Sudán del Sur enfiló en 2015 su rumbo hacia la paz

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sudan-surPor Oscar R. Toledo

En Sudán del Sur, el país más joven del mundo, la guerra fratricida que dura ya casi dos años podría llegar a su fin tras la firma, a mediados de 2015, de un pacto para alcanzar la paz.

Fundada el 9 de julio de 2011, la nación limita al norte con Sudán, al este con Etiopía, al sur con Kenya, Uganda y la República Democrática del Congo, y al oeste con República Centroafricana. Está habitada por múltiples etnias de confesión principalmente cristiana y tradicional.

Los combates se iniciaron a fines de 2013 cuando Salva Kiir, primer mandatario de del país, acusó a Riek Mashar, quien fungíó como vicepresidente, de preparar un golpe de Estado.

El 23 de diciembre de ese año, tras extenderse la violencia, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, solicitó reforzar con otros cinco mil 500 efectivos la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en la República de Sudán del Sur (Unmiss), que hasta entonces contaba con siete mil soldados.

Sin embargo, la intervención internacional no impidió la agudización del conflicto, cuyo costo ascendió a unos 50 mil muertos y más de dos millones de desplazados.

Kiir y Mashar integraron antes de la independencia el Movimiento Popular de Liberación de Sudán (MPLS), pero pertenecen a diferentes grupos etnícos: el presidente es dinka, y su principal enemigo, nuer.

Para algunos observadores, en el trasfondo de la confrontación subyace una disputa entre esas comunidades por el control de las riquezas del país.

La Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) conformada por Yibuti, Eritrea, Etiopía, Kenya, Somalia, Sudán y Uganda, promovió intensamente la firma del «Acuerdo de resolución del conflicto en Sudán del Sur», país que también integra ese bloque subregional.

Esas gestiones que se prolongaron durante el primer semestre de este año contaron además con el apoyo de Argelia, Chad, Nigeria, Ruanda, Sudáfrica, China, Reino Unido, Estados Unidos y Noruega, además de organizaciones como Naciones Unidas y la Unión Africana.

El texto fue signado por Mashar el 17 de agosto al concluir una ronda de conversaciones en la capital etíope, Addis Abeba, y el 26 de agosto Kiir rubricó el mismo en Juba, en presencia de los jefes de Estado de Kenya, Uganda, Sudán y Etiopía, aunque expresó sus reservas sobre ese documento.

Tras firmarlo, el gobernante sursudanés divulgó una declaración de 12 páginas con 16 objeciones al escrito, a pesar de que este tiene carácter definitivo y sin posibilidad de cambios posteriores, según las condiciones dictadas por la IGAD.

El mandatario expresó que el pacto «contiene muchas cosas que debemos rechazar» y agregó que «ignorar nuestras reservas no sería del interés de una paz justa y duradera» que finalice el conflicto.

Cuestionó, entre otros puntos, la instauración de un gobierno provisional, en el que Mashar ocupa un puesto clave como su vicepresidente, con el 33 por ciento de los cargos ministeriales para sus acólitos.

Las fuerzas de Kiir conservan el 53 por ciento de esas posiciones mientras que el 14 por ciento restante se distribuye entre otros partidos y fuerzas contrarias al presidente.

El ministro de Información Michael Makuei , jefe de los negociadores del gobierno sursudanés, llegó a calificar el acuerdo de «capitulación inaceptable».

Al conocer esas críticas a los acuerdos, Mashar manifestó que tal posición resultaba desalentadora. Sus dudas en relación con la real voluntad del presidente para aplicarlos se confirmaron con la continuación de los combates en diversas regiones.

Ambas partes cuestionaron el punto sobre la desmilitarización paulatina, comenzando por la capital, a efectuarse en un plazo de 90 días tras la cual el control militar del país pasa a las fuerzas de paz de la Unión Africana (UA) y de la Unmiss.

A mediados de octubre Mashar reiteró sus acusaciones de que Kiir ignora con su actuación el pacto para finalizar el conflicto armado.

Se refirió no solo a las constantes violaciones del cese al fuego sino además a la reciente decisión ejecutiva de establecer una nueva división político-administrativa del país que estableció 28 estados en lugar de los 10 existentes hasta ese momento.

El 2 de octubre el ministro de Información sursudanés, Michael Makuei, defendió esa última decisión y alegó que contaba con la aprobación del 99 por ciento de la población y permitía un sistema de gobierno descentralizado lo cual «disminuirá la disputa por el poder».

La implementación del acuerdo de paz avanzó sin embargo a fines de octubre de este año, tras aceptar el gobierno y la oposición acciones para cumplir con la prevista formación de una fuerza policial conjunta y la desmilitarización de Juba, capital del país.

Luego de intensas negociaciones desarrolladas en Addis Abeba bajo la mediación de la IGAD ambas partes aceptaron las condiciones sobre seguridad y permanente cese al fuego en el período de transición que comenzó en noviembre.

Se conformó una Fuerza Policial Integrada Conjunta de tres mil efectivos, mil 500 de cada bando y el ejército permanecerá a no menos de 25 kilómetros de la capital sursudanesa donde solo permanecerán cinco mil efectivos con armas ligeras para proteger los cuarteles y almacenes militares.

Nkosazana DlaminiZuma, presidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA) expresó a través de un comunicado la satisfacción de esa organización regional en relación con ese acuerdo.

El diplomático etíope Seyoum Mesfin, jefe del equipo negociador de la IGAD, resaltó por su parte la importancia que reviste la aprobación de esa fórmula que permitirá establecer la seguridad necesaria para la ejecución del plan de pacificación en esa nación.

Aunque el camino para poner fin al conflicto en Sudán del Sur es difícil y está lleno de obstáculos, en 2015 se avanzó en ese sentido y, de mantener ambas partes el cumplimiento de lo acordado, ese joven país africano podrá mantener en los próximos meses su rumbo hacia la paz.

Periodista de la Redacción África de Prensa Latina