Trabajadores egipcios, la piedra en el zapato del poder

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Régimen de MubarakFueron las duras restricciones a los derechos laborales impuestas en Egipto por el régimen de Hosni Mubarak (1981-2011) las que transformaron a Kareem el Beheiry, un otrora obrero poco comprometido, en un tenaz activista por los trabajadores.

En abril de 2008, El Beheiry fue arrestado en unas manifestaciones en Mahalla el Kubra, ciudad industrial 100 kilómetros al norte de El Cairo. La movilización era una respuesta a la represión del gobierno contra los reclamos de los trabajadores, que exigían mejores salarios.

El joven obrero utilizaba su celular para tomar imágenes de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, hasta que la policía lo detuvo.

Las autoridades acusaron a El Beheiry de usar su blog sobre derechos laborales para instigar al levantamiento de Mahalla el Kubra, que se originó en la fábrica textil donde él trabajaba.

Tres personas murieron y otras cientos resultaron heridas en dos días de disturbios que se extendieron a toda la ciudad luego de que las fuerzas de seguridad ingresaron a la fábrica para desalojar a los miles de huelguistas.

El Beheiry, ahora de 28 años, recuerda vívidamente los dos meses que pasó en la cárcel, donde las autoridades lo maltrataron, lo privaron de alimento y lo torturaron con choques eléctricos.

Incluso después de su liberación, tuvo que librar una batalla legal para recuperar su empleo. El gerente de la fábrica lo había despedido por no presentarse a trabajar mientras estaba detenido.

La justicia falló a su favor, y en 2009 fue transferido a la oficina de una compañía estatal en El Cairo, donde tres meses después fue despedido bajo acusaciones falsas.

“Yo viajaba todos los días a El Cairo y firmaba, pero la administración destruyó mi registro de asistencia y dijo que nunca me había presentado a trabajar”, dijo. “Yo tenía una orden de la justicia (para ser readmitido), pero el gerente de la fábrica se negó a cumplirla”, añadió.

El caso de El Beheiry ejemplifica hasta qué grado el régimen de Mubarak estaba dispuesto a aislar y a intimidar a trabajadores disidentes.

El Estado toleraba cierto grado de oposición política, pero cuando se trataba de temas laborales, cualquier acción que pudiera fortalecer la intención de los trabajadores de crear un movimiento unido era rápidamente aplastada.

El régimen siempre utilizó a la Federación Egipcia de Sindicatos, colosal organización respaldada por el Estado con 24 grupos de trabajadores afiliados, para controlar a los obreros.

Cuando se convocaba a huelgas, el régimen las ahogaba y reprimía con policías y matones contratados. Si esto fallaba, llamaba al ejército.

“Mubarak solo conocía una forma de tratar las disputas laborales: la fuerza”, dijo El Beheiry.

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