Sudáfrica: xenofobia, ¿por qué?

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Por Deisy Francis Mexidor
La comunidad de Jeppestown, en Johannesburgo, vivió una segunda noche de saqueos e intimidación, en el último incidente de un rebrote de violencia con perfil xenófobo que se reporta en Sudáfrica. 

Las jornadas recuerdan lo ocurrido hace dos años, cuando una ola de ataques comenzó en Durban, provincia de KwaZulu-Natal, y se extendió por varios puntos del país.

Ahora el sentimiento antiinmigrante estalló, desde la semana pasada en Pretoria Oeste, y toca a Jeppestown.

La situación se ha vuelto más grave a la luz de las actuales amenazas de violencia y destrucción de bienes dirigidos a no nacionales que residen en Sudáfrica, subrayó Zuma el día 24 en un comunicado difundido por la Presidencia.

El mandatario pidió calma y moderación, y condenó enérgicamente la violencia, después que una marcha contra los inmigrantes por las calles de Pretoria se trasformó en un campo de batalla.

Como consecuencia de ello, al menos 136 personas fueron detenidas en conexión con las tensiones entre extranjeros y nacionales en Pretoria Oeste, según informó el comisionado nacional interino de Policía, Kgomotso Phahlane.

Los residentes de algunas zonas culpan a los inmigrantes de la escalada de delitos y criminalidad, especialmente del narcotráfico.

En muchos casos ven en la llegada de los foráneos el peligro de perder sus empleos. ‘Este es uno de los factores que conducen a la violencia xenófoba’, advirtió el ministro de Asuntos Internos, Malusi Gigaba.

Durante un reciente servicio religioso en Sunnyside, barrio de esta capital habitado en su mayoría por extranjeros, el ministro acusó a las prácticas de algunas compañías ‘sin escrúpulos’, como las responsables de la creciente animosidad.

‘Enfrentan a los sudafricanos contra los inmigrantes’ en su carrera por obtener ‘mayores ganancias con el salario más barato’, explicó Gigaba al referirse a la explotación del trabajador inmigrante sin protección legal.

Tal situación pone en desventaja a los empleados locales, dijo Mamelodi Concerned Residents, un grupo espontáneo surgido a raíz de esta coyuntura, el cual presentó el viernes un memorando en el Departamento de Asuntos Internos.

‘Es la brutalidad del sistema capitalista’ que no se preocupa por el hombre, expresó Gigaba, quien el mes pasado se reunió con los líderes de la industria turística para pedir que se cumpla la ley respecto al empleo de inmigrantes y sudafricanos.

Las mencionadas prácticas tienen caldo de cultivo en una nación donde subyacen problemas socioeconómicos como el alto nivel de desempleo y desigualdad.

El gobierno, que cuando los acontecimientos del 2015 instó a incidir sobre la raíz del problema, reiteró su compromiso de lucha contra el crimen con el objetivo de promover comunidades más seguras. ‘Nuestra gente no puede seguir viviendo en el miedo’, subrayó el presidente Zuma.

También afirmó que ‘muchos ciudadanos de otros países que viven en Sudáfrica son respetuosos de la ley y contribuyen positivamente a la economía del país’.

Es incorrecto culpar a todos los no nacionales como traficantes de drogas o de personas. ‘Aislemos a aquellos que cometen tales crímenes y trabajemos con el gobierno para que los arresten, sin estereotipar y causar daño a inocentes’, añadió el gobernante.

Los sucesos más graves de xenofobia se registraron aquí en 2008, cuando una cadena de hechos en la región de Johannesburgo y Pretoria provocó más de 50 víctimas fatales y cerca de 10 mil desplazados.

La violencia es cíclica -consideran algunos observadores-, es como una olla de presión que solo requiere tiempo.