Sudán 2013: entre combates, protestas y conflictos petroleros

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Omar Hasán al BashirSudán termina 2013 casi con el mismo escenario de años anteriores en cuanto a los choques entre rebeldes y soldados, la insatisfacción económica y el sempiterno contencioso petrolero que condiciona todo lo demás.

Los insurgentes parecen hacerse cada vez más fuertes, sobre todo en la provincia occidental de Darfur, donde ni las fuerzas de la ONU con sus años de intentos resuelven la situación, mientras el Gobierno continúa prometiendo cambios.

Darfur es el más sangriento escenario sudanés de combate desde 2003, cuando varios grupos rebeldes declararon la guerra a Jartum por razones económicas con un saldo hasta ahora de cientos de miles de civiles muertos, heridos o desplazados.

Una coalición de esas organizaciones, el Frente Revolucionario Sudanés, que integra a grupos insurgentes de Darfur y de otras regiones del sur, amenazó con derrocar en breve al Ejecutivo e instalarse en el poder.

Esa agrupación opositora anunció el 17 de noviembre pasado que tomó la ciudad de Abu Zebd, en el estado de Kordofán Oeste, uno de los más ricos en petróleo.

CHOQUES ÉTNICOS AGRAVAN AMBIENTE

Al elemento insurgente se sumó en la misma provincia a mediados de ese mes un incremento de los choques con balance de medio centenar de muertos entre las tribus de origen árabe Al Masiria y Al Salamat, que acumulan unos 250 fallecidos desde abril último.

Las hostilidades, que solo en ese mes registraron más de 200 muertos entre ambas comunidades, son más graves en la zona de Um Dajn, limítrofe con el vecino Chad, donde la mayoría de las víctimas pertenecen al clan Al Salamat.

Tropas mixtas de ambos estados cuyos Gobiernos se vieron obligados a concertar acciones, fueron requeridas para controlar la situación y abrir corredores de evacuación de los heridos.

Alrededor de 460 mil personas fueron también desplazadas en Darfur desde principios del presente año a causa de esos enfrentamientos étnicos, según informes de la oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios en el país.

CRISIS ECONûMICA Y PROTESTAS

La crisis económica, por su parte, causó desde el 23 de septiembre pasado una escalada de protestas sociales que clasificaron entre los acontecimientos políticos más novedosos del año.

Manifestaciones callejeras comenzaron por el anuncio oficial ese día sobre la supresión de los subsidios al precio de los combustibles, lo cual significó la duplicación de las tarifas del carburante, y se extendieron con rapidez por el país.

Los aumentos del galón de gasolina desde 12,5 libras sudanesas (2,84 dólares) a 21 libras (4,77 dólares), y el de diésel de seis libras (1.36 dólares) hasta 14 (3,18 dólares) fueron detonantes de acciones urbanas sin antecedentes en los últimos años.

El número de fallecidos, estimado en unos 600 por la oposición, en 200 por el Sindicato de Médicos Sudaneses y en solo alrededor de 30 por el Ejecutivo, ilustró la dimensión de la violencia empleada por ambas partes.

En lo que fue considerada la peor reacción popular en las calles desde que el actual presidente, Omar Hasan al-Bashir, asumió el poder en 1989, las huellas de balas en la cabeza y el pecho en muchos cadáveres mostraron también la violencia policial.

Un conteo parcial de los daños comprendió la destrucción de 27 unidades de policía, 40 gasolineras, 18 vehículos de transporte público, diez automóviles particulares, y decenas de cajeros automáticos en esas plazas citadinas.

El Ejecutivo justificó los recortes con la falta de ingresos por las ventas de petróleo de Sudán del Sur, país que mantuvo al escindirse el 75 por ciento de los pozos y está obligado a compartir ganancias con Sudán, que conservó solo los oleoductos.

Las manifestaciones comprendieron pillajes y saqueos por parte de algunos, pero también consignas por parte de otros contra el Al-Bashir, quien anunció elecciones para 2015, y un posible Gobierno de unidad nacional con otras formaciones. El jefe de Estado reiteró también su anterior llamado a los grupos insurgentes a fin de que depongan las armas mediante un proceso de paz con amnistía para los opositores que aliviaría la situación en Darfur.

EL COMBUSTIBLE NO SE APAGA

Las medidas de austeridad sobre carburantes, explicó Jartum, responden al déficit financiero al no recibirse los ingresos que según acuerdos debe aportar Sudán del Sur, país que, a su vez, aún no estabiliza la producción y exportación de petróleo.

Engranaje de efectos fallidos, el Ejecutivo sursudanés se ve impedido de regularizar el flujo del crudo, así como su traslado por las conductoras sudanesas, por la falta de seguridad en importantes áreas petroleras, a causa del conflicto con Jartum.

Dos años de negociaciones entre ambos Gobiernos fueron insuficientes para crear y consolidar una zona desmilitarizada en la frontera bilateral con vista a la retirada total de ambos Ejércitos hacia el interior de sus territorios.

Esa franja de paz entre ambos Estados es imprescindible para resolver de manera definitiva el conflicto en torno al petróleo, principal ingreso y a la vez el motivo más relevante de conflictos en el último medio siglo.

Por diferencias acerca de su explotación y distribución del combustible, sus Ejércitos sostuvieron fuertes combates durante la primera parte de 2012 y mantuvieron una tensión que estuvo a punto de desembocar en una guerra abierta.

La aproximación más reciente entre Jartum y Juba en ese sentido fue la firma de varios acuerdos en Sudán del Sur el 23 de octubre pasado entre Al Bashir y su colega sursudanés, Salva Kiir Mayardit.

El funcionamiento de la zona limítrofe de paz, la formación de un cuerpo administrativo y de un consejo legislativo y fuerzas policiales en la región de Abyei, principal territorio en disputa, figuraron entre las medidas convenidas.

Las diferencias sobre ese recurso, que antes fue entre gobernantes y opositores de distinto origen, comprendidas las guerrillas de cuatro décadas atrás, distan aún de una solución para los dos países, dependientes en un 90 por ciento del crudo.

Si el casus bellis dentro de las fronteras sudanesas es el petróleo y sus secuelas, la repartición de las ganancias del crudo deviene también motivo fundamental del contencioso externo con Sudán del Sur, todavía muy lejos de ser resuelto.

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