Pascua etíope, llamado a la paz y la reconciliación nacional

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Por Richard Ruíz Julién
Líderes religiosos de Etiopía instaron a la sociedad a avivar los sentimientos de unidad nacional, hermandad y amor, en función de lograr el anhelado ascenso socio-económico.

El llamado de paz y reconciliación se produce en consonancia con la jornada que este domingo vive el país, de tradiciones religiosas muy arraigadas y que celebra la pascua como una enorme fiesta nacional.

Abune Mathias, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía, señaló que cada momento de la vida debe servir como una Pascua para hacer caridad y demostrar santidad.

Tal día debería amplificar el mérito de vivir con paz y tolerancia, resaltó Mathias.

Hizo hincapié en que, tras los disturbios del pasado, la nación había experimentado pérdidas de vidas y destrucción material.

Pero ahora la tranquilidad tomó una vez más el control del consenso nacional alcanzado a través de una profunda deliberación, señaló.

‘Ahora es hora de que centremos nuestra atención en la mentalidad moderna y démos prioridad a la unidad pública y al desarrollo de la nación’, concluyó el líder religioso.

Por su parte, el Arzobispo Cardenal Berhaneyesus Souraphiel, de la Iglesia Católica Etíope, refirió la necesidad de sensibilizar y ayudar a los jóvenes a tener una responsabilidad y una misión cruciales en la comunidad.

Como la generación sucesora, los jóvenes, por su parte, deben estar listos para llevar a cabo las responsabilidades que se les encomiendan, transformar la nación y formar ciudadanos productivos a partir de ellos mismos, puntualizó Souraphiel.

En tanto, el reverendo Yonas Yigezu, presidente de la Iglesia Evangélica de Etiopía, manifestó que la paz y la estabilidad duraderas requieren esfuerzos adicionales tanto del pueblo como del gobierno.

Más allá de todo, las autoridades y la ciudadanía tienen que afinarse unos a otros y cooperar para potenciar el sistema de justicia, aseguró.

Señaló también que los etíopes deberían comprender que la diversidad del país no es solo una fuente de belleza, sino de fortaleza y prosperidad.

Hay que dar tiempo para la reforma que el gobierno está realizando con su participación activa, constructiva y pacífica en el proceso; tenemos que reemplazar las penas y arrepentimientos previos con perspectivas positivas que nos depara el futuro, instó.

Unos 40 días antes de la Pascua, los cristianos etíopes cumplen con rigor y seriedad con el ayuno, el cual les prohíbe comer nada entre la salida y la puesta del sol.

Sin embargo, los actos principales de la celebración pascual se concentran en los últimos cuatro días, coincidiendo con el resto de las comunidades cristianas del mundo.

La noche del Jueves Santo conmemoran la Última Cena partiendo el pan dabbo -rememorando así el gesto y las palabras de Cristo, tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros- y comiendo el gulban, un estofado de alubias y trigo.

A su vez, el Viernes Santo es un día de ayuno y oración.

Todo los mayores de edad están obligados a cumplir con el ayuno de precepto, llamado akfilt, que se prolonga hasta la siete de la tarde del Sábado Santo, cuando por fin pueden romperlo.

Así, durante ese día, las ciudades explotan en bullicio y actividad.

El fin del ayuno está cerca, por lo que tanto hombres como mujeres preparan todo lo necesario para la fiesta nocturna.

Los religiosos rezan y cantan himnos esperando a que caiga la noche, ya que a las nueve comienzan los festejos de la Resurrección. Reparten juncos verdes entre la gente, que esperan con ellos la bendición.

La cena que se sirve en casa tras el rito es, con diferencia, una de las más esperadas del año.

Todos se reúnen en los hogares con sus familiares y amigos para disfrutar de un opíparo banquete que, en no pocas ocasiones, acaba en estruendosa borrachera.

Al amanecer del Domingo de Resurrección, se prepara el desayuno con los restos de la cena y todo el mundo se viste con sus ropas nuevas de fiesta, ya que hay que celebrar con alegría de la Resurrección.

Es costumbre que las familias se inviten entre sí a comer, y que los sacerdotes y los ancianos reciban regalos, normalmente de comida.