Paz entre Etiopía-Eritrea, un nuevo comienzo para el Cuerno de África

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El presidente de Eritrea, Isaias Afewerki, rompió semanas de silencio para responder positivamente al llamado conciliador de Etiopía, con lo que da esperanzas a un nuevo comienzo en el Cuerno de África.

Un conflicto fronterizo brutal e infructuoso entre los dos países terminó hace dos décadas; desde entonces, ambos mantuvieron un clima de tensión, matizado por enfrentamientos de pequeña escala en toda la zona limítrofe.

La larga guerra fría obstaculizó el desarrollo económico, congeló las relaciones políticas y ayudó a justificar la represión interna, sobre todo por parte de Asmara, pero ahora puede estarse descongelando gracias a una concesión sin precedentes del gobierno etíope, exigida durante mucho tiempo por el vecino territorio, apuntaron los académicos.

Según los estudiosos locales, la sostenibilidad del progreso en cualquier sociedad depende en gran medida de la prevalencia de la paz y la estabilidad.

Ese elemento desempeña un papel crucial para impulsar el crecimiento, porque moldea la forma en que evoluciona la economía y el desempeño humano, subrayó el comentarista Robel Yohannes.

Las diferencias no siempre son perjudiciales. Por el contrario, si se reflejan de la manera adecuada y se entretejen en consecuencia, pueden ser constructivas y desempeñar un papel crucial en la revelación de lo oscuro y en mostrar el camino correcto, apuntó Yohannes.

Sin embargo, el problema comienza cuando se agitan violentamente y ponen en peligro la cohesión social; eso es lo que intenta cambiar el primer ministro, Abiy Ahmed, al llamar a Afewerki a la negociación y al entendimiento, añadió.

‘Enviaremos una delegación a Addis Abeba para evaluar los acontecimientos actuales directamente y en profundidad, así como para trazar un plan para una acción futura continua’, aseguró el mandatario eritreo en un discurso del Día de los Mártires, conmemorando a los muertos en la prolongada lucha por la separación de Etiopía.

No está claro cuándo viajará la comitiva, pero Rashid Abdi, director para el Cuerno de África en International Crisis Group, cree que una oportunidad brillante está al alcance.

‘Ambos países deberían aprovechar esta disponibilidad histórica para entablar un diálogo serio con miras a encontrar un tratado de paz duradero’, dijo.

Para Abdi, aún se debe esperar para ver, pues el jefe de Estado no llegó a calificar la comisión como una delegación de paz y tuvo palabras amargas para el Frente de Liberación del Pueblo Tigray (TPLF), uno de los partidos de la gobernante coalición etíope.

‘Etiopía está ahora en un punto de inflexión’, consideró’. Aunque requerirá tiempo y esfuerzos para eliminar el legado tóxico y maligno del TPLF y provocar un clima agradable, la dirección positiva que se ha puesto en marcha es clara como el agua’.

Además, advirtió que algunos intransigentes buscarán ‘la perpetuación de la tensión con Eritrea’ y frustrarán los esfuerzos para ‘una solución duradera al diferendo sin sentido que desataron’.

En los últimos días, miembros de la mencionada facción dejaron claro que no permitirán al flamante gobernante etíope entregar la ciudad de Badme, epicentro del desacuerdo sobre la frontera, sin que Asmara haga concesiones aún mayores.

De cualquier forma, Ahmed, de 41 años, se ha movido rápidamente desde su juramentación en abril para poner fin a años de protestas contra las autoridades y de estancamiento en diversos temas.

En tanto, Afewerki tiene tras sí una reputación no muy favorable, pues, en opinión de los críticos, justificó durante mucho tiempo su administración restrictiva, al imponer normativas coercitivas como necesidades para defenderse contra su colindante mucho más grande, y desestimó incluso adoptar una Constitución.

Eritrea formó parte de Etiopía y comprendió toda su línea de costa hasta 1993, cuando la población votó por la independencia, dejándole sin salida al mar.

En 1998, un desacuerdo sobre la demarcación de la frontera compartida provocó la guerra, que causó unos 80 mil muertos.

Una comisión respaldada por la ONU en 2002 dividió el territorio disputado y le concedió Badme a los eritreos, aunque Addis Abeba rechazó hasta ahora la decisión.