Somalia: Una cita en el lugar del caos

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large1Por Julio Morejón

La muerte de un general y su escolta en un atentado a mediados de mes en Mogadiscio, mostró la inseguridad persistente en la capital somalí, sede de una cumbre de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD).

El general Mohamed Roble Jimale y sus guardaespaldas perecieron en un ataque con coche bomba, cuya autoría asumió la organización antigubernamental Al Shabab, que en los últimos tiempos reforzó sus acciones y sus amenazas contra las instituciones (frágiles), con las que trata de presentarse el país en el escenario internacional.

Somalia pretende consolidar algún tipo de modelo económico-político-social, que le permita oficialmente superar el síndrome bélico que la ahoga desde hace 25 años, pero hasta ahora sólo expone capítulos de inestabilidad y caos, pese al apoyo de Occidente y de sus vecinos en la subregión, la IGAD.

La encrucijada en el camino es difícil de sortear, pues mientras el aparato de gobierno proyecta fortalecer algunos índices para lograr el reconocimiento; por ejemplo, avanzar en la gobernanza y en los derechos humanos, la realidad es que aún no se percibe algo tangible al respecto.

Otra variable a tomar en cuenta es la marcada falta de seguridad para la convivencia en Somalia, un país hundido en múltiples situaciones adversas y cuyas esencias se combinan para dar lugar a la gran crisis: ruptura del pacto social de norte a sur, pretensiones secesionistas, mortal déficit económico y perenne éxodo.

En esas condiciones resulta difícil que sobreviva sano el tejido societario, la alfombra requerida para avanzar sin muchos tropiezos hacia un estadio superior integralmente… Este no es el caso somalí, donde la estera permanece desgarrada.

Lo anterior es, sin embargo, uno de los dos grandes problemas; el otro, sin duda alguna, es la guerra, que en forma intermitente actúa y que en ocasiones está en primer plano y en otras como fondo, pero siempre presente en los últimos cinco lustros, tras el derrocamiento en enero de 1991 del presidente Mohamed Siad Barre.

GUERRA E IGAD

Somalia es un país al que Occidente considera estratégico, tanto por su ubicación geográfica en el litoral del Mar Rojo, como por lo que desde el ángulo de la geopolítica significan las relaciones con un país donde más del 90 por ciento de la población profesa el Islam, lo cual influye en los vínculos con su entorno inmediato.

Además, históricamente, es un territorio de partida de emigrantes con destino a otros países africanos, del Oriente Medio, Europa y Estados Unidos, lo cual actualmente se identifica con los asuntos de seguridad nacional de los territorios de acogida.

La importancia concedida a la dinámica somalí se evidencia en la posición asumida por la Unión Europea, por solo citar un caso, en lo referente a las donaciones y en el caso de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, el bloque de África oriental, por la estabilidad que una Somalia ‘serena’ aportaría a la subregión.

Mandatarios y representantes de estos últimos se reunieron en Mogadiscio por primera vez en septiembre, para realizar la primera cumbre de la IGAD celebrada en Somalia desde la creación del grupo hace 30 años, lo que tuvo como propósito analizar y evaluar un par de dilemas sustanciales.

Esa reunión constó de dos ejes centrales, uno de los cuales fue el conflicto en Sudán del Sur, que cuando parecía que se desvanecería retornó amenazante en julio pasado, cuando los partidarios del presidente, Salva Kiir, y del exvicepresidente, Riek Machar, se enfrentaron en Juba, lo cual causó unos 300 muertos y centenares de desplazados.

El otro tópico del evento fue el respaldo al proceso de institucionalización en Somalia, cuando el país se prepara para realizar unas elección parlamentarias y otras presidenciales, aunque diferentes a como se concibe en otras naciones, donde cada ciudadano representa un voto.

En Somalia: el resultado del proceso electoral se construye con acciones indirectas relacionadas con el concepto del poder presente en el país, es decir la capacidad de influir en la consulta obedece en muchos casos a la fortaleza y dimensiones de clanes, a las posibilidades de los jefes de parcelas políticas de concretar alianzas.

La IGAD está al tanto de esos comicios, los primeros previstos tras períodos de que la autoridad se detentara a través de organismos provisionales y que se presentaban como instrumentos afines a una transición enmarcada en un federalismo que los opositores armados consideraban ilegítimo.

Esa votación para el Legislativo de 275 escaños se inicia el 25 de septiembre y finaliza el 10 de octubre, los diputados serán escogidos por los ancianos de los respectivos clanes y prestarán juramento el 30 de octubre y, cuando esa fase concluya, elegirán al presidente del país.

Tal proceso desecha la idea del voto directo, como en su momento pensaron las autoridades somalíes y los patrocinadores internacionales, en gran medida por los problemas de seguridad, ya que el gobierno respaldado por occidente todavía lucha contra la insurgencia de Al Shabab.

Esa guerrilla ataca con frecuencia los objetivos oficiales y quiere derrocar al gobierno del presidente Hassán Sheikh Mohamud, quien en la próxima jornada electoral buscará su reelección.

El grupo antigubernamental somalí Al Shabab, demandó a sus seguidores aniquilar a quienes participen en la elección parlamentaria y a atacar los lugares donde se realicen las votaciones, todo lo cual define como acciones contra un proceso falaz e ilegal, pero esas acciones de hecho perjudicarían el respaldo de la subregión a tales comicios.

.’Ataque a todos los lugares de preparación de las elecciones… Mata a cualquier persona que participe en la llamada elección’, declaró Ali Mohamud Rage, el portavoz del grupo antigubernamental, en un mensaje de audio