Por las venas de la cultura en laberíntico bazar egipcio

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Texto y Fotos: Adalys Pilar Mireles

En las entrañas de El Cairo, el bazar Khan El-Khalili conserva su poder seductor como zona de comercio y vitrina de mixtura en cuyas callejuelas artífices moldean con sus manos muchas de las joyas a la venta.

Repleto de mercaderes y visitantes, el zoco convida a desandar sus calles una y otra vez en busca de las más puras u originales esencias de remotas fragancias, algunas inspiradas en lo que se cree fueron las preferidas por faraonas como Cleopatra.

Pequeñas estatuas alegóricas al Antiguo Egipto, así como prendas de oro y plata cautivan a los recién llegados junto a viejas lámparas colgantes y otras que evocan la leyenda del genio de Aladino, sin olvidar alfombras, tejidos, especias y todo tipo de vestuario, tanto típico como foráneo.

Rodeado de emblemáticas mezquitas, minaretes y vetustas calles como Al Moez, construida en el siglo X, el bazar tiene sus raíces en el año 1383 cuando surgió como gran posada o sitio de descanso para los comerciantes, por aquel entonces llamada caravasar.

Con insaciable caminantes, algunos desorientados entre los incontable puntos de ventas recorrer Khan El Khalili o Jan El Jalili acompañado por un egipcio ‘nacido y criado’ en este entorno produce una sensación completamente diferente sobre todo si queremos tener una idea, al menos inicial, de lo que ocurre tras ‘los telones’ de los turísticos itinerarios.

Luego de husmear entre vetustas construcciones, perchas colocadas en plena calle y cajuelas con frutas, sin perder de vista a motociclistas, causa asombro hallar mini fábricas donde los lugareños crean cofres de nácar proveniente de las inmediaciones del mar Rojo, sortijas con piedras preciosas, perfumes a partir de secretas mezclas y deslumbrantes papiros.

Se trata de una práctica defendida por varias generaciones, los bisabuelos comenzaron este arte que nos enorgullece, comentó a Prensa Latina Mohamed Hassan, dueño de una tienda dedicada a exhibir y comercializar los llamativos soportes (otrora exclusivamente para escritura) obtenidos a partir de una hierba muy común en el río Nilo.

La materia prima viene directamente desde el delta, luego hacemos las pinturas de manera artesanal, explicó el vendedor sin esconder su satisfacción por el resultado.

Entre las ilustraciones de los papiros sobresalen escenas en las que recrean bodas de algunos de los más célebres gobernantes de la civilización faraónica, momentos cuando disfrutaban de la música salida de las arpas, la silueta de renombradas reinas como Nefertiti o la máscara de Tutankamón.

Además de su autenticidad, muchos de los papiros atesoran dos pinturas, una visible a la luz del día y otra en la ausencia de ella.

Así que Nefertiti comparte el mismo espacio con la llave de la vida, afirmó Hassan a quien pude conocer gracias a la hospitalidad de Hassín, un anfitrión sin par dispuesto a develar secretos de callejones que parecen interminables entre puertas de siglos, pequeñas fondas donde no faltan las recetas a base de carnero y en determinados puntos de paloma , puntos de paloma (pichones).

‘No hay Alí Babá’, repitió varias veces para recordar el personaje de Las Mil y una Noche y alejar cualquier sospecha dentro del grupo de extranjeros que por fortuna decidimos seguirlo en ese recorrido único a través de las venas de Egipto.