Burundi: La pretensión de un presidente que puede devorar al país

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BujumburaCual encadenamiento político e histórico entre guerras, golpes de Estado y crisis, la reedición de antiquísimas pugnas étnicas sobrevuela Burundi, sin embargo los conflictos que ahora enfrenta se apartan, por lo visto, del componente racial.

La porfiada aspiración del presidente Pierre Nkurunziza de buscar un tercer mandato es rechazada por numerosos partidarios (etnia hutu), opositores, líderes religiosos y miembros de la sociedad civil en sentido general.

Un día después (26 de abril) que el Consejo Nacional de Defensa de la Democracia-Fuerzas de Defensa de la Democracia (CNDD-FDC partido de gobierno) anunciara que el gobernante volvería a presentarse a elecciones, se desató una ola de violentas protestas.

Diferentes organizaciones internacionales aseguran que por los enfrentamientos en las calles de Bujumbura se registraron, desde finales de abril hasta el momento, entre 30 y 40 muertes, y más de 460 personas heridas.

Por lo difícil que resultó contabilizar en el terreno, los reportes en cifras pueden variar indistintamente.

Más allá de guarismos, analistas aseguran que nadie en esa nación africana resulta ajeno a la pretensión del mandatario de aferrarse al poder, pues tanto hutus como tutsis (cualquier edad, sexo y género), se enrolaron en manifestaciones contra su ambición.

Los inconformes recurrieron a los acuerdos de paz de Arusha y el respeto a la Constitución, que en su artículo 96 indica: “el presidente de la República es elegido por sufragio universal directo para un mandato de cinco años renovable una vez”.

A pesar del apartado, el CNDD-FDC argumenta que el jefe de Estado sí tiene derecho a otro periodo, pues en el último no fue elegido por el pueblo, sino por la Asamblea Nacional.

Bajo enraizada polémica, la Corte Constitucional certificó la candidatura de Nkurunziza para las presidenciales, previstas en un inicio para finales de junio y anunciadas recientemente para el 15 de julio.

Detractores del presidente radicalizaron entonces las protestas y la policía respondió con gases lacrimógenos y torrentes de agua. Testigos aseguraron que en ocasiones hubo disparos reales de agentes del orden y del Ejército contra las multitudes.

En medio de la incertidumbre, el exjefe de los servicios secretos, general Godefroid Nyombare, anunció el 13 de mayo la destitución de Nkurunziza, mientras éste permanecía en Dar es Salam, Tanzania, en un foro de la Comunidad de África Oriental.

Precisó que se instaló “un comité temporal para restablecer la concordia nacional y con la misión, entre otras, de restablecer la unidad del país”, así como “la recuperación del proceso electoral en un clima sereno y equitativo”.

Ante tales aseveraciones, el Gobierno calificó de fallida la tentativa golpista y aseguró que la situación se encontraba bajo control.

Nyombare fue sustituido en febrero pasado al aconsejarle al Presidente que renunciara a un tercer mandato.

CENSURA

Ante la grave crisis política y posibles consecuencias, la presión internacional se hizo notar y las autoridades burundianas cerraron medios periodísticos privados y cortaron las redes sociales.

La comunidad virtual Global Voices denunció entonces que Bujumbura bloqueó las plataformas de mensajería digital WhatsApp y Viber, al menos por las principales empresas de telecomunicaciones del país.

Global Voices se preguntó: ¿por qué un país con solo unos 200 mil usuarios de Internet se molesta en censurar plataformas de mensajería como Viber y WhatsApp?

Respondió que la clave es el uso que se le da a la plataforma: ambas posibilitaban a los manifestantes comunicarse de manera rápida y privada.

Mientras Twitter y Blackberry Messenger gozaron de popularidad durante los sucesos de 2011 en Egipto, los burundianos, en cambio, han elegido aplicaciones de mensajería populares, pero cerradas, denunció la comunidad de más de 500 bloggers y traductores de todo el mundo.

Recordó que en 2013 se implementó una ley de medios con cláusulas restrictivas, la cual está siendo cuestionada legalmente por el sindicato de periodistas de Burundi y la organización Media Legal Defence Initiative.

En todo momento el Gobierno rechaza los duros cuestionamientos que aparecen en la comunidad internacional por la aspiración de Nkurunziza.

“Burundi está preocupado por las actuales diligencias diplomáticas que tienden a minar y vilipendiar las instituciones y la Constitución republicanas del país”, dijo el portavoz gubernamental, Philippe Nzoboariba.

Insistió en que los asuntos relacionados con la soberanía, la constitución y la preponderancia de la ley no deben discutirse.

Nzoboariba aseguró que el Ejecutivo lamenta el hecho de que algunos enviados especiales de organizaciones internacionales y medios periodísticos llegaron a Bujumbura con opiniones prejuzgadas.

Para analistas, el clima de irresolución que ahora se cierne sobre ese país preocupa a defensores de los derechos humanos.

En una evaluación del 15 de mayo, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) denunció que más de 100 mil ciudadanos han huido de Burundi desde que comenzaron las protestas.

Algunos de los refugiados relatan que sufren amenazas por parte de milicias y que se marcan en rojo las casas de las personas que se convierten en su objetivo.

PEDIDOS Y ELECCIONES

Tras recomendaciones de los líderes africanos asistentes a la Cumbre de Tanzania, el Gobierno cedió y confirmó que las elecciones legislativas y regionales de Burundi serán realizadas el próximo día 29 y las presidenciales el 15 de julio.

Previstas para el 26 de mayo, las parlamentarias fueron postergadas inicialmente para el 5 de junio, sin embargo después quedaron sin fecha por la crisis política que la nación enfrenta por la importunada intención de Nkurunziza.

Burundi también dominó como tema una reciente cumbre de la Unión Africana (UA) en la ciudad sudafricana de Johannesburgo y se acordó enviar una misión de observación de 50 personas al país del centro de África para supervisar sus comicios.

El embajador Smail Chergui, comisionado de la UA para la paz y la seguridad, dijo que esa delegación asegurará que las justas sean libres y justas.

“Hemos exhortado a todas las partes en Burundi a acoger el diálogo con el fin de resolver de forma amigable el estancamiento político”, señaló Chergui.

Opositores al tercer mandato de Nkurunziza aceptaron una pausa en las manifestaciones y comenzaron a negociar con las autoridades.

La historia política de Burundi figura marcada por una violencia étnica recurrente y una infausta vida institucional de golpes de Estado, en el que el discurso de identidad racial constituye poderosa arma de movilización política. El futuro de ese país de los Grandes Lagos resulta incierto.