Revolución egipcia de 1919: A un siglo del despertar de una nación

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Cuando se habla de revoluciones sociales, lo primero que viene a la mente es el alzamiento popular. En Egipto, la más alta expresión de levantamiento -al menos para la mayoría- la constituyó el Movimiento de Oficiales Libres de 1952.

Este grupo de oficiales del Ejército, encabezados por Muhammad Naguib y el icónico Gamal Abdel Nasser, derrocó a la monarquía del rey Farouq y colocó a las Fuerzas Armadas en el poder, lo que cambiaría a Egipto para siempre.

Sin embargo, los especialistas consideran que los hechos de 1952 tuvieron su génesis décadas antes: durante la Revolución de 1919, cuyo centenario se conmemora en este marzo.

Porque la Revolución de 1919 combinó dos causas, la independencia nacional y el gobierno democrático popular contra el autoritarismo, así lo explica el distinguido historiador egipcio Tarek Al-Bishri.

Se trató de una revolución nacional contra la ocupación de Reino Unido, realizada por egipcios de todas las clases sociales encabezados por el líder Saad Zaghloul, exiliado por orden de los británicos junto con otros miembros del partido Wafd en 1919.

Aunque finalmente no se logró el objetivo, el hecho desencadenó el reconocimiento británico de la independencia de Egipto en 1922, así como la implementación de una nueva Constitución en 1923.

Los británicos, sin embargo, se negaron a reconocer la total soberanía egipcia, o retirar sus fuerzas establecidas en el canal de Suez, factores que erosionaron aún más las relaciones anglo-egipcias en las décadas siguientes hasta la revolución de 1952.

Las tropas británicas ocuparon Egipto en 1822, y aunque constituían la verdadera autoridad en el país norafricano, eran las monarquías locales -respaldadas por Londres- las que representaban el poder del Estado.

A inicios de marzo de 1919, tres figuras nacionalistas de renombre: Saad Zaghloul, Abdel-Aziz Fahmi y Ahmed Shaarawi, se reunieron con el alto comisionado británico Reginald Wingate para informarle sobre su intención de representar a Egipto en las conversaciones de paz de posguerra en París y exigir la independencia.

Aunque obviamente la legitimidad de Zaghloul y los demás integrantes del partido Wafd fue cuestionada por Wingate, ya la organización política había comenzado un ambicioso proceso de recopilación de avales legales firmados del público, otorgándoles poder legal para representarlos en la capital francesa.

El movimiento se extendió rápidamente por todo el país. Wafd se expandió en tamaño y capacidad, el presagio de una revolución a la espera de suceder.

Alarmados por la popularidad e influencia de Zaghloul, los británicos lo arrestaron a él y a sus asociados el 8 de marzo de 1919 y los exiliaron a Malta, lo que provocó protestas en todo el país.

Fue la revolución popular por excelencia, relata el historiador Al-Bishri: todos se comprometieron, se realizaron huelgas, el sistema administrativo de Egipto se detuvo y el nuevo alto comisionado, Edmund Allenby, descubrió que el país era ‘imposible’ de gobernar.

La ocupación finalmente cedió y permitió que la delegación de Zaghloul se uniera a la conferencia de París, donde fueron rechazados por las potencias internacionales, que en su lugar reconocieron la protección británica de Egipto.

No obstante, para entonces Zaghloul y su partido Wafd se habían convertido en los líderes de la búsqueda de independencia de la nación.

Durante los próximos 30 años, las reverberaciones de la Revolución de 1919 sacudirían los cimientos del sistema político egipcio, una dinastía turca menguante que compartía el poder con los británicos, cuyo imperio estaba en declive.

La independencia nacional no se realizó en ese momento, pero Reino Unido se vio obligado a hacer concesiones, declarando unilateralmente que Egipto era independiente el 28 de febrero de 1922.

El contexto inevitablemente exige una comparación con el levantamiento popular vinculado a la denominada Primavera Árabe, en enero de 2011, que llevó al derrocamiento del expresidente Hosni Mubarak.

Sin embargo, los historiadores hallan pronunciadas diferencias entre ambos acontecimientos.

Para empezar, ninguna organización surgió de la revolución de 2011, a diferencia de la Wafd, que abarcó 30 años después de los hechos de 1919.

Además, la Primavera Árabe no fue una revolución nacional, nosotros ya habíamos establecido la independencia del imperialismo hace mucho tiempo, señala al respecto la autora Niveen Wahish.

La experta explicó que enero de 2011 fue una revolución para la democracia y contra el gobierno autoritario, pero resultó socavada cuando se atascó en cuestiones de identidad, y no en la nación en sí.

A un siglo de los acontecimientos de 1919, Egipto se erige como una nación soberana que además se proyecta como referente del continente.

El mismo país que hace cien años era colonia, hoy se desempeña como puente directo entre los Estados africanos y árabes, llevando más allá las ideas del precursor Saad Zaghloul.