La inversión extranjera se afianza como el nuevo motor de las infraestructuras africanas

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invertir-en-africaEl Gobierno etíope inicia las evaluaciones en el terreno para la edificación de la presa Grand Ethiopian Renaissance, el proyecto de infraestructuras más osado del continente. Con un coste de 4.800 millones de dólares (unos 4.415 millones de euros), hasta las pirámides miran con recelo tan faraónica obra asentada en el Nilo Azul. De forma paralela, un análisis del FMI cuantifica en 93.000 millones de dólares (unos 85.500 millones de euros) los emolumentos necesarios para que el continente cubra sus necesidades en materia de infraestructuras. Y eso cada año. La factura se ha aminorado algo con el paso de los años, aunque el suelo no baja de los 80.000 millones de dólares (unos 73.600 millones de euros). Según estas estimaciones, los países del Subsahara sufragan solo dos tercios (el 65%) de los gastos derivados de esos proyectos, mientras que el resto procede del Financiamiento Oficial al Desarrollo (ODF).

Pero cuando la Grand Ethiopian Renaissance es ya casi una realidad -se estima que estará totalmente operativa en julio de 2017-, ¿cuál es el estado de las infraestructuras del continente? ¿Continúa la excelsa dependencia del exterior? Ya en la reciente cumbre del sector celebrada en Sudáfrica -el Infrastructure Africa Business Forum (IABF)-, se establecían las claves para el buen futuro de la logística continental.

Primero, para los expertos resulta primordial solucionar los problemas actuales de respaldo económico. Aquí un leve inciso. Mientras que el nivel de ODF ha aumentado en números absolutos (especialmente del Banco Mundial y del Banco Africano de Desarrollo), su importancia ha disminuido. Ahora la inversión directa procedente del exterior -que ha aumentado en un 50% el último año y medio, sobre todo, desde China- es la principal fuente de ingresos. El motivo parece claro: el continente empieza a ser visto como negocio más allá de las explotaciones tradicionales. Para entender estas cifras basta, de nuevo, el ejemplo de la Grand Ethiopian Renaissance. En junio pasado Etiopía firmaba un acuerdo de 120 millones de dólares (unos 110 millones de euros) con la empresa China Electric Power Equipment and Technology para construir una línea de alta tensión que conecte el país con Kenia y permita así el impulso de las exportaciones energéticas. El dinero, de nuevo, procede del exterior.

Segundo, el continente todavía necesita una mejora en la industria de la aviación, indispensable para la madurez de este negocio a nivel regional. En el período 2010-2015, África experimentó en términos de tráfico internacional, una tasa de crecimiento promedio del 6,1%, en comparación con el 5,8% mundial. No obstante, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), para este año se espera que la industria aérea africana logre un margen de beneficios por pasajero de 1,59 dólares (1,4 euros). Puestos estos guarimos en perspectiva, cabe señalar que en Norteamérica esta misma cifra es de 18,12 dólares, en Oriente Medio de 9,61 y en Europa, de 6,30, es decir, que la primera es todavía una cantidad realmente baja.

Por último, resulta necesario mejorar las conexiones físicas de los mercados a través de carreteras, ferrocarriles y puertos. Un estudio reciente del Banco Mundial establece en 0,08 dólares por kilómetro el coste de transportar una tonelada de carga por el continente, el doble del resto de regiones en desarrollo. «El transporte es una herramienta indispensable para disfrutar de la libre circulación de bienes y personas en todo el continente y en el extranjero», destaca el analista local Pierre Abisola.

Por ejemplo, en el Subsahara los costes por trabajador para una empresa exportadora internacional son de 135 dólares al mes (unos 124 euros), mientras que en el Sudeste asiático oscilan entre los 110 y 70 dólares. Vamos, que mejorar las carreteras implica ser más competitivos.

Macroproyecto ferroviario

Precisamente, de la mano de un buen número de compañías mineras, siete gobiernos del Oeste de África han iniciado un macroproyecto ferroviario (cerca de 3.000 kilómetros de recorrido) que unirá Benin, Burkina Faso, Níger, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Togo. El plan, denominado West Africa Regional Rail Integration, se estima que será finalizado el próximo año. Y las vías del futuro buscan ya socios para recorrerlas. Aunque no se engañen, esta vez no se trata de China.

«África necesita acelerar los desplazamientos de población y bienes, e India podría contribuir a reducir este vacío de infraestructuras», reconocía hace pocas fechas Tedros Adhanom Ghebreyesus, ministro de Asuntos Exteriores etíope. «Unas infraestructuras pobres han desembocado también en un pobre comercio en África», añadió. Sus palabras tenían lugar durante el foro África-India celebrado en Nueva Delhi a finales de octubre, donde el gigante asiático se comprometió a otorgar al continente un préstamo de 10.000 millones de dólares (9.200 millones de euros) para mejorar sus infraestructuras.

Sin embargo, no todos los proyectos actuales resultan tan tangibles como puede ser la construcción de una presa o la puesta de largo de los raíles de un ferrocarril. Algunos, incluso, se desarrollan en ‘la nube’ digital. En los últimos meses el Gobierno de Kenia ha asentado la primera piedra (moral) a uno de sus proyectos más ambiciosos: la edificación del «Silicon Valley de la sabana», una nueva ciudad destinada a convertirse en el centro tecnológico de la región.

Pese a que su construcción no será finalizada de forma definitiva hasta dentro de dos decenios, Konza City Technology -como se ha bautizado al proyecto- está previsto que genere más de 200.000 puestos de trabajo. La apuesta no resulta menor: el coste del nuevo centro de negocios será cercano a los 11.100 millones de euros, con el objetivo de atraer a empresas de «externalización» de procesos, desarrollo de ‘software’ o almacenamiento de datos.

No son poca cosa para un centro financiero situado a unos 60 kilómetros al sureste de la capital, Nairobi, y que primeramente será generador de polvo. Porque los faraones también comenzaron sus pirámides entre sueños.