Primeros panafricanistas, del continente a la diáspora

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Por Antonio Paneque Brizuela

África impactó en la humanidad desde el surgimiento mismo del hombre, ya que cuando aparecieron allí los primeros Homo sapiens, hace 200 mil años según las teorías más aceptadas, ellos eran entonces »la humanidad».

La historia de esa impronta se cuenta hoy desde la emigración de la especie hacia Asia, la Polinesia y el resto del mundo, hasta concretar su afianzamiento en esas regiones mediante comunidades, naciones y Estados y llegar a lo que ahora se llama ‘población mundial’.

Pero la raza negra, una parte importante de esa humanidad en un momento dividida en etnias, es la que se asocia más al tercer continente del planeta en extensión (después de Asia y América), y por consiguiente a ese segmento humano que integró hábitos y costumbres, y fundó pensamiento y filosofía junto a las demás naciones.

Aunque para la antropología moderna la composición humana actual es resultado de relaciones íntimas entre distintas especies, ese sincretismo del encuentro entre África, Europa y América devino enorme todo cultural y tuvo un acento de apasionante aventura humana.

Se dice que, aunque el hombre nació en África, fue en Asia y Europa donde surgió la civilización, pero toda esa fusión de conocimientos, tradiciones y saberes surgidos desde la familia, la horda, la etnia, la aldea, la comunidad o la nación irrumpieron con fuerza integradora en las tres Américas (del Norte, Central y Caribe, y del Sur).

Luego del llamado ‘descubrimiento’ en 1492 y la posterior conquista, la flamante región se develó entonces ante los ojos incrédulos, ambiciosos y colonizadores de Europa como un gran caudal de enriquecimiento en estado casi primitivo.

Se estima que entre 1501 y 1641 llegaron a América unos 620 mil africanos, pero el tráfico masivo fue en el siglo XVIII, protagonizado sobre todo por ingleses y franceses, que transportaron más de cinco millones 500 mil, principalmente hacia posesiones azucareras en el Caribe como Barbados y Santo Domingo.

La llegada y asentamiento del africano como fuerza de trabajo reemplazante, agotadas las poblaciones aborígenes, exterminadas, casi extinguidas por el exceso de explotación física, influyó desde entonces en todas las expresiones de la vida, el pensamiento, la creación y el imaginario del americano, una parte del cual devendría ‘afroamericano’.

Puede afirmarse que el encuentro del hombre africano con el europeo ‘en territorio neutral’ se fusionó en una suerte de ‘tercera cultura’ que incluyó hasta los hábitos alimentarios y originó nuevas formas de pensamiento, entre ellas el panafricanismo, la ideología emancipadora de aquel continente.

CONSOLIDACIÃ’N DEL PANAFRICANISMO

Aunque el panafricanismo tiene su origen en el propio continente que lo justifica como agenda, parte de sus componentes integrales son de origen americano y en general extra regional.

Los elementos básicos del término nacieron con la primera gran civilización humana en el valle del Nilo, cinco mil años antes de nuestra era, y su exacerbación y despliegue vinieron con el descubrimiento y colonización del nuevo continente hace 500 años.

Aunque esa corriente ganó mucho en Occidente, como otros movimientos históricos generados en el tercer mundo que encuentran tribuna y micrófono en los países industrializados responsables de los propios males que provocaron esas reacciones, América fue una suerte de segunda patria.

Las formulaciones teóricas del panafricanismo aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX entre intelectuales afroamericanos, ante la confluencia, según el investigador guineo-ecuatoriano Ndongo-Bidyogo, de diversos factores:

El esclavismo occidental, que explotaba a los negros tanto en África como en América; el colonialismo europeo en la propia región; y la emigración hacia Estados Unidos de trabajadores y estudiantes negros que viajaron allí desde las Antillas.

En esa última región, fueron numerosas las rebeliones antiesclavistas y también los movimientos de emancipación; así como la progresiva, vasta y fructífera producción intelectual de sus afrodescendientes, elementos también vitales del panafricanismo.

PRIMEROS PROMOTORES Y FOROS

Aunque antes hubo intentos con figuras como el jamaicano J. J. Thomas, y el trinidense Henry Silvester, fue el estadounidense William Edward Burghardt Du Bois Williams el fundador en 1897 en Londres de la primera organización panafricanista.

Se trataba de una entidad denominada Asociación Africana de la cual emergieron otras similares en el sur y suroeste de África, Liberia, Estados Unidos y el Caribe.

De la unión de todas ellas surgió la Asociación Panafricana, que organizó en Londres la Primera Conferencia Panafricana en junio de 1900, con objetivos como el de asegurar los derechos civiles y políticos para ciudadanos de la región y sus descendientes.

Aparte de animador, el secretario de aquel encuentro sería otra vez Du Bois, erudito y activista de Massachusetts, primer negro doctorado en Harvard y luego profesor de Economía, Sociología e Historia en esa universidad.

Considerado el padre conceptual del panafricanismo por sus aportes teóricos y contribuciones de casi un siglo (murió a los 95 años), algunos hasta le atribuyeron la creación del término.

Pero la consagración del panafricanismo fue el V Congreso de 1945 en Manchester, Reino Unido, que lo estableció como doctrina y ganó con aportes de líderes como Kwame Nkrumah (Costa de Oro, luego Ghana) y Julius Nyerere (Tanganika, luego Tanzania).

Con el estímulo del trinitario George Padmore, considerado uno de los tres pilares no africanos del panafricanismo, junto a Dubois y al jamaicano Marcus Mosiah Garbey, el V Congreso promulgó ‘el derecho de todos los pueblos a auto gobernarse’.

NKRUMAH, ARTÍFICE DEL CONGRESO DE MANCHESTER

El líder de Ghana Nkrumah (Francis Nwla Fofie Kwame Nkrumah) fue el orador y activista más exitoso y principal ideólogo de aquel Congreso de Manchester.

Graduado de maestro en su país, de Economía y Sociología en Estados Unidos, influido por las ideas de Garbey y Padmore, Nkrumah inició su activismo por la emancipación de las colonias europeas.

En abril de 1958, el ya presidente del independizado país convocó en Accra, la nueva capital, la I Conferencia de los Estados Independientes de África, que ya eran ocho: Marruecos, Egipto, Túnez, Libia, Ghana, Sudán, Etiopía y Liberia.

Además de las innumerables reuniones dentro y fuera de África, el panafricanismo fue tomando cuerpo en organizaciones, uniones, federaciones y confederaciones de países que accedían a la plena soberanía, muchos de ellos a partir de la década de 1960.

Poco a poco, se fueron también diseñando y (re)definiendo los objetivos de una unidad continental en teoría deseada por todos los africanos, aunque con diferencias estratégicas, avances y retrocesos que signaron a la Organización para la Unidad Africana (OUA) y prevalecen en la Unión Africana (UA).