Apuntes de unas elecciones congoleñas inauditas

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Lo inaudito compite con los numerosos aplazamientos que vivió la República Democrática del Congo para conocer mediante elecciones al reemplazo del presidente Joseph Kabila, próximo a cumplir 18 años en el poder.

En lo alto de la cresta se encuentra el hecho de que los comicios fueron ganados por el opositor Felix Tshisekedi y otro de la línea opositora (Martin Fayulu) se opuso a los resultados provisionales divulgados por la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI), tras varias jornadas de retraso en relación con el calendario.

Tshisekedi consiguió el sillón presidencial en su primer intento, pues vivió a la sombra de su padre Etienne, al que en más de 40 años le estuvo vedado ese puesto.

En definitiva, el ganador por la coalición Rumbo al Cambio es el líder del mayor partido de oposición: la Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS), que fundó Etienne en 1982 para oponerse a Mobuto Sese Seko y a los Kabila, padre e hijo.

Fayulu, por su parte, se creyó ganador -como los otros dos contendientes de peso (incluido el oficialista Emmanuel Shadary)- y rechazó el conteo adverso como si enfrentara al candidato gubernamental impuesto por encima de las urnas gracias a la trampa.

En otro arrebato, tal vez de sin sentido, Fayulu pidió a la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (Cenco) que divulgara su conteo, para demostrar que había ganado.

Sin embargo, no es a la Cenco a donde se debe dirigir el presidenciable por la coalición Lamuka (que en lengua nacional lingala significa despierta). Existe un recurso ante la Corte Constitucional.

La confusión, en la que torpe o interesadamente se introdujo la diplomacia francesa, se dio porque hace una semana la Cenco aseguró que conocía al ganador gracias al conteo paralelo de sus 40 mil observadores.

Tal número le hubiera permitido tener al menos un representante en cada uno de los colegios electorales dispuestos en las 26 provincias del país, pero lo cierto es que la CENI solo le otorgó 18 mil credenciales.

O mintió sobre el número de observadores o algunos utilizaron identificaciones falsas, una de las tantas irregularidades detectadas durante la cuarta justa en el país con fronteras con otras nueve naciones africanas. La Cenco eligió guardar silencio.

De hecho, esa actitud ha sido perturbada por los insistentes pedidos de Fayulu para que divulgue los datos que le daban la victoria.

Si los obispos católicos, independiente de su poder aquí, acceden a divulgar esos resultados (en caso de que los tengan) violarían la ley electoral que solo le otorga poderes de árbitro a la CENI.

De los europeos, Francia y Bélgica expresaron preocupaciones por el resultado. Los primeros llegaron a manifestar a través de su canciller Jean-Yves Le Drian que esperaban el triunfo de Fayulu.

El vocero gubernamental Lambert Mende calificó las declaraciones de injerencistas y colonialistas y otro ministro le recomendó a París preocuparse por la crisis con las protestas de los chalecos amarillos.

África, a través de la Unión Africana (UA), hizo un tímido llamado a preservar la paz y resolver las diferencias a través del diálogo y de los canales establecidos. Ni una palabra para rechazar la intromisión europea en un país miembro de la organización.

Fue un mensaje que reflejó la indiferencia de la UA con el proceso, ni siquiera una felicitación para el triunfador.

El resto de los gobiernos africanos (a excepción de Sudáfrica) que durante meses solicitaron a Kabila organizar elecciones para que los congoleños escogieran a su sucesor, no se pronunciaron todavía pasada más de una jornada de la divulgación de los resultados.

De hecho, ya en Kinshasa se habla de posibles alianzas y se niegan otras. La Mayoría Presidencial, por ejemplo, felicitó a Tshisekedi y se dijo dispuesta a la cohabitación, toda vez que presumió que dominaría el congreso.

Todavía son un misterio las primeras medidas de Tshisekedi y sus movidas, alianzas y un largo etcétera. Hasta ahora, al menos, la transición va de manera pacífica. De conseguirse, será la primera vez que ocurra.