Zimbabwe inicia nueva etapa en su historia

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Por Ilsa Rodríguez Santana
Zimbabwe comenzó una nueva etapa en su historia de independencia con promesas de su presidente Emmerson Mnangagwa de una mejor vida para su pueblo, al que convocó a participar unido en la recuperación de ese país de África Austral.
Mnangagwa asumió la víspera la presidencia luego de ser electo líder en las elecciones generales del 30 de julio, ensombrecidas por reclamos de la oposición para conseguir anular los resultados de los comicios bajo fracasados intentos de anularlas por alegado fraude y contubernio de la Comisión Electoral con el gobernante partido Zanu-PF.

El plebiscito, que otorgó también al Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (Zanu-PF) 145 de los 210 escaños parlamentarios para conseguir mayoría absoluta, fue considerado por el mandatario muestra de que esa nación es diferente y comienza un nuevo amanecer.

Este es un camino de total independencia, democracia, transparencia, amor y armonía, una vía de diálogo y debate, de unidad, paz y desarrollo, expresó Mnangagwa ante miles de zimbabwanos que se congregaron en el Estadio Nacional de Harare en una ceremonia que se convirtió en una fiesta popular de cantos y bailes.

El 30 de julio acudimos por millones para definir nuestro destino y diseñar nuestro futuro de forma pacífica, con los ojos del mundo sobre nosotros y con la asistencia de un amplio espectro de observadores internacionales y medios de prensa, en un proceso en que ejercimos nuestro derecho democrático para elegir a los líderes de nuestra preferencia, señaló el dirigente de 75 años.

En ese discurso, el nuevo presidente electo de Zimbabwe esbozó sus planes para reanimar la economía, crear empleos, modernizar, industrializar y mecanizar su país, que sufre desde inicio de siglo una profunda crisis caracterizada por la falta de liquidez y la decadencia de la producción agrícola y la explotación de sus ricos recursos minerales.

Ante esta situación, Mnangagwa se propone implementar reformas económicas radicales que atraigan inversiones extranjeras y nacionales, al tiempo que ‘iniciamos un nuevo capítulo en nuestras relaciones con el mundo sobre la base del respeto mutuo, principios compartidos y valores comunes’.

En el plano interno, el Presidente anunció el impulso de acciones que faciliten hacer negocios en Zimbabwe, promover la competitividad económica, el ahorro interno que apoye el desarrollo nacional y la creación de un espacio fiscal que tengan en cuenta la racionalización y reducción de costos.

Solucionar los desequilibrios fiscales que amenazan con socavar la viabilidad del sector financiero, que se refleja en la escasez de efectivo y las distorsiones que afectan el mercado de divisas, también fueron abordados por Mnangagwa en su discurso inaugural.

Ahora que ya pasaron las elecciones debemos centrarnos en enfrentar los desafíos económicos que enfrenta nuestro país, subrayó.

A juicio de Mnangagwa para conseguir un salto en la agenda de industrialización y modernización de su gobierno se fomentarán políticas para atraer capital, se revisarán los acuerdos bilaterales de promoción y protección de inversiones y se agilizarán los atrasos de la deuda externa del país.

La reiterada intención del nuevo mandatario es la de transformar a Zimbabwe en una economía de ingreso mediano, con crecientes inversiones, empleos adecuados, amplio empoderamiento y lograr en los próximos años eliminar la pobreza y la corrupción.

En su lustro al frente de la nación concedida por la mayoría de la población en estas elecciones, Mnangagwa tiene la intención de acelerar la industrialización, la modernización y la mecanización, así como estimular la cadena de valores en industrias y comercio.

Para ello, Zimbabwe necesita avanzar en la agricultura, la minería, la producción industrial, la infraestructura y el turismo, un proceso que Mnangagwa inició desde que sustituyó interinamente en noviembre pasado al entonces presidente Robert Mugabe.

La profunda crisis económica de Zimbabwe ha tenido también un impacto negativo en la infraestructura y por esa razón el jefe de Estado y Gobierno anunció la modernización de las principales carreteras y autopistas, aeropuertos, ferrocarriles y puestos fronterizos, convencido que de que con esos pasos Zimbabwe estará conectado con los países de la región y el resto del mundo.

Asimismo dio a conocer planes para crear un marco adecuado que impulse las empresas medianas y pequeñas y de ese modo fortalecer los vínculos de producción entre compañías e industria, al tiempo que beneficie la eficiencia a través de tecnologías e innovaciones apropiadas.

En el plano social, el nuevo gobierno pretende reformar los servicios sociales para alcanzar más eficacia en los sectores de salud, educación, agua e infraestructura de saneamiento, continuar priorizando el empoderamiento de mujeres, jóvenes y discapacitados para que fortalezcan su capacidad de participación tanto en la economía como en el gobierno.

Analistas consideran que las tareas que se ha trazado Mnangagwa son enormes, pero indispensables para sacar a Zimbabwe del aislamiento internacional y conseguir echar a andar una nación extremadamente rica en recursos naturales y económicos que servirán de motor impulsor para las aspiraciones de un mejor país.