Sudán del Sur-2016: en pos del diálogo para beneficio del país

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Por Julio Morejón
El entusiasmo que en 2015 acompañó a la firma del acuerdo de paz en Sudán del Sur, resultó similar a la decepción que en 2016 sufrió ese Estado africano embargado en un conflicto socialmente traumático.

Todo balance de los últimos 12 meses reitera la tensión entre el poder, representado por el presidente Salva Kiir, del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) y sus adversarios, reunidos alrededor del exvicepresidente Riek Machar, el Movimiento Popular de Liberación de Sudán en la Oposición (SPLM-IO).

Kiir y Machar fueron las cabezas de una guerra que se desató en diciembre de 2013 y tomó perfiles de contienda étnica, toda vez que ambos recibieron el respaldo de sus comunidades, la dinka en el caso del primero y la nuer en el otro, y esas alineaciones en las condiciones africanas suelen generar temores de etnocidios.

Si bien la actuación de la comunidad subregional de África oriental, la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), facilitó las negociaciones entre los contrincantes, el tortuoso camino que siguieron presagió un final infeliz, aunque se alcanzó el entendimiento formal requerido.

A partir de la firma del Acuerdo de Paz en 2015 la preocupación latente en cada pronóstico era que la verdadera distensión pendía de un delgado hilo.

Así, tras mucho titubeo para regresar del exilio e incorporarse al gobierno de unidad nacional correspondiente a lo pactado, Machar llegó en marzo pasado a Juba, la capital sursudanesa para asumir como primer vicepresidente del país, pero esta vez al jefe opositor le acompañaba un pliego de demandas insatisfechas del SPLM-IO.

Esas peticiones relativas a cifras de militares para la cobertura de seguridad requerida por quienes pasarían a ser exrebeldes, la reubicación de estos, la ocupación de determinadas locaciones fuera de la capital, Juba, solicitadas en el mapa de ruta no se concretaron, así en el mes de julio aumentaron las contradicciones y retornó la guerra.

Machar regresó al exilio y en su lugar como primer vicepresidente quedó Tabang Deng Gai, quien por el SPLM-IO fue ministro de Minas en el gabinete de conciliación, pero que en esa cartera tuvo discrepancias con el líder rebelde, lo cual evidenció la fractura de la oposición armada de cara al cumplimiento del Acuerdo de Paz.

El otro vicepresidente se mantiene, James Wani Igga, conforme a la solución pactada.

Desde julio pasado, cuando los disturbios entre leales y rivales del presidente Kiir -que en pocos días causaron 300 muertos y miles de desplazados-, el discurso de Machar volvió a endurecerse y en el exterior, donde se refugió, exigió en más de una ocasión volver al puesto de primer vicepresidente, lo cual quedó descartado.

LA OTRA CARA DE LA CRISIS

Al margen del reajuste institucional indicado en el mapa de ruta del pacto de paz, una realidad sobrecogedora ensombreció la vida sursudanesa este año que concluye y fue que como resultado del conflicto -el cual desató una emigración masiva internamente y hacia el exterior-, la seguridad humanitaria declinó velozmente.

Informes de agencias y organizaciones humanitarias sobre ese renglón registraron que ya en marzo de este año los desplazados totalizaban más de 2,4 millones de personas , de ellas 1,69 millones en Sudán del Sur y 706 mil 452 huyeron como refugiados a países vecinos.

Según la ONU, hubo cerca de 188 mil 184 ciudadanos concentrados en áreas de protección de civiles (PoC), sitios ubicados en las bases de las Naciones Unidas como en Bentiu que acogió a cerca de 116 mil 500 desplazados.

Eso peligrosamente ocurre ‘en uno de los países más armados per cápita del mundo, (y donde) la acumulación de armas tiene prioridad frente a la salud, la educación, la administración pública, la infraestructura y sobre todo la justicia’, afirma la articulista Anna Martin.

Asimismo, en sus consideraciones Martin recuerda que Sudán del Sur es el país creado en 2011 por Occidente para quedarse con el petróleo sudanés, un Estado que se debate en luchas intestinas.

En cuanto a ayudas humanitarias y presencia militar foránea en el país, dos elementos que no siempre combinan, se percibe que un haz de organizaciones no gubernamentales (ONG) ofrecen su respaldo en zonas dadas sin extenderla a todo el país, donde abundan los necesitados, algo que se aparta de los principios del auxilio.

Las ONG no descentralizaron su atención y a ello se unió la forma en que las autoridades manejan al país, que sufre una situación de quiebra socioeconómica a la cual no sólo condujo la guerra y las inclemencias del ecosistema, sino también la característica del subdesarrollo que condena al permanecer en el caos.

En lo referente a la presencia militar foránea a través de la Misión de la ONU (Unmiss), en estos 12 meses las preocupaciones sobre su papel las compartieron miles de personas, entre los que quedaron a merced de los ataques armados en zonas de seguridad -bases de las Naciones Unidas- y las víctimas de violaciones morales.

Fue este un año difícil para la población sursudanesa, que navegó sin puerto fijo en medio de desesperanzas, aunque a finales de 2016, el gobierno de Salva Kiir potenció la iniciativa de llevar a cabo un intercambio, que fue bien visto por los otros dos componentes del poder: el llamado grupo de presos políticos y el SPLM-IO.

DIÁLOGO NACIONAL

El Movimiento Popular de Liberación de Sudán en la Oposición aceptó la idea del presidente sursudanés, de realizar un diálogo nacional para finalizar la guerra, informó Radio Tamazuj.

Conforme con el vocero Manawa Peter Gatkuoth, la facción del SPLM-IO comandada por el exvicepresidente Riek Machar, expresó que acogía con satisfacción el llamamiento de mandatario para intercambio de criterios como un medio para establecer un Estado genuino en Sudán del Sur.

Peter Gatkuoth declaró que el diálogo nacional solicitado por Kiir requiere un ambiente propicio en el país, y señaló que el gobierno debería permitir el acceso humanitario sin restricciones a los civiles necesitados en diversas partes del Estado, adonde no llega ese apoyo.

En ese sentido, la Iglesia de Sudán del Sur fue más directa al destacar la importancia de una actitud similar, que podría aportar a la reconciliación. Ese componente de la sociedad civil incluso se brindó para encabezar el proceso propuesto por el jefe de Estado.

Por su parte, Onyoti Adigo Nyikuac, jefe de la minoría en el Parlamento, manifestó que el llamado de Salva Kiir para realizar un diálogo nacional es una buena iniciativa, que debe involucrar a todos los interesados para poner fin al conflicto bélico en todo el país.

‘Lo importante es la agenda del diálogo y los resultados para ayudar en la implementación del acuerdo de paz, la agenda del diálogo debe proceder de la gente’, precisó, y aunque ese intento de entendimiento no sea la panacea que remedie todos los males, puede que vaya más allá de ser un intercambio de sordos para beneficio del país.