Sudáfrica ensaya en el Congo su nueva apuesta por el pragmatismo en África

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Jacob ZumaEl presidente sudafricano, Jacob Zuma, visitó esta semana la República Democrática del Congo (RDC) para impulsar el acceso de su país al sector energético local, en el primer gran ensayo de la nueva apuesta de Pretoria por una «realpolitik» en África.

Además de un acuerdo de cooperación energética, Zuma y su homólogo congoleño, Joseph Kabila, firmaron un tratado para construir de forma conjunta la presa Grand Inga, el mayor proyecto hidroeléctrico delmundo, que colmará, una vez concluido, buena parte de las necesidades energéticas del sur de África.

El viaje de Zuma se produjo en un momento inmejorable: cuando el Ejército de la RDC, con el apoyo de una misión militar internacional en la que Sudáfrica desempeña un papel clave de liderazgo, ha acorralado a los rebeldes congoleños del M23, a los que la ONU considera, tras sus últimas derrotas, «militarmente acabados».

Con casi la mitad de los más de 3.000 efectivos que forman la brigada de intervención de la ONU que combate a los rebeldes junto al Ejército congoleño, Sudáfrica ha jugado fuerte por una misión arriesgada, susceptible de costarle bajas y el consiguiente precio político en casa.

«Es una decisión consciente. Sudáfrica tiene un gran interés económico en la RDC», declara a Efe Stephanie Wolters, analista del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS, por sus siglas en inglés) especializada en el país.

En el centro de ese interés económico está el proyecto de construcción de la presa Grand Inga, que debe empezar a construirse en dos años en el oeste de la RDC.

Acuciada por una demanda que a duras penas puede cubrir, la industria eléctrica sudafricana espera como agua de mayo poder comprar a buen precio la energía de la presa congoleña, algo para lo que ya ha alcanzado un principio de acuerdo que resolvería en gran medida sus problemas de abastecimiento.

«En unos 30 años, lo más importante en el África meridional será el agua», indica André Roux, investigador del ISS, sobre otra de las necesidades de Sudáfrica que podría resolver el proyecto hidráulico congoleño, en cuyo desarrollo participarán inversores privados sudafricanos.

«Sudáfrica ha invertido desproporcionadamente en la RDC. Lo que ha recibido a cambio no es nada satisfactorio para los esfuerzos militares y diplomáticos que ha hecho», explica Wolters sobre las aspiraciones puestas en el país con mayores riquezas naturales del mundo, y en cuyo conflicto Sudáfrica ha estado presente desde 1999.

El apoyo sudafricano al Gobierno de Kabila debe reportar a Pretoria unos réditos que no obtuvo de anteriores misiones de pacificación y estabilización.

En la más emblemática, Sudáfrica desplegó entre 2002 y 2008 cientos de soldados en Burundi para proteger el proceso de paz, en una operación que acabó siendo un éxito político y humanitario y costándole al país austral cientos de millones de euros.

«Nos fuimos de Burundi sin un solo contrato», señala Roux.

Frustrada por esta falta de resultados, la administración Zuma se propuso, a su llegada al poder en 2009, completar la política exterior sudafricana con un componente pragmático, centrado en intereses prácticos e inexistente en una agenda marcada hasta entonces por el idealismo de la lucha contra el «apartheid».

Para integrar este acento en los intereses propios, sin descuidar la seguridad de las personas y la cooperación como motores de la presencia en el continente de la Sudáfrica «postapartheid», Zuma llevó a cabo hace dos años un proceso con todos los actores del Estado, en el que Roux representó a las Fuerzas Armadas.

Sudáfrica ha mantenido en la RDC una importante operación para contribuir a la paz y la estabilidad en el país, como ya hizo en Burundi oSudán.

El nuevo papel de Sudáfrica como potencia continental pragmática, además de moral, tiene en la RDC su primera prueba de fuego.

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