Paz en el cuerno africano, ¿la hora del cambio para los eritreos?

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Por Richard Ruíz Julién
Dos meses después del restablecimiento de relaciones con Etiopía, los eritreos ven con esperanza el futuro que se abre ante ellos, pero continúan a la espera de cambios reales, a consideración de expertos.
Gobernado por el presidente Isaias Afewerki desde 1993, Eritrea ha ocupado siempre un lugar destacado en los informes, más o menos confiables, sobre la situación de derechos humanos, destacaron los analistas.

Pero sin duda, si hay un elemento que ha marcado la vida de los residentes de ese país ha sido el servicio militar obligatorio, cuya duración prevista oficialmente es de 18 meses pero prolongada durante años en algunos casos, detalló a Prensa Latina el investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Bilal Derso.

Este es uno de los principales argumentos que motiva a miles de jóvenes, e incluso adolescentes, a abandonar cada año la nación.

‘¿Cómo puede uno vivir en un lugar en que no tiene control sobre su vida?’, se planteaba Simon, de 25 años, refugiado en Etiopía y que recibe apoyo de Médicos Sin Fronteras.

Según él, es el Ejército eritreo el que decide qué se estudia y en qué se trabaja.

‘Yo realmente no quería convertirme en refugiado’ pero ‘sentía que la única manera que tenía de poder elegir libremente qué hacer y ser capaz de tener una vida decente era dejando el país’, explicó.

Muchos de los que huyen son menores de edad, quienes viajan solos o con otros como ellos, mientras tratan de evitar ser enrolados, aunque se jueguen la vida en el intento, pues los soldados no dudan en disparar en la frontera, aseguró Derso.

Entre los que se van también hay chicas, como Winta, que vive en el campamento de Hitsats (Etiopía) junto a varias muchachas más.

‘A todas nos daba miedo terminar en el Ejército y perder la oportunidad de conseguir una educación. En las milicias uno nunca termina y no se tiene elección. Vienen a por ti, quizá en medio de la noche. Por eso muchas de nosotras tuvimos que marcharnos’.

En total, según los últimos datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, hay más de 486 mil 200 eritreos diseminados por el mundo, principalmente en Etiopía y Sudán, pero también en Israel y Europa.

Son uno de los principales grupos que llegan al vecino continente, con Italia como puerta de entrada, donde suponen la segunda nacionalidad por detrás de los tunecinos.

La ministra de Empleo eritrea, Luul Gebreab, dijo que tras la paz con Addis Abeba ‘definitivamente quedará un Ejército más pequeño’ e indicó que se estaban estudiando los efectos que la desmovilización podría tener y los sectores en los cuales podrían pasar a trabajar los ya exmilitares.

Por su parte, el ministro de Información, Yemane Gebreab, indicó que el servicio militar no ha sido modificado ‘aún’, pero es ‘cuestión de tiempo’ que se produzca un anuncio en ese sentido, si bien no dio más detalles al respecto.

‘Hasta donde sé, las autoridades están planeando actualmente cómo ofrecer oportunidades fuera del servicio nacional para aquellos que actualmente están en él’, señaló la coordinadora residente de la ONU en Eritrea, Susan Namondo Ngongi, quien asegura que los nacionales ‘han recibido la paz regional con mucha esperanza y optimismo por un futuro más prometedor’.

En su opinión, el acuerdo tendrá ‘un gran impacto en las vidas de la población’, especialmente en el plano económico, ya que se abrirán oportunidades comerciales muy beneficiosas.

La falta de seguridad paralizó, a su consideración, el desarrollo de Eritrea, por lo que ahora espera ‘se embarque en aplicar una agenda de desarrollo ambiciosa que haga crecer y diversificar su economía y servicios sociales, garantizando igualdad de oportunidades para todos’.

‘Los cimientos son buenos: un pueblo trabajador y disciplinado’, concluyó Ngongi.