Sudán del Sur se abre al mundo árabe para captar apoyo político y económico

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Barnaba Marial BenjaminSudán del Sur se ha abierto al mundo árabe para recabar respaldo político y económico en medio de la crisis que vive el país, inmerso en combates desde hace meses entre las tropas partidarias del presidente, Salva Kiir, y los rebeldes.

Ese interés quedó de manifiesto con la participación del ministro sursudanés de Asuntos Exteriores, Barnaba Marial Benjamin, en la reunión ordinaria de los jefes de la diplomacia árabe celebrada hace una semana en la sede de laLiga Árabe en El Cairo.

Esta visita a la «casa de los árabes» es la primera que realiza un alto cargo de Sudán del Sur, país que se independizó de Sudán en julio de 2011 y que pertenece histórica y culturalmente a los Estados de África Oriental.

El secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, no dudó en calificar de «histórica» la participación de Benjamin, aunque consideró que Sudán del Sur ya era miembro de la organización panárabe cuando formaba parte de Sudán.

Al Arabi expresó también su esperanza en que los lazos con Yuba se fortalezcan en el futuro y recordó que la Liga Árabe tiene una oficina permanente en esa capital para intensificar las consultas.

A juicio de analistas locales, la iniciativa de Yuba responde a la solidaridad mostrada por algunos países árabes durante la lucha con los insurgentes.

En ese sentido, Egipto y Sudán han enviado ayuda humanitaria a los afectados por la crisis, al tiempo que han otorgado -junto con Libia y Marruecos- becas a estudiantes sursudaneses.

Por otro lado, otros estados árabes como Kuwait y Arabia Saudí han comenzado a invertir en proyectos agrícolas, mientras que los intereses de El Cairo respecto al agua del río Nilo requieren una estrecha colaboración con Yuba.

El director del Centro de Estudios Kush, Alor Biong, considera que la apertura al mundo árabe supone un paso para reparar la debilidad diplomática de Sudán del Sur, que «ha fracasado en ganar apoyos internacionales» desde que estallara el conflicto con los rebeldes el pasado 15 de diciembre.

«El régimen participó en la reunión de la Liga Árabe para granjearse el respaldo de nuevos sectores regionales, después de que sus diplomáticos no lograran convencer a algunos países para que apoyasen la posición políticaque defiende Kiir», subraya Biong.

El analista destaca que entre los aspectos positivos de esta iniciativa figuran la captación de inversiones y capitales árabes, así como el papel de Yuba como puente para potenciar los lazos entre el mundo árabe y los estados africanos del sur.

El secretario de redacción del diario El Mehyar, Jacob Joseph, opina, sin embargo, que Sudán del Sur no ha procurado abrirse a los árabes, sino más bien al contrario. Según él, son esos países los que se han esforzado por ganarse el apoyo de Yuba a sus intereses.

Esto ha sido posible «por Egipto, al que le interesa mucho el agua del Nilo (en plena disputa con Adis Abeba por la construcción de una presa etíope), mientras que los demás países árabes tienen el serio deseo de invertir en Sudán del Sur», asegura.

Recuerda que en el pasado la Liga Árabe ya invitó al Gobierno sursudanés a sus reuniones, aunque sus representantes no acudieron.

«Esto indica claramente los intereses comunes que unen a ambas partes y que tienen una relevancia política y económica en África», agrega Joseph.

Por su parte, para el experto en asuntos de Sudán del Sur en el prestigioso diario árabe internacional Asharq al Awsat, Mustafa Sirri, Yuba compite con Jartum en su deseo de ampliar sus relaciones en la región.

«En el pasado era Sudán la puerta a los países del sur del Sáhara o delegado de los árabes en el este de África, pero ahora Yuba quiere disputarle ese papel», apunta el analista.

Sirri asevera que los lazos de Sudán con Egipto y los países árabes del golfo Pérsico han registrado tensiones y lanza un interrogante: «¿Acaso Sudán del Sur podrá desempeñar un protagonismo mayor en la región y abrirse a los árabes, especialmente a las inversiones?»

«Sudán del Sur todavía es virgen en ese campo, y lo que quieren los árabes para invertir es estabilidad y paz. Esto supondrá grandes desafíos para los sursudaneses», concluye.