Aspiraciones y desencantos de la migración africana

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Por Julio Morejón

Cuando parecía que la tolerancia fronteriza estimulada por las llamadas Primaveras Árabes en el norte de África, ayudaría en alguna medida a regular los flujos migratorios hacia Europa, la realidad demostraba lo contrario.

Cuando se aborda este asunto con frecuencia se hace referencia a las cientos de personas que desde la región intentan llegar al Viejo Continente y en muchas ocasiones no lo consiguen al naufragar en el mar Mediterráneo, el cual tratan de cruzar con frágiles embarcaciones.

Todos los días se reportan trágicos accidentes que comparten los espacios noticiosos con casi milagrosas operaciones de salvamento en el Mare Nostrum, protagonizadas por unidades de las fuerzas navales europeas y también de Libia, país al que los propios medios identifican como trampolín de la emigración procedente de África subsahariana.

Si bien las rutas de los migrantes van de sur a norte – hacia el exterior-, en el caso africano deben tenerse muy en cuenta los movimientos internos, los cuales son significativos y hasta pueden ocurrir con mayor celeridad que los otros porque, además de reflejar necesidades más inmediatas, por lo general sufren menos trabas burocráticas.

FLUJOS INTERNOS 

En los últimos 10 años se observó el predominio de los flujos internos africanos sobre los otros, lo que informes de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) relacionan con una cultura de la trashumancia y el nomadismo en varias regiones del continente.

Una de esas áreas es la franja del Sahel, cuyas características de clima semidesértico y escasez de fuentes hídricas imponen traslados de comunidades hacia diversos lugares a tono con las estaciones y temporadas que favorezcan sus cultivos para consumo propio y del ganado.

En un artículo para el Instituto Real El Cano, Beatriz Alvear Trenor opinó: ‘Desde el exterior la percepción general es que el objetivo primero de los migrantes africanos es abandonar el continente, pero en realidad la mayoría se queda en África’, lo cual confirman las estadísticas de la OIM.

También el Banco Mundial -en su balance de 2018- indicó que más de la mitad de la migración africana ocurre dentro de la región, el 52,6 por ciento, lo cual está en consonancia con la tendencia mundial al respecto y hasta cierto punto cambia la tradicional percepción del flujo migratorio hacia los países desarrollados.

MOTIVOS RECURRENTES 

Uno de los motivos más recurrentes de las migraciones se relaciona con satisfacción de las necesidades socioeconómicas de sus protagonistas, en el interior del territorio africano también se asocia a tópicos tan perentorios como el de la seguridad.

La arriesgada aventura (o desventura) de cruzar el Mediterráneo es comparable con el impacto del deterioro climático que va secando al lago Chad y por consiguiente perjudicando a los millones de habitantes que residen en su cuenca, quienes consideran necesario desplazarse hacia lugares menos afectados y más habitables. Otra razón convincente es la de preservar la vida en medio de situaciones de conflicto, sean estos estados permanentes de guerra, ataques terroristas, escaladas ‘étnicas’, o contienda por desacuerdos confesionales, todos motores de violencia y generadores de flujos migratorios.

Según datos de 2018, emitidos por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU y el Banco Africano para el Desarrollo, la migración interregional en África subsahariana es del 65 por ciento, pero el Alto Comisionado de ONU para los Refugiados (Acnur) considera que el 14 por ciento es por conflictos armados.

Hubo momentos ‘picos’ en el comportamiento de los flujos en la región central del continente con la guerra en República Centroafricana, el desplazamiento transfronterizo en la región de los Grandes Lagos por las situaciones de conflicto en el este de la República Democrática del Congo y la guerra en Sudán del Sur.

Asimismo, se registró un incremento en las tendencias migratorias en la región occidental por las acciones terroristas de grupos como Boko Haram, que opera en el norte nigeriano pero abarca a los Estados de la cuenca del lago Chad; también están los destacamentos que aterrorizan en la semidesértica franja del Sahel.

Existen razonamientos muy lógicos y prácticos, porque la vida es lo primero y tanto la violencia como la insuficiencia oficial para detenerla -y en casos promovidas también por reacciones de autoridades- conducen a las estampidas como ocurre en la dirección campo-ciudad.

Un gran porcentaje de la población africana reside en el área rural, por lo cual toda perturbación en esta genera o refuerza los flujos hacia las zonas urbanas, donde las personas pueden encontrar abrigos o al menos intentan sufrir con menor rigor las dificultades propias de los desplazamientos.

DETERIORO AMBIENTAL 

La geografía de África hace que esta sea particularmente vulnerable al cambio climático, ya que alrededor del 70 por ciento de su población tiene en la agricultura sin riego, su fuente de subsistencia, según informe de un panel intergubernamental en Tanzania que expuso cómo el continente sufriría con las variaciones de las épocas lluviosas.

Tales modificaciones en el comportamiento meteorológico confirman una vez más que la variabilidad del clima y sus cambios podrían comprometer gravemente la producción agrícola y el acceso a los alimentos, y de hecho estimular al abandono de los lugares de cultivo.

De ahí que esa se considere otra razón de peso para argumentar el dilema de la intensidad de los flujos migratorios internos en África y un ejemplo al respecto es la reducción de un espejo de agua como es el lago Chad, pero también el proceso de desertificación que avanza en la región del Sahel, que linda con el Sahara.

La disminución del Chad y la reducción de áreas fértiles en el Sahel se contraponen con otros procesos en el este del continente como las graves inundaciones dejadas por el ciclón Iday en Mozambique, Zimbabwe y Malawi que causó mil muertos, más de 200 mil desplazados y casi tres millones de personas afectadas.

‘El lago Chad ha reducido su nivel de agua, en los últimos 50 años, en 95 por ciento, lo que ha provocado que su masa disminuya de 25 mil kilómetros cuadrados a menos de dos mil’, precisa el catedrático africano Horace G. Campbell.

Todo eso evidencia que en el fenómeno migratorio inciden un conjunto de variables, propias de la naturaleza, aunque otras no, como son las agresiones del individuo al ecosistema con la deforestación, la superexplotación de la tierra, los grandes derrames de petróleo y la contaminación de fuentes hídricas.

Lo anterior plantea interrogantes: ¿a dónde ir?, ¿cómo salvarse? Pues si por el norte el Mediterráneo es una fosa de náufragos y pateras, en el interior del continente hay que asirse a opciones que posibiliten la salvaguarda y seguridad integral de sus habitantes con programas socioeconómicos válidos.