Somalia: Entre el fin y los medios electorales

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Somalia eleccionesPor Julio Morejón
Somalia se debate entre el propósito de construir un Estado real y renunciar la ficción oficial en que sobrevive, o dejar que el país se hunda totalmente en el caos.

Es evidente que la mayor parte de África vota por la primera opción, y en esa línea respalda las elecciones parlamentarias que se celebraron y la próxima votación el 30 de noviembre por un presidente. Algunos observadores asumen que el actual, Mohamed Sheik Muhamud, podría lograr la reelección.

Todo pronóstico con respecto a los comicios para elegir al próximo mandatario, que deberá simbolizar el fin de las instituciones de transición para pasar a ser los instrumentos de un estado de Derecho, puede resultar el juego de la ruleta, está más ligada al azar que a los cálculos de los analistas políticos.

De hecho, cualquier apreciación tiene que tener en cuenta factores relacionados con las raíces históricas del país, el entramado de clanes, los cuales concentran mucho poder, y los vínculos entre las comunidades que se desempeñan en un mosaico de estados, donde el criterio de jurisdicción es voluble y suele desgarrarse.

Es decir, se asiste actualmente a una fase muy compleja en el reordenamiento del país y en su recomposición transitan muchos intereses, dígase de la Unión Africana, la Unión Europea, Estados Unidos y los políticos del patio.

Además, la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), el bloque regional que en gran medida carga con los efectos de la guerra en el país, un medio que se aparta del propósito anhelado, la instalación de un modelo económico, político y social que satisfaga a todos.

Tales componentes de la arena internacional consideran que el destino de Somalia -como país y luego como futuro Estado sólido- es importante desde el punto de vista de la geopolítica por su ubicación de ‘centinela’ en la vía marítima por donde transita un alto por ciento del comercio hacia Occidente.

Otro elemento significativo parece estar conectado con los criterios de preservar con exceso la seguridad del mundo occidental -judeo/cristiano- del avance del Islam, cuya cabalgata pueden ser los jinetes musulmanes de ese país, donde más de un 95 por ciento profesa la religión de Alá y Mahoma.

Lo interesante de esta primera opción es que, pese a todo, los somalíes impusieron su forma de hacer; así, por ejemplo se enfrascaron en unas elecciones indirectas para articular su Legislativo.

La realización de los comicios cumple la Declaración de Mogadiscio del Foro Consultivo Nacional, emitida el 16 de diciembre de 2015 y el actual mandatario, Sheik Mohamed Mohamud, confirmó la realización del proceso, para lo cual confiaba en el respaldo de la Unión Africana, Estados Unidos y Europa.

Esa consulta es indirecta y parte de la gestión constitucional que define la composición del Parlamento bicameral (275 miembros de la Cámara del Pueblo y 54 de la Cámara Alta), para después pasar a la elección del presidente de Somalia el 30 de noviembre.

‘Como se acordó como resultado del proceso consultivo nacional de Somalia en 2015, el nuevo Parlamento Federal se constituirá sobre la base de una mezcla de comunidad y geografía (…)’,apunta una monografía sobre la construcción de ese órgano, una pieza esencial en el venidero engranaje a la hora de repartir cuotas de poder.

‘Estos escaños también se distribuirán entre los estados federales existentes y emergentes. Uno de cada tres escaños en la Casa del Pueblo será disputado exclusivamente por mujeres. Los colegios electorales elegirán a los 275 miembros de la Cámara del Pueblo’, añade el texto. Peculiaridades de ese proceso: la elección del Legislativo parte de una candidatura que se rige por cuotas proporcionales de los clanes, lo que algunos observadores opinan que favorece a los más fuertes, así como se desconoce hasta dónde puede generalizarse el proceso electoral en medio de la agobiante inestabilidad.

No obstante las críticas que puedan surgir, tras 27 años sin elecciones, existen aspectos positivos en cuanto a la gestión emprendida, por ejemplo en la construcción del Parlamento se le otorga un por ciento de escaños a las mujeres, lo que es una señal de apertura a la convivencia social, al dar valor al asunto de género.

OTRO LADO DEL ASUNTO

Para el análisis queda la otra propuesta: mientras todos se concentran en los comicios parlamentarios y presidenciales, dejar que la crisis político-militar que afecta al país lo condicione todo, algo así como que sea la violencia la que resuelva la ecuación de la institucionalidad, algo no logrado por las autoridades de Mogadiscio. Pero esa tendería a ser la peor salida, el mal mayor que acabaría con el frágil equilibrio que sobrevivió hasta ahora y que amenazan con barrer los efectivos de la organización armada Al Shabab y más reciente los integrantes de la formación terrorista Estado Islámico.

También puede citarse la disputa entre las regiones semiautónomas de Puntlandia y Galmudug por la jurisdicción de la ciudad de Galkayo, que se apagó con un acuerdo de paz, pero las contradicciones subyacen.

Asimismo existe lo que las organizaciones humanitarias refieren como población desprotegida, que son los millones de somalíes de los campos de refugiados como el de Dadaab, en Kenya, el mayor de su tipo en el planeta y el cual las autoridades Nairobi quieren cerrar por asuntos de seguridad.

Ese rincón keniano abriga a más de 300 mil desplazados, la mayoría procedentes de Somalia, de donde huyeron de la guerra y las inclemencias de la naturaleza como las sequías o las inundaciones, pero para resolver esas miles de demandas no alcanzan las urnas electorales, porque ellos al parecer no tienen voto.