Poderosos esclavistas al servicio de la regente María Cristina

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Por Marta Denis Valle

Los emigrados españoles Antonio Juan Parejo Cañedo y Manuel Pastor Fuentes amasaron inmensas fortunas como agentes de la regente María Cristina de España, en diferentes negocios, legales e ilegales, en especial el tráfico de esclavos.

Bien temprano iniciaron sus relaciones con la regente María Cristina, cuyo segundo marido Agustín Muñoz Sánchez (Duque de Riansares) fue compañero de armas de Antonio Parejo (1807-1856), natural de Puente Gentil, Córdoba, Andalucía, España.

Parejo emparentó con el clan Cuesta Manzanal-Larrinaga, el segundo grupo de traficantes esclavistas con gran influencia en Cuba.

El 10 de febrero de 1848 casó en esta capital, con la habanera Susana Josefa Benítez y Pérez de Abreu (1811-1885), viuda de su pariente paterno Antonio José González Larrinaga y Benítez y Valiente (1798-1840), hijo del antiguo negrero Bonifacio González Larrinaga y cuñado de Santiago Cuesta Manzanal.

Antonio Parejo fue director de la Compañía Española de Gas, durante el gobierno del Capitán General Leopoldo O´Donnell (1843-1848).

Poco después comenzó la construcción de los grandes Almacenes San José, de azúcar y otros géneros, en el puerto de La Habana, con su socio el ingeniero militar Manuel Pastor (1796-1858), famoso traficante especializado en el comercio con niños negros desde la década de 1840.

Los almacenes alcanzaron en 1855 una capacidad de almacenamiento de seis mil metros cuadrados. Parejo dispuso de carretones tirados por caballos para trasladar desde la estación de Villanueva los productos que los hacendados enviaban por ferrocarril. En esos años aparece como dueño del ingenio Santa Susana (1852-1857), un coloso azucarero de su tiempo; de tecnología avanzada, con una dotación de 632 esclavos (486 varones y 146 hembras); 34 yucatecos y 200 chinos.

Estaba situado en la llanura Manacas-Cienfuegos, a 48,3 kilómetros al norte del puerto cienfueguero; rodeado de bosques, tenía 340 caballerías (13 mil 137 hectáreas) de tierras montuosas y llanas.

En 1855 alcanzó una producción de cinco mil bocoyes (recipiente de la época) de 60 arrobas (una arroba equivale a 25 libras castellanas, unos 11,5 kilogramos) de azúcar purgado por centrífugas (unos 60 bocoyes diarios).

Disponía de dos maquinas de vapor, dos molinos que procesaban diariamente 150 carretadas de caña de azúcar, tres trenes completos de triple acceso.

Se mantuvo como el ingenio de mayor producción en la Jurisdicción de Cienfuegos, aunque disminuyó en las zafras de 1859 (tres mil 686) y 1860 (tres mil 528 bocoyes), ya fallecido Antonio Parejo.

Fue vendido por su viuda Susana Benítez en 1859 a la entidad Gran Azucarera.

Estos emigrados basaron sus fortunas en la introducción de esclavos, gran parte durante la trata clandestina, con el apoyo de la pareja María Cristina- Ransares.

Parejo y Cañero fue Coronel de Caballería, Mayordomo de Semana de Isabel II, Gentilhombre de Cámara de dicha Reina y Caballero de la Orden de Calatrava.

Pastor Fuentes, natural de Cádiz, era capitán del real Cuerpo de Ingenieros, coronel retirado del cuerpo de infantería y Gentilhombre de la cámara de la reina, senador y primer conde de Bagaes.

María Cristina (1806-1878) realizó jugosos negocios en Cuba. Diversas fuentes la señalan como la verdadera propietaria del ingenio Santa Susana y con inversiones en bancos, ferrocarriles y almacenes.

Reinó de 1829 a 1833 con su esposo Fernando VII y fue regente de España de 1833 a a 1840 por minoría de edad de Isabel II.

Exiliada en 1840 en Francia, regresó al país en 1843 e influyó en la política en los primeros años del reinado de su hija, situación que aprovechó para tomar parte en una serie de negocios en beneficio propio.

Con Agustín Fernando Muñoz (1810-1873), miembro de su escolta, se unió secretamente en matrimonio la regente poco después de la muerte de Fernando VII con carácter morganático, sin derecho a las dignidades nobiliarias. En 1845 fue reconocido el enlace y se le otorgó el título de Duque de Riansares.

En París creó una sociedad denominada Agustín Muñoz y Cía., e invirtió en minas y ferrocarriles, con lo cual encubría sus grandes negocios en Cuba.