Rediseño en Etiopía: Addis Abeba se queda sin espacio

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Por Richard Ruíz Julién
Un puñado de ciudades en miniatura devora hoy tierras por toda la capital etíope como parte del plan integrado de desarrollo habitacional que, desde 2006, construye condominios a un ritmo sin igual en África.

Hasta la fecha, más de 250 mil pisos subsidiados fueron transferidos a sus nuevos propietarios ocupantes; situada a 25 kilómetros al sudeste de la principal urbe de esta nación y cubriendo más de 700 hectáreas de tierra, Koye por ejemplo, albergará a más de 200 mil personas en hileras de altos edificios de concreto.

Envuelto en un chal blanco y con un sombrero de vaquero de ala ancha, Haile mira fijamente a su ganado mientras este pasta en una zona rocosa de hierba.

‘Mi familia y yo hemos estado aquí desde que era un niño’, comenta a Prensa Latina, a la vez que señala con la cabeza a las pequeñas y destartaladas casas a su derecha.

‘Pero tendremos que irnos pronto’. A lo lejos ya se vislumbran enormes torres grises que arrojan largas sombras sobre su pasto.

Siguiendo el paradigma de las urbanizaciones modernistas de la posguerra, en particular de algunas regiones de Alemania, los terrenos compartidos simbolizan la ambición del gobierno etíope en sus esfuerzos por gestionar el implacable crecimiento urbano del país.

Pero si alguna vez resolverán los problemas de vivienda es incierto. Se espera que la población de Addis Abeba solo se duplique a más de ocho millones en la próxima década, sostiene el comentarista Tewodros Kassa.

Se estima que el número de residencias necesarias para cubrir el suministro asciende a medio millón, pero casi un millón de ciudadanos languidecen en la lista de espera de un condominio. En toda la nación, se estima que la tasa de urbanización oscila entre el cuatro y el seis por ciento por año.

A medida que más y más de los 100 millones de habitantes -el 80 por ciento de los cuales todavía viven en el campo- se derraman en la capital, las tensiones por el suelo se han intensificado.

Las consecuencias pueden ser explosivas. ‘La localidad se ha quedado sin espacio’, apunta Felix Heisel, experto urbano alemán y también profesor adjunto del Instituto etíope de Tecnología.

Aunque teóricamente el Estado posee todos los terrenos, confiscarlos a los agricultores como Haile puede causar problemas. El ‘plan maestro’ para desarrollar las tierras de cultivo pertenecientes a Oromia, la región que rodea a Addis, fue el catalizador de las protestas generalizadas que llevaron a la declaración de una ley marcial de nueve meses.

Financiado enteramente por recursos públicos y sin el apoyo de donantes extranjeros, el programa de condominios, sin embargo, ganó una buena cantidad de aplausos.

‘Representa un compromiso con la vivienda social que rara vez se ve en el continente’, manifiesta el arquitecto y planificador urbano Alazar Ejigu. ‘Muestra a otras naciones africanas que pueden resolver sus propios problemas’.

Pero también tiene muchas críticas, incluido el Banco Mundial, que lo considera fiscalmente insostenible. Aquellos que pueden pagar el depósito y logran ganar la lotería que asigna apartamentos, a menudo tienen dificultades para pagar la hipoteca.

Más de la mitad, según Ejigu, eligen alquilar la propiedad y trasladarse a lugares donde es más fácil viajar al trabajo y encontrar empleo, o donde los vínculos sociales son más fuertes.

Desde su creación, el plan se desarrolló en conjunto con otro de limpieza de barrios marginales.

A todos los inquilinos desalojados se les ofrece un apartamento en condominio, pero muchos no pueden pagarlo. La alternativa para los propietarios -compensación financiera y una nueva parcela de tierra- a menudo es insignificante, y generalmente a muchas millas de sus vecindarios originales.

Pero a medida que Addis Abeba cruje bajo el peso de su creciente población, algunos comienzan a planear un futuro en otras zonas.

Se están realizando esfuerzos para promover ciudades secundarias como Hawassa, Bahir Dar y Mekele, en parte vinculándolas a una ambiciosa red de parques industriales en construcción. Al mismo tiempo, se comenzaron a levantar 1,7 millones de nuevas casas rurales.

Para observadores, Etiopía demostró que, frente a presiones urbanas aparentemente insuperables, es posible dar pasos radicales, aunque también demuestra los límites: el enfoque autoritario y descendente a menudo amenaza con ser su propia ruina.

Transformar eso es, según el primer ministro Abiy Ahmed, una de las metas para el futuro cercano.