Por un futuro del trabajo más prometedor

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Por Masiel Fernández Bolaños

¿Cómo lograr un futuro del trabajo más prometedor en un mundo donde millones de personas están desempleadas o realizan labores que no les permiten tener una vida digna?

Interrogantes como esa animan con frecuencia la realización de investigaciones para analizar la situación del mercado laboral y exhortar a los decisores a adoptar medidas que permiten mejorar la existencia de muchos seres humanos.

Según el Informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2018, la tasa de desempleo mundial se situó en 5,6 por ciento, con un número total de parados superior a 192 millones.

En 2017, el crecimiento mundial de los salarios cayó a su nivel más bajo desde 2008, muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis financiera mundial, acorde con un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Unido a ello, un estudio mundial sobre Salarios 2018/2019 constata que en términos reales (ajustados a la inflación) el crecimiento mundial del salario se desaceleró, pasó de 2,4 por ciento en 2016 a 1,8 por ciento en 2017.

Una de las pesquisas más recientes sobre el entorno laboral la realizó la Comisión Mundial de la OIT sobre el Futuro del Trabajo.

La Comisión insta a los gobiernos a comprometerse a adoptar una serie de medidas a fin de hacer frente a los desafíos generados por los profundos cambios sin precedentes que tienen lugar en el mundo del trabajo.

Copresidida por el presidente de Sudáfrica Ciryl Ramaphosa y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven, propone una visión de un programa centrado en las personas, basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible.

En tal sentido recomienda una garantía universal de empleo que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores, garantice un salario que permita un nivel de vida digno, horas de trabajo limitadas y lugares de trabajo seguros y saludables.

También se pronuncia por una protección social garantizada desde el nacimiento hasta la vejez que atienda las necesidades de las personas a lo largo de su ciclo de vida; un derecho universal al aprendizaje permanente que permita que los individuos se formen, adquieran nuevas competencias y mejoren sus cualificaciones; y una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente, incluso a través de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo.

La investigación se refiere además a la importancia de mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado; de una agenda transformadora a favor de la igualdad de género; y de la reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.

‘Nos esperan innumerables oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, ampliar las opciones disponibles, cerrar la brecha de género, revertir los estragos causados por las desigualdades a nivel mundial y mucho más. Sin embargo, nada de ello ocurrirá por sí mismo. Sin esas medidas enérgicas, nos dirigiremos a un mundo en el que se ahondarán las desigualdades e incertidumbres existentes,’ señala el informe.

Asimismo, describe los desafíos planteados por las nuevas tecnologías, el cambio climático y el cambio demográfico, y hace un llamado a favor de una respuesta colectiva a escala mundial ante los trastornos que estos ocasionan en el mundo del trabajo.

La inteligencia artificial, la automatización y la robótica darán lugar a una pérdida de empleos, en la medida que las competencias se volverán obsoletas. Sin embargo, estos mismos avances tecnológicos, junto a la ecologización de las economías, también crearán millones de empleos si se aprovechan las nuevas oportunidades.

Este informe es el resultado de un examen realizado durante 15 meses por los 27 miembros de la Comisión Mundial, constituida por personalidades del mundo empresarial, laboral y académico, grupos de reflexión y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, detalla la OIT en su sitio web.

Según Ramaphosa, el Informe es una contribución vital para lograr comprender los cambios que se producen, y que continuarán en desarrollo en el mundo del trabajo.

Debe estimular el compromiso y las asociaciones dentro de las jurisdicciones nacionales y regionales, y entre ellas, para asegurar que la economía mundial y las sociedades sean más equitativas, justas e inclusivas. Al mismo tiempo, debe inspirar una acción mundial para contener o eliminar los desafíos que la humanidad se ha impuesto a sí misma en el curso de la historia, opina.

Por su parte, Löfven apunta que el mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos.

Este tipo de diálogo social puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos, añade.

El informe además se refiere al ‘papel único’ que la OIT debe desempeñar en la elaboración y puesta en práctica del ‘programa centrado en las personas’ en el sistema internacional y exhorta a la Organización a dar prioridad a la implementación de las recomendaciones.

El director general de la OIT, Guy Ryder, expresó que las cuestiones destacadas en este estudio son relevantes para las personas en todas partes y para el planeta.

‘Pueden ser desafiantes, pero si las ignoramos lo hacemos por nuestra cuenta y riesgo. El mandato de la OIT, que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores de todos las regiones del mundo, significa que la Organización está bien situada para servir de brújula y de guía para contribuir a abrir nuevas perspectivas en el trabajo para las futuras generaciones’, enfatizó.