Religión en Europa, entre la vida y la muerte

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Por Rachel Pereda Puñales
La religión, ese laberinto complejo de múltiples puertas alrededor de la fe, se muestra moribunda en el Viejo Continente.

Aunque la tendencia es que la mayoría de los europeos sean bautizados cuando nacen, luego muchos no regresan a la iglesia durante toda su juventud.

Por tal motivo, las prácticas religiosas no solo dejan de transmitirse de padres a hijos, sino que se alejan de la propia identidad individual.

Según la investigación ‘Adultos Jóvenes y Religión de Europa’, del profesor de teología y sociología de la religión de la londinense Universidad de St. Mary, Stephen Bullivant, las creencias religiosas tambalean en las nuevas generaciones.

En este sentido, Bullivant augura que en 20 o 30 años las iglesias serán más pequeñas porque existirán menos individuos religiosos. ‘El cristianismo como una norma, como algo predeterminado, se va desvaneciendo y es muy posible que se vaya para siempre, o al menos por un siglo’, precisó.

Para el estudioso, ‘las diferencias en la religiosidad -o la no religiosidad- de los jóvenes entre 16 y 29 años es realmente notable y los datos reflejan auténticas sorpresas’.

Como un ejemplo de esos resultados inesperados, señaló a ‘los jóvenes adultos de Irlanda, quienes todavía son notablemente religiosos, al menos para los estándares de otras naciones europeas altamente desarrolladas’.

Asimismo, agregó que ‘por su parte, naciones que hasta hace poco tenían culturas religiosas tradicionalmente fuertes como Lituania, Bélgica, Países Bajos y Austria parecen estar en serios problemas, en términos de las generaciones venideras’.

Más allá de las estadísticas, el sondeo reveló datos alarmantes. La República Checa ocupa el primer puesto como el estado menos religioso de Europa, pues 91 por ciento de sus jóvenes carecen de afiliación.

En este sentido, entre 70 y 80 por ciento de jóvenes residentes en Estonia, Suecia y Países Bajos también se definen a sí mismos como no religiosos.

Al otro extremo, Polonia se muestra como el país con más jóvenes creyentes entre la población, como resultado de sus fuertes raíces católicas. Solo el 17 por ciento de los encuestados expresó que no profesaba ningún credo. Mientras, el 55 por ciento de los españoles entre 16 y 29 años no se identifica con ninguna religión, el 60 por ciento no asiste a oficios religiosos fuera de las ocasiones especiales y el 64 por ciento confesó que no reza nunca.

Una indagación anterior realizada por Pew Research Center en 2015, pronosticó que la población cristiana de Europa se reducirá en 100 millones de personas en las próximas décadas.

Asimismo, augura que los cristianos seguirán siendo el mayor grupo religioso del continente, aunque los musulmanes representarán el 10 por ciento de la población del territorio para 2050, en comparación con el 5,9 por ciento en 2010.

En las principales potencias europeas también se observa una fuerte bajada de la religión, aunque no tan pronunciada como en otros casos. Como parte de las conclusiones, en Francia el 64 por ciento de los jóvenes entre 16 y 29 años admite no ser creyente, porcentaje que en Alemania disminuye al 45 por ciento.

Otros datos también descubren que el catolicismo todavía cuenta con una salud razonable en el continente, pero las próximas décadas pueden ocasionar un importante declive.

Luego del estudio, en Reino Unido se presenta un escenario bastante diverso. Solamente el siete por ciento de los encuestados se definieron como anglicanos, mientras que el diez por ciento dijo que era católico y el seis por ciento musulmán.

Para los expertos, este fenómeno está vinculado a la alta inmigración y al hecho de que los musulmanes cada vez tienen más hijos.

‘La religión va muriendo. Salvo algunas excepciones notables, los jóvenes no profesan ninguna creencia’, subrayó el teólogo citado por la periodista Harriet Sherwood en un artículo de The Guardian.

En su trabajo, la comunicadora se refiere a una ‘clara indicación del rumbo de Europa hacia una sociedad pos-cristiana’.

De igual modo, la actual participación en las misas refleja una situación peor. Incluso en Polonia, donde 80 por ciento de los jóvenes se declararon católicos, más de la mitad no visita las iglesias regularmente.

‘No tener una religión se está convirtiendo en una nueva norma. Dentro de dos o tres décadas, las iglesias dominantes serán mucho menos influyentes, pero aquellos que conserven su fe manifestarían una lealtad indomable’, vaticinó Bullivant.

Mientras los números una vez más recogen escenarios alarmantes; la religión se debate entre la vida y la muerte en Europa, con la esperanza de resurgir, como el ave fénix, de las cenizas más diversas de la fe.