República Centroafricana, tensiones y crisis en 2018

0
527
Por Julio Morejón
La República Centroafricana (RCA) estuvo sometida durante 2018 a una peligrosa amenaza, el rebrote generalizado de la violencia, cuando se pensó que eso era un asunto resuelto.

Muchas tensiones, originadas de rivalidades políticas apoyadas en divisiones etno-confesionales, malograron las garantías de paz y seguridad requeridas en ese Estado condenado a arrastrar el lastre de la miseria siendo un importante productor de uranio, diamantes y oro.

República Centroafricana está entre los países más pobres del mundo y los disturbios dimanados de su crisis permanente caracterizaron los últimos 12 meses de su drama nacional. El año que concluye no se comportó mucho mejor que 2017.

Antes de finalizar 2018 ese país se esperanzó con alcanzar uno de sus más importantes objetivos, concretar el plan de DDR (desarme, desmovilización y reintegración), lo que es parte de un proyecto de reconstrucción y que se presume sea estratégico para garantizar la seguridad total.

Para ello, se registraron avances puntuales que le conceden algunos signos positivos a la vida allí; uno es la atención prestada por la comunidad internacional a ese Estado, que declinó grandemente a partir de 2013, cuando Seleká (Alianza en lengua sango) derrocó al presidente Francois Bozizé.

Uno de los pasos hacia una nueva etapa, presumiblemente hacia su estabilidad, fue la adopción del plan de desarme de las milicias para posibilitar el control estatal en todo el territorio, pues a la autoridad le es difícil funcionar en un escenario fracturado (o feudalizado) por intereses de clanes, comunidades confesionales y otros.

La solución planteada no es nueva -se trató de que funcionara asistida por Francia-, pero posibilitará reservar el monopolio de la violencia al Estado, que este año recibió el respaldo político de diversos países en el continente y fuera de este hubo disposición de ayudarlos en el ámbito militar.

La necesidad de normalizar la vida de la RCA es el primer objetivo a lograr en ese territorio, de donde en los últimos cinco años emigró una gran parte de la población a Estados vecinos por la violencia, que escaló peligrosamente en mayo.

Debido a la situación de caos por la que atraviesa el país, más de medio millón de personas de sus 4,5 millones huyó al exterior y alrededor de otro medio millón pasó a ser desplazado interno en zonas menos golpeadas por el terror. ‘Los refugiados que poco a poco comenzaron a volver al país han tenido que irse y ahora son unos 546 mil en países vecinos, 20 por ciento más que a principios del año pasado’, informó a inicios de 2018 Najat Rodchi, segunda responsable de ONU en República Centroafricana.

Si bien la RCA es un Estado fallido con una fragilidad institucional crónica, como lo definen analistas políticos, la lucha por el poder persiste más allá de los cambios operados.

En enero, el país pidió ayuda a la comunidad internacional para alcanzar la paz y ofrecer asistencia humanitaria a unos 2,5 millones de ciudadanos, la mitad de sus habitantes, a quienes afectan tanto los ataques como la persistente incertidumbre por el terror y el asedio activo de 14 grupos armados.

Según organizaciones de auxilio, entre las personas que requieren ayuda para sobrevivir hay un millón 100 mil niños y se calcula que un millón 400 mil individuos están amenazados por la inseguridad alimentaria, lo cual completa el trágico cuadro de República Centroafricana en este 2018.

En los campamentos de refugiados de Chad hay 100 mil emigrantes de RCA, muchos de ellos no quieren retornar pese a las presiones oficiales porque les puede costar la vida, según declaraciones.

Aunque los afectados reconocen que la condición de desplazados debe tener un tiempo límite, demandan el retorno de la estabilidad en su país para poder abandonar Chad, la segunda nación africana en la relación de refugiados por habitantes (28 por cada mil), sólo superada por Uganda con un millón procedente de Sudán del Sur.

Para restaurar la República Centroafricana, en mayo pasado el Parlamento presentó al gobierno una iniciativa de adopción de un plan de paz que incluía la integración de un comité nacional de víctimas y descartaba amnistías para los culpables de crímenes de guerra.

Al mes siguiente, el gobierno y 13 de los 14 grupos armados firmaron un acuerdo que establecía un alto al fuego inmediato, y a la par ofrecía la representación política para los destacamentos armados, así como implementar una Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

El pacto preveía la posibilidad de conceder indultos. Ese arreglo se calificó de paso importante y resultó el preámbulo para un encuentro en agosto de Seleká y líderes anti-Balaka (anti machete, en sango), los beligerantes considerados los más fuertes; el primero concentra a musulmanes y el otro a cristianos y fieles de cultos tradicionales.

Ese diálogo concluyó con la firma de un Memorando de Entendimiento, que instituía un cuerpo conjunto para la paz a fin de renunciar a la violencia y el extremismo, detener los enfrentamientos, permitir la libre circulación de personas y la posibilidad de comerciar con los Estados fronterizos, sintetizaron medios de prensa.

Todos esos desarrollos, sin embargo, no detuvieron totalmente la violencia sectaria que en noviembre sobresalió dramáticamente, con un ataque de exmiembros de Seleká a la Catedral del Sagrado Corazón en Alindao, que causó 42 muertos, entre otros.

Este año prosiguieron las agresiones contra los efectivos de la Misión de Paz de la ONU (Minusca) por grupos armados de poco relieve o casi desconocidos como el Siriri, facción de reciente aparición e integrada mayormente por pastores para enfrentar el robo de ganado, pero que en junio y noviembre mató a dos cascos azules.

Asimismo, este año por primera vez se informó que un exjefe de una armada, Alfred Yekato, alias ‘Coronel Rambo’, sería juzgado por la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y de lesa humanidad, lo que podría ser una alerta para quienes promueven el terror en República Centroafricana.

Por su parte, la Unión Africana confirmó que el presidente de su Comisión, Moussa Faki Mahamat, acudiría a Jartum, la capital de Sudán, al inicio de las negociaciones de paz entre el Gobierno y la oposición de la RCA, y se alista el plan de DDR, añorado por la mayoría de los ciudadanos para finalizar el conflicto bélico.

‘El gobierno centroafricano procederá antes de fin de año al desarme de varios grupos en el oeste de la República Centroafricana’, afirmó ante el Consejo de Seguridad el enviado especial de la ONU para ese país, Parfait Onanga-Anyanga.

Junto con esas labores para facilitar el acercamiento, en julio de este año la Unión Africana elaboró la Hoja de Ruta para la Paz y la Reconciliación en República Centroafricana, que debe poner en marcha una mediación conjunta al concluir 2018, lo cual abre un camino de esperanzas que el país debe aprovechar en 2019.