Sahel encara retos como violencia e inseguridad alimentaria

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Por Oscar Bravo Fong

Violencia y escasos recursos alimentarios junto a la incidencia de la Covid-19, provocaron en la región del Sahel, una de las más empobrecidas de África, el desplazamiento forzado de miles de personas, de acuerdo con organizaciones humanitarias.

En esa zona geográfica, duramente castigada por la acción de grupos radicales islámicos, sobre todo Mali, Burkina Faso y Níger, también aumentaron los enfrentamientos intercomunitarios, a cuenta de pastores y agricultores por el control de tierras fértiles y ganado.

La situación se complicó aún más en la árida demarcación luego de la activación de filiales de agrupaciones consideradas terroristas como el Estado Islámico y Al-Qaeda, las cuales se enfrentan también entre sí y compiten por reclutar a numerosos jóvenes.

Tales entes activos incrementaron sus ataques contra objetivos militares y poblaciones civiles, entre ellos desplazados internos y refugiados, y destruyeron escuelas, hospitales y otros tipos de instituciones, documentan agencias de Naciones Unidas y organismos humanitarios.

Ante ese complejo escenario, organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, pidieron al Grupo G-5 del Sahel, que integran Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger, y a las formaciones irregulares armadas, que promuevan políticas para solucionar los conflictos en aras de lograr la paz y la reconciliación.

No son pocos los actores sociales, por otra parte, que ante la presencia de fuerzas militares de Francia en el área del Sahel, las cuales también se enfrentan a unidades de radicales, consideran que en vez de intentar erradicar la violencia por la fuerza de las armas se deben aplicar otros enfoques, con énfasis en la resolución de problemas comunitarios.

Para ello -afirman- en vez de utilizar en la amplia zona sólo conglomerados de uniformados, los gobiernos de países de la subregión debieran fomentar más las oportunidades de empleo, educación y atención médica gratuita a los pobladores, entre otros beneficios que redundarán en una mayor cohesión social.

EMERGENCIA HUMANITARIA CADA DÍA MÁS GRAVE

Mientras tanto, la emergencia se agudiza aún más en el Sahel, donde, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, se manifiesta una crisis humanitaria y de protección de enormes proporciones, en la que la violencia contra poblaciones vulnerables se torna endémica.

En el caso particular de Mali, en que los grupos insurgentes son considerados fuertes en zonas norteñas y del centro del país, la propia violencia y las condiciones de inseguridad provocaron que 4,3 millones de personas requieran de ayuda alimentaria, entre ellos más de 200 mil desplazados, apuntaron diversas fuentes.

Burkina Faso, que también encara y sufre las arremetidas de grupos radicales, reportó entre junio del pasado año y abril del actual, unos 848 mil desplazados internos, es decir 655 mil más que en meses anteriores.

Vale recordar que debido a los actos violentos en ese país el número de occisos se elevó de unos 80 en 2016 a más de mil 800 el pasado año, lo que demuestra un ascenso considerable de la actividad de agrupaciones radicales armadas.

RADICALES ISLÁMICOS PUJAN POR EXPANDIRSE

Las formaciones extremistas se hicieron tan fuertes en el área, sobre todo en estos tiempos de pandemia, que amenazan con provocar conflictos armados en diversos países costeros, advierten expertos militares.

Muestra de ello es que, en el norte de Costa de Marfil, en las cercanías de las fronteras con Burkina Faso, recientemente hombres armados, supuestamente afiliados a milicias islamistas, ultimaron en medio de una sorpresiva embestida a una decena de uniformados marfileños.

Como si fueran pocos los escollos que limitan el desarrollo e impiden llevar una vida normal a comunidades enteras en el Sahel, sobre ellas pesan, como en el resto de África, las secuelas del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19, la cual en este continente ya dejó saldo de cerca de nueve mil 200 fallecidos y más de 359 mil infectados.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la enfermedad, devenida pandemia, ‘ha devastado el mundo laboral, causando un sufrimiento humano masivo y poniendo al descubierto la extrema vulnerabilidad de millones de trabajadores y empresas’.

En el territorio africano, y dentro de él la zona del Sahel, la infección respiratoria, además de causar pérdidas de vidas humanas, ralentiza el crecimiento económico y provoca un acelerado aumento del desempleo, con mayor incidencia en el grupo etario juvenil, apunta la propia OIT.

Para paliar los negativos efectos de la Covid-19 en países del Sahel, como Mali, Níger y Burkina Faso, organismos internacionales anunciaron que tributarán fondos para socorrer a poblaciones locales y garantizar una mayor estabilidad económica y social en esos territorios.

La Unión Europea se comprometió a aportar, con destino a esos estados, 52 millones de euros, en tanto la Organización Internacional para las Migraciones solicitó a donantes 37,8 millones de dólares con el objetivo de ayudar a personas vulnerables en el área.

Analistas estiman que, aunque tal vez esas ayudas resulten aún insuficientes para paliar los graves problemas humanitarios acumulados en la subregión africana, se impone que los gobiernos de las naciones enclavadas en el área potencien el desarrollo de integrados programas sanitarios, económicos y sociales, para, de conjunto con la población, enfrentar mejor la Covid-19.

Con la solidaridad internacional y la movilización de sus propias reservas internas, los países de la región del Sahel están llamados, por otro lado, a fortalecer sus endebles sistemas sanitarios y a evitar que cientos de personas sean afectadas o mueran en apartadas zonas rurales por causa de la dolencia, la cual puede ser letal.