Desde el auge del esquisto a la lucha por China, así cayó el crudo

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El aumento en la producción de petróleo y gas de esquisto en EE.UU. lidera el incremento en la oferta global de hidrocarburos

Desde el auge del esquisto a la lucha por China, así cayó el crudo – Diario La Prensa

Desde la década del 70, Nigeria ha provisto un suministro cons­tante de petróleo de alta calidad a las refinerías en América del Nor­te, hasta llegar a un millón de ba­rriles diarios en 2010.

Luego, se produjo el auge de la energía de esquisto y en julio de este año Estados Unidos dejó de importar petróleo nigeriano.

Desplazados por la explosión de la producción petrolera esta­dounidense, millones de barriles de crudo nigeriano ahora se di­rigen a India, Indonesia y China. No obstante, los productores de Medio Oriente compiten por los mismos compradores. Esto ha sentado las bases para una bata­lla por participación de mercado que podría reconfigurar la Orga­nización de Países Exportadores de Petróleo y revolucionar el mer­cado global de petróleo.

Los precios del crudo caye­ron el viernes a su nivel más bajo en cinco años después de que la Agencia Internacional de Energía (AIE) recortó su pronóstico de de­manda global por quinta vez en seis meses. El mensaje que reci­bieron los inversionistas fue que la economía mundial pasará apu­ros el próximo año, lo que precipi­tó un derrumbe de 315,51 puntos, o 1,8%, del Promedio Industrial Dow Jones, que cerró la jornada en 17.280,83 unidades. Se trató de la mayor caída porcentual sema­nal del Dow en tres años.

La AIE ha recortado desde ju­nio en 800.000 barriles a día su previsión de demanda para 2015, al tiempo que proyecta que la pro­ducción de EE.UU. aumente en 1,3 millones de barriles diarios.

El descenso de los precios globales del crudo, desde más de US$110 hasta menos de US$62 el barril el viernes, ha sido caracteri­zado como una confrontación en­tre Arabia Saudita y EE.UU., dos de los mayores productores del mun­do. La realidad, sin embargo, es más compleja y los rebeldes libios y los taxistas de Indonesia juegan un papel importante, junto a em­prendedores texanos y los minis­tros petroleros de Medio Oriente. Es un reflejo tanto del creciente suministro de crudo como del desplome de la demanda.

La situación no tiene visos de revertirse. Bank of America Me­rrill Lynch predice que los precios del crudo en EE.UU. pueden caer a US$50 el próximo año.

Las raíces del desplome se re­montan a 2008, cerca de Cotulla, una diminuta localidad de Texas entre San Antonio y la frontera con México. Ahí se perforó el pri­mer yacimiento de la formación de esquisto Eagle Ford. En ese entonces, EE.UU. extraía alrede­dor de 4,7 millones de barriles de crudo diarios.

En 2009 y 2010, cuando la eco­nomía global mostraba signos de una mejoría, la demanda repuntó y subieron los precios, lo que ofre­ció un gran incentivo para encon­trar nuevas fuentes. Las empre­sas estadounidenses empezaron a excavar, tanto en Cotulla como en otros lugares. “Hubo, a falta de una mejor palabra, una carre­ra armamentista por crudo y en­contramos un montón”, recuer­da Dean Hazelcorn, un corredor de petróleo de la firma Coquest en Dallas. En la actualidad, unas 200 plataformas de perforación cubren el sur de Texas y EE.UU. produce 8,9 millones de barriles al día, gracias a Eagle Ford y otros nuevos campos.

Los estadounidenses, no obs­tante, no están consumiendo todo ese nuevo crudo y, debido a leyes que datan de los años 70, expor­tarlo es casi imposible. Por ello, las refinerías del país han reem­plazado el crudo proveniente de Nigeria, Argelia, Angola, Brasil y prácticamente cualquier otro país productor con la excepción de Canadá, con petróleo de Texas y Dakota del Norte.

La OPEP exportó a EE.UU. 180,6 millones de barriles en agosto de 2008, un mes antes del primer pozo de Eagle Ford. En septiembre de 2014, envió casi la mitad: 87 millones de barriles. La diferencia equivale a cerca de 100 buques cisterna de crudo menos que llegan a los puertos de EE.UU. y que se fueron a otros países.

Durante mucho tiempo, pare­cía que el creciente apetito glo­bal de crudo absorbería todo ese petróleo. Para 2011, los pre­cios empezaron a oscilar entre US$90 y US$100 el barril y se
estabilizaron en esa banda.

Una nueva tendencia, sin embar­go, tomó por sorpresa a los obser­vadores del mercado. Muchos ana­listas vaticinaron en marzo que la demanda global de crudo crecería en 1,4 millones de barriles en 2014 para alcanzar 92,7 millones de ba­rriles al día.

La proyección, sin embargo, re­sultó ser excesivamente optimista. Vikas Dwivedi, estratega de energía de Macquarie Research, estima que una marcada desaceleración global eliminó parte de la demanda. Al mis­mo tiempo, varias monedas asiáti­cas se debilitaron frente al dólar.

El costo de llenar el tanque de ga­solina en Indonesia, Tailandia, India y Malasia aumentó en los momentos en que estos países reducían paula­tinamente los subsidios al combus­tible. La gente empezó a conducir menos. “La demanda cayó por un precipicio”, dice Dwivedi.

El alza del suministro y la caída de la demanda ejercieron presión sobre los precios. Sin embargo, la violencia en Irak mantuvo alta la cotización del crudo ante los temo­res de que Estado Islámico pudiera recortar la producción del país.

Luego, dos eventos sacudieron el mercado. A fines de junio, The Wall Street Journal informó que Was­hington había autorizado la expor­tación de crudo por primera vez en una generación. Si bien la medida era limitada, los precios empezaron a caer desde sus máximos de media­dos de año.

El 1 de julio, los rebeldes libios de­cidieron abrir Es Sider y Ras Lanuf, dos terminales de exportación cla­ve que habían estado cerrados por un año, y su crudo empezó a llegar a Europa. El petróleo nigeriano, que ya había sido desplazado de EE.UU. y Canadá, también fue reemplazado en Europa. Nigeria empezó a expor­tar a China.

Los precios empezaron a ceder. A fines de julio, el barril de crudo de EE.UU. cayó por debajo de US$100. A principios de septiembre, la AIE subrayó la perspectiva de una “des­aceleración pronunciada en el creci­miento de la demanda”. Un mes des­pués, los precios estaban en menos de US$90 el barril.

Para mediados de septiembre, Petroleum Intelligence Weekly, un boletín muy seguido por la indus­tria, dijo que ambos lados del Atlán­tico estaban “inundados de crudo”. Nigeria, sostuvo, “necesita encon­trar clientes (…) en Asia”.
Arabia Saudita, no obstante, no quería que Nigeria forjara relacio­nes de largo plazo con refinerías en Asia. Para fines de septiembre, los sauditas recortaron su precio de crudo oficial en Asia en US$1 el ba­rril. En una semana, Irán y Kuwait siguieron el ejemplo.

Dos semanas después, la AIE volvió a reducir su proyección de crecimiento de la demanda en 2014 en 200.000 barriles diarios a un au­mento anual de 700.000 barriles, casi la mitad de lo que había pre­visto a principios de año. La noticia produjo una caída de casi US$4 por barril.

Para ese entonces, el mercado parecía estar en caída libre. El pre­cio perdió más de US$1 el barril en ocho de las 23 jornadas de octubre. La atención de los corredores se posó sobre la OPEP, que a menudo ha estabilizado el mercado con recor­tes de la producción cuando los pre­cios caían y con incrementos cuan­do subían. Muchos miembros de la OPEP, dependientes del dinero que generan del petróleo para financiar programas sociales, se rehusaron a reducir su producción.

Arabia Saudita, el principal pro­ductor de la OPEP, también sentía la competencia de otros países, dice Abudi Zein, director de opera­ciones de la firma de investigación de mercado ClipperData. Colombia, por ejemplo, que habitualmente ha enviado la mayor parte de su crudo a EE.UU., está encontrando su ma­yor comprador este año en China, un mercado crucial para la OPEP, indica el analista. “Para los sauditas, Asia es su mercado de crecimiento”, ex­plica. “Los nigerianos y colombia­nos están siendo expulsados de sus mercados naturales en América del Norte. Arabia Saudita tenía que ha­cer algo”.

En su reunión en Viena a fines de noviembre, la OPEP mantuvo su pro­ducción intacta. Los precios del cru­do en EE.UU. y Europa cayeron otros US$7 el barril. El miércoles, cuando se le consultó a Ali al-Naimi, el mi­nistro de petróleo de Arabia Saudi­ta, si la OPEP recortaría pronto sus exportaciones, respondió: “¿Por qué deberíamos reducir la producción? ¿Por qué?”.

Laprensa.hn