Brasil ayuda a Angola a iniciar producción de azúcar tras décadas de guerra

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OdebrechtAngola, con el apoyo de una empresa brasileña, comenzó a almacenar sus primeras sacas de azúcar refinada, doce años después del fin de una guerra de tres décadas que devastó la economía y que obligó al país a importar prácticamente todo lo que consume, con su respectivo alto costo.

La incipiente industria azucarera del país es fruto de un acuerdo entre la empresa brasileña Odebrecht y las angoleñas Cochan y Sonangol, que invirtieron 750 millones de dólares en la construcción de la planta Biocon, en donde este país africano producirá azúcar refinada, etanol y energía.

La meta es transformar la actual cosecha de caña (2014-2015) en 18.000 toneladas de azúcar, bautizada de Kapanda, así como en 117 gigavatios (GWh) de energía y en dos millones de litros de etanol

Cuando Biocom alcance su capacidad máxima, en unos cuatro años, la producción podrá llegar a 256.000 toneladas de azúcar, 256 GWh y 23 millones de litros de etanol.

«La Biocom es una industria estratégica para Angola, que tiene como principio transferir tecnología, usar mano de obra local y contribuir para el desarrollo mediante una industria de alimentos», dijo a Efe Carlos Mathias, director general del proyecto.

Angola, que llegó a exportar azúcar durante su período como colonia portuguesa, actualmente importa de Brasil el 75 % del producto que consume, otro 20 % de Sudáfrica y 5 % de Portugal. Con la producción de Biocom en cuatro años podrá abastecer el 70 % del mercado nacional.

 En una segunda fase, que aún depende aprobación y que tendía inicio en la próxima década, la planta podrá tener una producción de 512.000 toneladas de azúcar, convertir a Angola en exportador del alimento y en su mayor productor en África en 2023.

«El azúcar angoleño sería más caro que el brasileño. El costo para implementar una industria desde cero es mucho mayor y la productividad menor. Pero el Gobierno ya está estudiando medidas para proteger el azúcar local, como la imposición de tasas sobre las importaciones como fue hecho con la cerveza», según Mathias.

A partir de 2015 la gasolina angoleña tendrá que contar con una mezcla del 10 % de etanol, lo que incentivará la producción del combustible de caña.

La planta será autosuficiente con la energía que generará a partir de la quema de bagazo de caña y residuos madereros. La energía que no sea aprovechada, equivalente al 70 % de la generada, será vendida a la Empresa Nacional de Electricidad de Angola, que podrá abastecer a 335.000 personas.

La Biocom está localizada en Cacuso, un municipio de la provincia de Malange, en un área con clima semejante al de la Sabana brasileña y a unos 400 kilómetros de Luanda.

La guerra en Angola, que se prolongó hasta 2002 con breves períodos de paz y dejó más de 500.000 muertos y un millón de desplazados, enfrentó a dos antiguos movimientos de liberación, el Movimiento Popular de Liberaracion de Angola (MPLA) y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA).

«Angola aún es un niño de 12 años y tenemos mucho que aprender», afirma el excombatiente Joao Bernardo, que luchó para ambos lados del conflicto y hoy es jefe de reclutamiento de la Biocom. «El momento no es de revanchismo. Hombres que lucharon en frentes opuestos en la guerra ahora dividen el mismo alojamiento en la planta», agregó.

«La guerra devastó Angola; acabó con todo, destruyó toda la infraestructura, la economía y la industria del país, que ahora está en reconstrucción», asegura Fernando Koch, gerente de personal de Biocom y para quien uno de los objetivos del proyecto es capacitar mano de obra local para dejar un legado para el país.

De los 2.800 empleados de la planta, el 94 % es angoleño y el 6 % brasileño. «Los brasileños algún día nos marcharemos, pero la Biocom permanecerá en Angola y necesitará de trabajadores capacitados», dijo.

El azúcar Kapanda abastecerá la industria de refrigerantes y los supermercados pero también será comercializada en depósitos que serán construidos en varias provincias del país y en Luanda, la capital, considerada como una de las ciudades más caras del mundo y en donde hoteles de lujo conviven con favelas.

Biocom también prevé un proyecto de desarrollo sustentable que auxilia a la población vecina a ampliar la renta con la agricultura, una actividad que llegó a ser abandonada por los angoleños por el temor a las minas sembradas durante la guerra.