África occidental: Los niños tristes del cacao

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Por Julio Morejón
Estancados en la miseria, sin otra alternativa que la explotación, miles de niños en África occidental trabajan de sol a sol para satisfacer el mercado internacional de uno de los manjares de los dioses: el chocolate.

El grano de cacao cruzó el Atlántico desde América hace dos siglos y erigió su trono en las fértiles tierras tropicales de Costa de Marfil, Ghana, Camerún y Nigeria, entre los que resultaron más notables cultivadores de la planta que hoy genera la inmensa riqueza para las transnacionales que operan la comercialización del producto elaborado.

Con el nombre científico de Theobroma cacao, que en latín significa comida de los dioses, la planta convirtió a Costa de Marfil y Ghana en sus mayores exportadores mientras que su principal derivado, el chocolate, mueve anualmente miles de millones de dólares como beneficios directos.

El cacao de Ghana es considerado uno de los mejores, pero en una disputa sobre ese cultivo en África occidental se destaca que Costa de Marfil es el productor principal del grano. Para subrayar la importancia del producto se dice que para defender sus intereses Francia entró en disputa contra el expresidente Laurent Gbagbo.

EL AROMA DE LA GUERRA

El gobierno de Gbagbo constituyó un puente entre dos etapas en Costa de Marfil, un modelo que dejaba de ser rentable, con su extensa red clientelar y un patrón discursivo populista se alejaba de la propuesta de ajuste neoliberal, a esa administración se le tenía por pretérita y en masa en 2010 le dieron el empujón final.

En eso sobresalió el componente galo de las fuerzas de la ONU y sus aliados internos, quienes en definitiva inclinaron la balanza de la crisis postelectoral de 2010 a favor de Alassane Damane Ouattara, quien en la década de 1990 fue primer ministro de Costa de Marfil.

Algo lapidario sobre esa crisis política lo certificó Kalundi Serumaga, en el sitio Counter Punch: ‘Los bienes económicos de la región siempre han tenido más importancia para el mundo que la gente que vive realmente en ella’.

Violentamente rota la transición, destruido el puente y el exmandatario siendo juzgado por el Tribunal Penal Intenacional, el nuevo régimen comandado por Alassane Outtara se encargaría de reformular las relaciones con el exterior, principalmente las económicas y comerciales.

En ese contexto sobresale que Costa de Marfil provee el 40 por ciento de la producción mundial de cacao, que al comercializarse aporta gruesas ganancias que más que beneficiarle reafirman su calidad de monoproductor, en la división internacional del comercio de materias primas y productos básicos.

‘Actualmente África occidental es la mayor región productora de cacao del mundo, con casi 70 por ciento del total, la mayoría de la cual es para exportación. El fruto es el principal producto agrícola de exportación de la región, y representa casi la mitad de los ingresos por este concepto’, expone el articulista Nicole Figot.

Las perspectivas de crecimiento son halagüeñas, según un estudio de Euromonitor, ya que el mundo llegó a consumir más de cuatro millones de toneladas de cacao, un aumento del 32 por ciento en 10 años. Por su parte, China estima que su demanda anual crecerá el cinco por ciento hasta el 2018.

En África hay plantaciones donde trabajan en condiciones muy difíciles casi 300 mil niños subyugados por la influencia de las transnacionales y fuera de lo que se identifica como comercio justo, por una faena diaria de 12 horas reciben pagos míseros, sin contar todas las opciones de vida que aceleradamente van perdiendo.

La historia de los niños trabajadores constituye un ejemplo de la degradación de la humanidad ante un fenómeno que recuerda que el desarrollo comercial de Occidente se logró a partir de la dolosa trata humana, la cual en tres siglos despojó por la fuerza al continente africano de unos 20 millones de personas aptas para el trabajo rudo.

Sin embargo, desde el ángulo humanitario y tal vez mediático, la lástima respecto a los niños-soldados, apenas se compara con la de los menores que deben abandonar su infancia para sumergirse en el ámbito laboral, como único medio para lograr un bocado de comida para ellos y sus familias.

ASUNTO MARFILEÑO

La mayor parte de los pequeños productores y trabajadores cacaoteros vive por debajo del umbral de la pobreza, sobre todo los de la subregión occidental y en el caso de Costa de Marfil, suman cientos de miles de niños los que trabajan en las plantaciones.

En el país los cultivos son de muy difícil acceso y muchos se encuentran fuera del control oficial, lo cual permite que los productores acudan a la fuerza de trabajo infantil que es mano de obra barata, ante la presión para cumplir con sus intermediarios, directamente vinculados a las trasnacionales.

Durante 2016 las ganancias se redujeron, pues la cotización del cacao cayó en su nivel más bajo en 10 años y por eso los países productores debieron almacenar miles toneladas de una cosecha devaluada en 40 por ciento, con grave repercusión para quienes se desempeñan en la parte amarga del chocolate, principalmente los menores.

Los niños trabajadores del cacao ganan salarios (más bajos y deprimidos), lo cual en el ambiente de la economía de mercado los pone a competir en desventaja y si a eso se une las fluctuaciones de precios… la tragedia es obvia.

Se reconoce que entre 300 mil y un millón de niños trabajan en el cacao en Costa de Marfil. Abiyán trata de aplicar un plan de acción para poner fin a eso, pero es una tarea difícil, la lucha es contra una mafia que opera en países vecinos y que hace del tráfico ilegal infantil hacia territorio marfileño un mercado lucrativo, aseguran.