 y la continúan aplicando, basada en un supuesto ideal de procurar avances en el plano socioeconómico hacia mejores condiciones de vida, a la vez que acusan al gobierno de Biya de marginar a las regiones anglófonas en favor de las francófonas.

Lo anterior es una reclamación situada en la base de lo que esas dos comunidades consideran es el Estado-Nación o su construcción, lo cual genera las contradicciones que afloran hoy y la persistencia del componente bélico en su relación en ese país, donde dos idiomas se superponen a la existencia de más de 230 grupos lingüísticos.

Tales criterios divergentes en una población de más de una veintena de millones de habitantes, parte de una historia asentada en la colonización germana desde 1884 y la cual cambio en la segunda década del Siglo XX, cuando las potencias europeas se enfrentaron en la Primera Guerra Mundial.

COLONIZACIÃ’N Y POSTGUERRA 

La división de Camerún se realizó a finales de aquella contienda bélica, cuando Alemania perdió sus colonias y se ejecutó en obediencia al Tratado de Versalles (en vigor desde 1920). Los otros territorios repartidos entre los vencedores fueron además África Sudoccidental -después Namibia-, Ruanda, Burundi, Togo y Tanzania.

No obstante, ya en 1919 Camerún quedó bajo el mandato de la Sociedad de Naciones y ese territorio africano se dividió en dos, uno con jurisdicción francesa y el otro británica, lo que abonó la semilla del separatismo y ahondó las diferencias entre las dos partes antes de la independencia.

En1960 el país obtuvo la independencia y un año después el sur anglófono se reunificó con las comunidades francófonas para formar la República de Camerún, pero el norte de habla inglesa optó en cambio por unirse a la vecina Nigeria.

Las disconformidades aumentaron cuando en la década de 1970 se descubre yacimientos de petróleo.

Para analistas políticos, hasta entonces los nexos entre comunidades no aparentaban que Camerún, rico en hidrocarburo y con amplio potencial agrícola, se precipitara hacia una crisis que impactara a fondo la estabilidad de su integridad física en tanto que unidad territorial.

Los disturbios comenzaron a fines de 2016 con protestas pacíficas de maestros y abogados contra el predominio del idioma francés en escuelas y tribunales de las áreas de habla inglesa y se transformó en un conflicto que cobró más de un centenar de vidas, así como destruyó escuelas y granjas.

La experta Pauline Bax recuerda en Bloomberg News, que en aquella época fueron bloqueadas las principales carreteras, detalle importante en un Estado mediterráneo con costa en el Golfo de Guinea muy dependiente de la comercialización de sus productos en la región de África occidental.

En aquellas jornadas los separatistas asumieron los contenidos de las protestas y comenzaron a exigir la independencia de las regiones angloparlantes de las francófonas en un país oficialmente bilingüe.

Esas demostraciones públicas las reprimieron las fuerzas policiales, a las cuales acusaban de emplear violencia excesiva contra los opositores.

El conflicto cobró fuerza en 2017 y desde entonces se calcula que más de 400 personas murieron por la violencia, tanto integrantes de las fuerzas de seguridad como de los separatistas en las regiones anglófonas del noroeste y suroeste de Camerún, en más de 260 incidentes, incluidos ataques, secuestros y asesinatos.

Conforme con datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el conflicto perecieron hasta el 2017 más de 130 policías y militares, y la violencia causó miles de desplazados.

Los estimados de víctimas difundidos por la prensa ofrecen cifras inexactas debido a que citan reportes militares y de los rebeldes, sin la evaluación de fuentes independientes en las zonas consideradas escenarios del conflicto, de ahí que las referencias más creíbles provengan de Naciones Unidas y su aparato administrativo.

Según los registros de la ONU actualizados en 2018, unas 437 mil personas abandonaron sus hogares y otras 32 mil huyeron hacia Nigeria a través de la frontera como consecuencia del conflicto camerunés.