Los traficantes negreros Cuesta Manzanal y González Larrinaga

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Por Marta Denis Valle

Los hermanos Cuesta Manzanal arribaron a Cuba, muy jóvenes, en 1790 y en poco tiempo sellaron alianza con el antiguo negrero Bonifacio González Larrinaga, constituyendo un poderoso clan esclavista de trata y explotación en las décadas siguientes.
El segundo grupo de traficantes esclavistas fue el Consorcio familiar Cuesta Manzanal-González Larrinaga-Pérez de Urría, después del clan Alfonso-Aldama-Madan.

La firma Cuesta Manzanal y Hermano es la primera en establecer un flujo mantenido de expediciones exitosas y, en algunos años, dominó completamente el mercado de negros en La Habana.

La Corona concedió en 1789 permiso para el comercio de esclavos africanos con las islas de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y la Provincia de Caracas, a españoles y extranjeros, pero los productores aspiraban a una trata sin obstáculos.

La ruta de los barcos negreros -incluso con cargas clandestinas de esclavos- constituyó en el siglo XIX una gran empresa comercial con centros en Barcelona, Cádiz y La Habana.

Como en casi todas las alianzas económicas de este tipo, el más sobresaliente de los hermanos Cuesta Manzanal, Santiago, contrajo matrimonio en La Habana con la hija de Bonifacio, María de la Concepción González Larrinaga y Benítez (1781-1855), el 5 de agosto de 1808.

González Larrinaga, natural de Bilbao, Vizcaya, fallecido en 1828, estaba en La Habana desde 1770 aproximadamente; fue gran comerciante y hacendado; en 1801 compró un ingenio, y su casa comercial era en 1822 la sexta en importancia en el país.

Su esposa Gertrudis Benitez Valiente, natural de La Habana, falleció el 20 de abril de 1824.

Bonifacio fue el segundo refaccionista en el periodo 1790-1805, presidente de la compañía de comercio establecida para consignaciones pasivas de negros bozales (1792) y tercer accionista de una compañía de seguros.

Reconocido miembro del Real Consulado y de la Sociedad Económica, actuó de capitán de las milicias de Voluntarios Españoles, primera compañía de la Cuarta División de naturales de Navarra y Vizcaya, organizadas en 1808.

De sus varios herederos, su hijo Jacinto ocupa, en 1836, el lugar 21 entre las grandes fortunas, y José, el 24.

Jacinto Gonzalez Larrinaga tuvo una posición destacada en la sociedad colonial: coronel, primer jefe de la plana mayor general de las milicias de la Isla de Cuba; Consejero de Administración, Síndico y Presidente de la Junta Directiva del Ferrocarril de La Habana a Matanzas.

CUESTA MANZANAL 

Los Cuesta Manzanal fueron comerciantes (Francisco María, Pedro y Santiago), dedicados entre otras actividades mercantiles a la trata de esclavos. Él último, Santiago -luego famoso comerciante y hacendado-, recibió el título de Conde de la Reunión de Cuba en 1824, otorgado por el rey absolutista Fernando VII.

Otro hermano, Tirso de la Cuesta y Manzanal, de igual procedencia, se casó en La Habana el 27 de diciembre de 1809, y se radicó en Bahía Honda donde hizo negocios y nacieron sus tres hijos, que luego se casaron en La Habana, en 1830, 1839 y 1842, respectivamente.

Naturales de Val de San Lorenzo, en Astorga, León, eran hijos de Antonio de la Cuesta y Rodríguez Franco (1731-1810), de igual localidad, y de Juana María Manzanal y Prieto (Castrillo de los Polvazares, n. 1739).

Pedro Cuesta Manzanal (1768-1833 ó 1847), quien llegó a esta capital con 22 años, en 1803 era comerciante y miembro del Real Consulado de Agricultura y Comercio, entidad creada por Real cédula de 4 de abril de 1794.

Al conocer que se abrían las puertas a los negocios en Las Antillas, Pedro que mercadeaba en Salamanca, partió a La Habana con mercancías que introdujo por su cuenta como moneda de cambio para emprender una nueva vida y, en ese momento, encabezó la empresa.

Lo acompañaban Francisco María (luego también comerciante y hacendado) y Santiago de la Cuesta Manzanal, de solo 12 años, nacido el 22 de julio de 1778.

Se lanzaron sin escrúpulos a la aventura con dos fragatas, Ciudad de Zaragoza y Junta Central, con tripulaciones inglesas, dedicadas al tráfico negrero y el contrabando en puertos del Caribe.

Ante la posibilidad de un ataque a Cuba por los ingleses, en 1808, se organizaron milicias de voluntarios españoles residentes en La Habana.

En la Primera División de naturales de Castilla, primera compañía, aparecen Pedro de la Cuesta Manzanal (primer teniente) y Santiago de la Cuesta Manzanal (segundo teniente), junto a Pedro María Ramírez (capitán).

En 1820 reclamaron un permiso para introducir mil 600 negros comprados para sus haciendas antes del tratado firmado por España con Inglaterra que prohibía la trata.

Los Cuesta Manzanal y los González Larrinaga prosiguieron la trata clandestina más allá de la desaparición de los fundadores del clan.

Santiago de la Cuesta era, ya en 1836, la tercera fortuna de Cuba; y falleció en La Habana, el 29 de enero de 1847.

Sus propiedades comprendían unas siete mil hectáreas, que incluían 24 casas en La Habana, ingenios azucareros, cafetales, potreros, sembrados de maíz, yuca y boniato y extensiones de manglares.

Director del Banco Real de San Fernando, fue alcalde ordinario de La Habana, en 1822, Mayordomo de Semana del Monarca y Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica.

El I Conde de la Reunión era dueño de varios ingenios y centenares de esclavos, entre ellos el Concepción, con una dotación de 400 esclavos, el cual producía anualmente, en 1850, ocho mil cajas por esclavo.

Le sucedió su hijo Pedro Antonio Bonifacio de la Cuesta y González Larrinaga (1809-1869); el Condado pasó sucesivamente a sus nietos Pedro Ramón de la Cuesta Gallol de Villamil (1843-1877), fallecido sin descendencia, y a Santiago Ramón de la Cuesta Gallol de Villamil (1847-¿?).

El II Conde conocido como Bonifacio de la Cuesta fue alcalde ordinario de La Habana, en 1848.

A nombre del Conde estaban en 1860, los ingenios Dos Hermanos y La Herradura, en Cabañas.

Ese año aparece la Marquesa de Urría como propietaria del Concepción, en San José de los Ramos, y en la misma localidad de Colón, Matanzas, el Santiago, de la Marquesa de Urría y Hno.

La hija de Santiago Cuesta Manzanal, Mercedes, contrajo matrimonio con José María Pérez de Urría y Loináz, a su vez hijo de Joaquín Pérez de Urría (cuarto negrero en importancia en el periodo), y al enviudar la hicieron marquesa de Valero de Urría, en 1852.