Yasuke, realidad de una leyenda

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Por Lázaro Césa

Mientras que las historias de caballeros andantes del medioevo sorprenden por su frecuencia en la literatura, escasean la de los esclavos emancipados que ocuparon lugares cimeros en esa etapa.

Yasuke, un joven mozambiqueño sirviente de un jefe de la iglesia católica, constituyó una singularidad al convertirse en el único samurái africano de todos los tiempos, lo cual ocurrió a mediados del siglo XVI ?aproximadamente en 1581- cuando esa categoría social se obtenía más bien por herencia y por lazos sanguíneos.

Otros extranjeros que alcanzaron tal honor fueron el británico William Adams y el francés Jules Brunet, el primero llegó a nombrarse por decretó oficial el samurái Anjin Miura y el otro estuvo relacionado con la llamada república autónoma de Hakodate, último bastión del shogún Yoshinobu Tokugawa.

Según estiman historiadores sobre la Edad Media europea en sus vínculos con África, Yasuke presumiblemente haya nacido entre 1555 y 1566 en Mozambique, donde por algún motivo (la trata o víctima de enfrentamientos tribales) le hicieron esclavo y luego se convirtió en sirviente de patronos cristianos.

La versión reeditada a lo largo de estas cinco centurias se refiere a un africano de 1,88 metros de altura y configuración musculosa quien estuvo en Japón como integrante de un sequito del misionero napolitano Alessandro Valignano, quien era una suerte de visitador de las comunidades de la Compañía de Jesús en las Indias.

En su calidad de alto clérigo, Valignano también inspeccionaba los asentamientos de jesuitas en África oriental, de donde procedía Yasuke ?quizás su nombre antes fue Iosufe o Yasue-, quien en 1579 llegó a suelo nipón, entre el período Sengoku y el de Azuchi-Momoyama, cuando conoció al poderoso señor Oda Nobunaga,

Yasuke, un makua, la comunidad más numerosa de Mozambique, según Valignano, era hombre de ‘tremenda energía y ardor religioso ilimitado, un líder nato de hombres, que por el encanto de su personalidad y el poder irresistible de su ejemplo inspiró a los misioneros con un entusiasmo cada vez más fresco y cada vez mayor por su trabajo’.

El esclavo africano fue llevado ante el daimio Nonunaga por el padre Organtin, cabeza de una delegación de jesuitas, y al ver el jefe feudal que el integrante del grupo era negro se sorprendió, pues aquello resultaba incomprensible para su medio social, le costaba trabajo admitir tal realidad, por lo cual la puso en dudas.

Las crónicas de la época narran que al señor observar en el grupo a un hombre negro, supuso que era una broma, pues nunca había visto nada similar y en las pautas de su cultura eso parecía imposible.

Nobunaga no acreditaba que aquel individuo pudiera tener ese color tan oscuro de piel e hizo que le bañaran, el africano mostró su torso desnudo y le frotaron hasta convencer al poderoso señor feudal de que ciertamente ese era su tono real y que no usaba tintes o cosméticos.

Luego de esa prueba el daimyo quedó también muy impresionado con el individuo, cuya fuerza era comparable con la de 10 guerreros nipones, pero lo que más le llamó la atención fue la inteligencia y modales exquisitos del africano, a quien invitó a vivir en su mansión en Azuchi, a lo cual los jesuitas accedieron.

Así comenzó una amistad forjada en el respeto y la lealtad y para fomentarla la documentación histórica señala que Yasuke llegó a expresarse con fluidez en el idioma japonés, con lo cual lograba comunicarse con su anfitrión y demostrarle lo honrado que se sentía al ser acogido por este.

De esa forma, el forastero identificado como Yasuke ?probablemente ese nombre fuera la forma en que los japoneses escuchaban o interpretaban la designación del africano- comenzó una etapa de su vida en el País del Sol Naciente, siempre muy cercano al círculo de Oda Nobunaga.

DE ESCLAVO A SAMURAI

Por decisión del daimyo, el ex esclavo mozambiqueño recibió entrenamiento militar, de esgrima y preparación en artes marciales y se incorporó posteriormente al grupo de los guerreros que escoltaban al jefe. Era el único extranjero con la prerrogativa de ser parte de la guardia personal del señor.

Tras entrenarlo en las costumbres del Bushido o camino del guerrero, código desarrollado entre los siglos IX y XII como guía de vida basada en el zen, el confucionismo, el budismo y el sintoísmo, y fundamentado en una serie de importantes valores morales, Yasuke fue nombrado hombre de confianza de Oda Nobunaga.

Entre las exigencias éticas del Bushido estaban la lealtad, el autosacrificio, la justicia, el sentido de la vergüenza, poseer modales refinados, pureza, modestia, frugalidad, espíritu marcial, honor y afecto, y con esas cualidades a su favor al africano se le entregaron los atributos de samurái (guerrero), el primer extranjero con esa dignidad.

Ostentando tal honor acompañó y peleó por su jefe en el llamado incidente de Honno-ji, en el cual pereció el señor Nobunaga, quien murió, pues fue obligado a cometer seppuku o harakiri (el ritual de suicidio japonés por desentrañamiento), tras la traición de un general.

Fue precisamente el general rebelde, Akechi Mitsuhide, quien observando su fuerza y valentía, decidió perdonarle la vida a Yasuke y le liberó. Se dice que siendo el único samurái africano volvió con los jesuitas y posteriormente retornó a Mozambique, donde permaneció el resto de sus días en paz.

Páginas de la historia de Japón y de los jesuitas, así como algunas menciones en la cultura tradicional de la comunidad makua hacen referencias a esos pasajes de la vida del mozambiqueño, quien trascendió su época y pasó a ser una leyenda que enaltece a su país.