Sudáfrica: fiesta en el funeral

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Por Deisy Francis Mexidor
Una de las múltiples tradiciones del abanico cultural de Sudáfrica, es la forma en que, sobre todo los negros, suelen velar a sus muertos, porque en vez de la tristeza, resulta un momento para celebrar la vida.

Cuando aquí despiden a un difunto no lo lloran, por el contrario la reunión luctuosa se transforma en ocasión para los discursos y alabanzas, para el canto.

El servicio religioso suele tener lugar en la región natal del fallecido, en una ceremonia que se prolonga durante varias horas, y en la cual distintos oradores, en especial familiares y amigos, no escatiman en loas. Después sirven abundante comida, comparten.

Los funerales casi siempre son los sábados en la mañana, pasados varios días después de la muerte, por eso es que si alguien ‘parte’ jueves o viernes lo velarán el sábado de la semana siguiente.

‘Es el evento social más importante. Supera a las bodas, los nacimientos, los bautizos y los cumpleaños. Se informa del evento a los allegados y amigos, pero nunca se invita’, explican a la reportera.

Ir a un entierro es, por estos lados, ‘como asistir a una fiesta’, en la cual, además, no puede faltar la música góspel, esa música espiritual o evangélica que en las voces de los sudafricanos es, simplemente, impresionante.

Según las referencias históricas, el góspel surgió de las iglesias afroamericanas en el siglo XVIII y adquirió popularidad durante la década de 1930 del pasado siglo.

Derivado del vocablo anglosajón godspel (palabra de Dios), esta forma de hacer música es como le explicaban a la reportera ‘para levantar el ánimo, para elevar y elevar el espíritu’.

La despedida así quizás -como en muchas partes del África subsahariana- no es más que el intento de los vivos por prolongar la existencia del finado en este mundo.