Somalia: Entre explosiones, la institucionalidad aguarda

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Por Julio Morejón
Los más recientes ataques a instalaciones militares y civiles en Somalia confirman las conjeturas de que el conflicto bélico perdurará mucho más, con lo cual continúa desacelerándose la construcción institucional en el país.

Concluyó 2016 y comienza un año acompañado por el mismo ruido de explosiones en Mogadiscio, la capital somalí, y en otras partes de la nación como ocurrió en la ciudad de Kulbiyow, en la región meridional, a sólo 18 kilómetros de la frontera con Kenya y donde la organización Al Shabab atacó una base de la Misión de la Unión Africana (Amisom).

En esa instalación los asaltantes mataron a 70 soldados kenianos, según informaciones de los guerrilleros y fuentes castrenses.

Un residente indicó a la prensa que los efectivos de Al Shabab, fuertemente armados, la emprendieron desde horas muy tempranas contra la base militar de Kulbiyow y se escucharon fuertes explosiones y disparos provenientes de esa dependencia.

El combate se inició con la explosión de dos coches-bomba dirigidos por atacantes suicidas y luego el asedio por diversos flancos que se extendió varias horas. Los soldados kenianos apostados en la base debieron huir y cruzar la frontera hacia su país, mientras que la guerrilla se posesionaba del lugar.

Al Shabab declaró que tomó la base y se apoderó de grandes cantidades de pertrechos de guerra. Esa acción ocurrió el 27 de enero y fue precedida por un atentado dos días antes a un hotel en Mogadiscio, que causó 32 muertos y numerosos heridos.

‘Esa operación sobre las fuerzas de Kenya coincidió con el primer aniversario del ataque de El Adde el 15 de enero de 2016, en el que más de 100 soldados kenianos murieron producto del accionar de la guerrilla islamista‘, expresó el portal digital El Panorama Africano Notas-Periodismo Popular.

Desde 2011, Kenya envió tropas a Somalia para combatir a Al Shabab (los Jóvenes), que reemplazó en 2006 a la Unión de las Cortes Islámicas (UCI), una formación que se impuso en Somalia después del período de caos que sucedió a la victoria de las alianzas guerrilleras contra el presidente Mohamed Siad Barre en 1991.

A criterio de Panorama Africano, las acciones del grupo armado ‘se han visto incrementadas en el último tiempo luego de las elecciones legislativas realizadas a fines de 2016 y de cara a las presidenciales que se realizarán el próximo 8 de febrero’, mientras tanto no se perciben otros cambios significativos en la dinámica somalí.

ESPERANDO AL PRESIDENTE

La guerra desatada en Somalia generó más de un millón 100 mil desplazados internos y centenares de miles de refugiados fuera del país e incrementó las crisis humanitaria, además de resquebrajar la seguridad nacional, pero eso no frenó el deseo de darle estabilidad al país del estratégico Cuerno Africano.

Así -a lo largo de 26 años- se realizaron un conjunto acciones para tratar de equilibrar al país; primero fue el intento de que funcionaran los sucesivos gobiernos de transición establecidos desde la época de los vencedores de Barre: Mohamed Farah Aidid y Ali Mahdi Mohamed. Esas administraciones provisionales acompañaron la vida cotidiana nacional.

Somalia -en tanto país con una autoridad frágil- cuenta sin embargo con diversos elementos coincidentes como su idioma, su psicología colectiva, una confesión prácticamente generalizada, y relaciones socio-productivas similares, aunque ahora muy afectadas por la guerra y por adversidades climáticas.

La nación también tiene rasgos que le definen en medio de sus contradicciones como es la configuración estructural de sus comunidades, donde tienen un elemento medular, el clan, que constituye un componente de unidad pero también puede concentrar aspectos de la lucha por el poder.

Sin embargo, el país del Cuerno Africano sufre un déficit de autoridad para establecer un Estado real, con todos sus órganos de derecho, pero su esfuerzo actual se encamina a la elección de un presidente para completar la cúpula dirigente, luego de elegir a los diputados.

Esos integrantes del Legislativo deberán este mes de febrero decidir acerca de quién va a convertirse en mandatario de lo que académicos, analistas políticos y la prensa denominan un Estado fallido, para avanzar un peldaño hacia la formación completa de sus instituciones.

El 27 de diciembre, más de 300 parlamentarios y senadores juraron su cargo en la primera sesión del nuevo Legislativo, mientras se siguen celebrando en varias regiones del país elecciones para designar a los 47 legisladores restantes de las cámaras, los pasos requeridos para la recomposición institucional.

Las acciones para consolidar la autoridad federal en 2016 se enfrentaron con problemas estructurales que dimanaron de contradicciones en la cúpula del poder, donde se concentran jefes políticos, señores de la guerra y otras personalidades influyentes en sectores económicos y sociales.

Todo el quehacer hacia la institucionalidad somalí y no solo la guerra incidió en la demora para la elección presidencial, que se prevé se resuelva este febrero, y lo cual se presume será el canto de cisne del período de transición, pues con eso, opinan de expertos occidentales, ocurrirá el salto cualitativo en la confección del Estado.

En enero se anunció que las elecciones presidenciales se realizarían el 8 de febrero, luego de posponerse en cuatro ocasiones. Ahora solo queda esperar.