Delphine LaLaurie o el rastro de una historia macabra

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Por Julio Morejón

La sentencia de la historia contra la crueldad no prescribe, pero hay quien como Marie Delphine LaLaurie escapó de la justicia en Luisiana y se refugió en París donde sin pagar por sus crímenes murió en 1842.

En su época -segunda mitad del siglo XIX- los medios de prensa estadounidenses llamaron a esa mujer la Carnicera de Nueva Orleans, por las tétricas prácticas perpetradas en su mansión de Royal Street, donde un incendio reveló el sumo de su saña criminal.

El ámbito esclavista de otros estados sureños no se diferenciaba en nada del que se practicaba desde el siglo XVII en la Luisiana y de lo que hacía gala su siglo XVII en la Luisiana, y de lo que hacía gala su ciudad más poblada Nueva Orleans, donde confluían al menos cuatro expresiones culturales distintas: francesa, española, africana e indoamericana.

Muchos integrantes de la clase rica local basaban sus fortunas en el tráfico negrero y el cautiverio y trabajo de miles hombres trasladados por la fuerza desde embarcaderos de África occidental prácticamente hasta la misma villa y con cuya mano de obra cautiva Nueva Orleans pasó de pequeña fabricante de azúcar a engrandecer su producción.

‘Ciertamente, es imposible para la Baja Luisiana existir sin esclavos. Y con la esclavitud, la colonia ha alcanzado prosperidad y bienestar’, declaró Juan Manuel de Salcedo el último gobernador español de Luisiana, lo cual ilustra la fuerte dependencia existente entre la denominada ‘socialité’ y la economía capitalista del siglo XIX.

Sin embargo, tal relación entre el capital y el trabajo esclavo no evitó hechos tan peculiares como el caso de Marie Delphine LaLaurie, hija del matrimonio de Barthelmy Louis Macarty y Marie Jeanne Lovable, y cuyo primo Augustin de Macarty, fue alcalde de Nueva Orleans entre 1815 y 1820.

Delphine LaLaurie se casó con el español don Ramón de López y Angulo, quien en 1800 era cónsul de España en Luisiana, en 1804 fue nombrado para otro cargo, pero no lo ocupó porque murió en La Habana cuando viajaba hacia Madrid. Entonces ella contrajo matrimonio con el banquero Jean Blanque, abogado y legislador, que murió en 1816.

En 1825 Delphine contrajo nupcias de nuevo, con un médico, Leonard Louis Nicolas LaLaurie, mucho más joven que ella, por lo cual se insinuó que lo odiaba y solo estaba con él por interés.

Sin embargo, esa relación tenía un contenido de sadismo y morbosidad de los que se especulaba, aunque debió esperarse hasta 1834 para tener pruebas de ello.

Como viuda de López y Angulo, ella administró la hacienda de su exmarido con eficacia y fue una importante empresaria en la economía de plantación de la caña de azúcar.

Su posición social ascendió con celeridad en los salones de la aristocracia de Nueva Orleans mientras acumulaba fama de mujer firme e inteligente en los negocios.

ASESINA EN SERIE

Trascurría diciembre de 1834 cuando se desató un fuego en la imponente mansión de Delphine LaLaurie en Nueva Orleans, estado de Luisiana, que movilizó a la vecindad ante el temor de que el siniestro llegara a ser indetenible, así como se extendiera irreductiblemente y afectara a otras propiedades.

Mientras que la dueña intentaba rescatar pertenencias de valor antes de abandonar la casa, quienes acudieron en auxilio para neutralizar la voracidad de las llamas descubrieron indicios que les indujeron a pensar en que la lujosa residencia ocurrían actos poco comunes y se lo informaron a las autoridades.

La primera parte de la investigación confirmó que el incendio fue perpetrado a propósito por una esclava de 70 años, la cocinera, a quien los bomberos hallaron atada al horno por un tobillo y tras confesar que trató así de suicidarse indicó una importante pista: un cuarto del último piso, adonde temían subir porque de allí nadie regresaba.

En el ático de la amplia y lujosa instalación, los agentes hallaron una cámara de torturas, donde permanecían encadenados con collares de hierro y púas siete esclavos en deplorables condiciones, víctimas de tormentos y algunos sufrieron mutilaciones de órganos, recogieron versiones de los medios prensa.

Los cautivos hallados en el tercer piso de la vivienda se encontraron con el cuello estirado y sus miembros rajados, y otros con colleras de metal que les obligaba a mantener la posición erecta y algunos más estaban muy enjutos y débiles a punto de perecer por inanición.

‘Marie se había enfrascado en el lucrativo negocio del mercado de esclavos. En aquel momento, era normal que alguien de alta sociedad tuviera varios bajo su techo. Existía una legislación para que los esclavos no sufrieran maltrato, pero para la señora LaLaurie era solo una nimiedad’ (Psicópatas, su historia y leyenda/ yolyxanda.blogspot.com).

Existían precedentes que nunca se tomaron en cuenta para emprender acciones contra ella, por ejemplo como el acto frecuente de que la policía de Nueva Orleans, devolvía a los escuálidos y débiles esclavos que se desmayaban cuando trabajaban fuera de la mansión, nadie se interesó pese a las denuncias de residentes en la zona.

Una joven esclava llamada Leah se subió al tejado de la casa gritando y llorando, porque su ama le amenazaba con arrancarle la piel por tirar de su cabello cuando la cepillaba. Como la víctima no quería bajar, Marie le tiraba piedras hasta que la muchacha cayó al suelo y se desnucó, testimoniaron vecinos.

A pesar de eso, Delphine mandó a atar el cadáver y le azotó hasta desahogar su ira; una investigación por ese caso hizo que las autoridades le obligaran liberar nueve esclavos, a quienes después compraron familiares y amigos de la señora Lalaurie y los devolvieron a la mansión, de donde nunca salieron.

Tras el incendio, el juez Jean-Francois Canonge, quien presenció todo, declaró que en la residencia hallaron, entre otros a ‘una negra… utilizando un collar de hierro’ y ‘una vieja mujer negra que había recibido una herida muy profunda en su cabeza [que estaba] demasiado débil para poder caminar’, difundió el periódico New Orleans Bee.

Después de la conmoción que sucedió a los macabros hallazgos, los funcionarios públicos realizaron exhumaciones y encontraron tumbas con cadáveres de esclavos en el jardín, aunque a otros -nunca se sabrá a cuántos- los sepultaron en los pantanos de Luisiana.

Algunos estudiosos del comportamiento mental plantean que el odio de Marie Delphine LaLaurie lo causó el asesinato de un tío perpetrado por esclavos en 1771, también lo aducen a las revueltas de cautivos de 1791 a 1804 y luego lo reforzó un levantamiento de esos oprimidos en 1811 en Nueva Orleans.

Otros consideran que resultó decisiva la influencia sobre ella que tuvo su tercer cónyuge, el médico Leonard Louis Nicolas LaLaurie, a quien acusaban de realizar dolorosos experimentos con el uso de esclavos como cobayas, entre tales prácticas se destacaban las mutilaciones.

No existe documento alguno que confirme si en alguna ocasión se presentaron cargos contra esa mujer, lo cual además de poner en el centro del debate la venalidad de las autoridades, estremeció la conciencia de muchos antiesclavistas y reforzó su espíritu de conspiración que hubo -pese a todo- en el estado de Luisiana.

LaLaurie huyó con su esposo en un bote y dejó a su mayordomo, quien también maltrató a esclavos, para enfrentar a la multitud, pero Harriet Martineau en 1838 escribió que ella escapó de Nueva Orleans a raíz del incendio, tomó un carruaje hasta el puerto donde abordó una goleta hasta Mobile, Alabama y de allí viajó a París.

La asesina expiró lejos de la ley. El sacristán Eugene Backes halló una placa de cobre con una inscripción: ‘Madame LaLaurie, de soltera Marie Delphine Macarty, murió en París, el 7 de diciembre, 1842, a la edad de 67 años’. *El autor es periodista de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.