Sudán cumple su primer año tras la caída de Al Bashir con reformas y una transición aún amenazada

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El golpe de Estado del 11 de abril de 2019 que sacó del poder al entonces presidente Omar Hasán al Bashir cumple este sábado un año con un profundo cambio en la dinámica política del país, tras un proceso de transición parcialmente exitoso y que ha aumentado la integración de Jartum en la comunidad internacional.

Al Bashir, quien estuvo 30 años al frente del país africano y quien es una de las figuras más buscadas por el Tribunal Penal Internacional (TPI) por presuntos crímenes de guerra y contra la Humanidad, fue apartado en una asonada tras meses de masivas protestas contra la situación económica que atravesaba Sudán.

Las movilizaciones, que se habían sucedido durante los últimos años con distintos grados de intensidad, aumentaron de forma significativa a mediados de diciembre de 2018 a causa de la retirada de los subsidios al pan, reflejo de la grave crisis económica desde 2011 por la independencia de Sudán del Sur y la pérdida de parte de la riqueza petrolera por esta causa.

La dura represión de las manifestaciones por parte de las fuerzas de seguridad y las controvertidas Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar liderado por el antiguo comandante ‘janjauid’ Mohamed Hamdan Dagalo, no provocaron que la población diera marcha atrás, sellando el destino de Al Bashir.

El expresidente, que había llegado al poder 30 años antes tras un golpe de Estado y que había capeado durante años numerosos conflictos internos a través de una política de división y enfrentamiento entre tribus, sectores del Ejército y las fuerzas de seguridad, vio finalmente caer su figura en otra asonada militar.

Su salida del poder abrió un delicado proceso gestionado por una junta militar cuyo ‘número dos’ –y considerado líder ‘de facto’– fue precisamente Dagalo, conocido como ‘Hemedti’, y marcado por un proceso de negociaciones con una coalición de formaciones opositoras que habían estado detrás de la organización de las protestas.

Las negociaciones sufrieron diversos varapalos, entre ellos la muerte de decenas de personas en la represión violenta en junio de una sentada frente a la sede del Ministerio de Defensa, achacado por la opositora Asociación de Profesionales de Sudán (SPA) a las RSF de ‘Hemedti’, si bien finalmente derivaron en un acuerdo histórico.