Opositor keniano acusa a su líder Raila Odinga de traidor

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El inesperado anuncio de reconciliación entre el presidente keniano, Uhuru Kenyatta, y su rival jurado, Raila Odinga, desató una maremoto de críticas sobre el segundo, calificado de traidor.

Kenyatta y Odinga se reunieron este viernes en la sede del Ejecutivo, se comprometieron a trabajar de conjunto por unir a los kenianos y dieron por terminado el conflicto personal que los opone hace años y se agravó tras los comicios generales de octubre.

Resulta injustificable la decisión errática e irracional del señor Odinga de traicionar la lucha por la justicia electoral, la cultura de impunidad y el abuso flagrante de los derechos humanos han devenido rutinarios bajo el régimen ilegítimo de Uhuru Kenyatta y (su vicepresidente) William Ruto, declaró en Canadá el abogado Miguna Miguna.

Mientras Odinga y Kenyatta brindan, se abrazan y ríen en Nairobi, sigo abandonado en Canadá porque juramenté al primero en enero; estoy aquí contra mi voluntad y a pesar de mi derecho natal de estar en Kenya porque el régimen de Kenyatta y Ruto violan mis derechos constitucionales y humanos, declaró Miguna.

En ese sentido añadió que la reconciliación de ambos rivales es ‘una traición de los cientos de inocentes kenianos que perdieron sus vidas luchando por la democracia y en defensa de las escamoteadas victorias electorales de Odinga’.

Los puentes de los que hablan Raila Odinga y Uhuru Kenyatta convertirán a Kenya en una monarquía despótica y autoritaria de ambos, añadió.

Acorde con Miguna, casi 400 personas, entre ellas menores, ‘fueron masacrados’ en choques con las fuerzas del orden durante protestas callejeras contra los resultados de la consulta; las autoridades admiten la muerte de unas 40, entre ellas agentes del orden.

El letrado fue deportado al país norteamericano por asistir en enero en la juramentación de Odinga como presidente paralelo a Kenyatta, proclamado ganador de la segunda vuelta de los comicios en octubre a los cuales Odinga y su coalición Superalianza Nacional (NASA, en inglés) se abstuvieron de acudir.

Odinga demandó y ganó a mediados del año pasado un pleito en el Tribunal Supremo por la anulación de los comicios de agosto, basado en manipulación ilegal de los resultados de la votación a favor de Kenyatta.

Sin embargo, no logró que la instancia judicial pospusiera la segunda vuelta de los comicios, ni el arresto y destitución de la Comisión Electoral Independiente y la abrogación de la Ley Electoral y promulgación de una nueva.

La reconciliación semeja a la ocurrida en 2007 cuando Odinga alcanzó un acuerdo con el presidente electo Mwai Kibaki para ejercer el cargo de primer ministro, después de choques callejeros en los que murieron mil 200 personas y gracias a una mediación del entonces secretario general de la ONU, el ghanés Kofi Annan.

El inesperado encuentro pone fin, al menos en lo inmediato, al conflicto institucional desatado por la juramentación de Odinga como presidente alternativo, calificado por las autoridades de acto de sedición, delito castigado en Kenya con la pena capital.

Aunque se esperaba una reacción fulminante y dura, las autoridades optaron por expeler del país a algunos de los principales asesores de Odinga en la NASA y detener a otros, al parecer como advertencia, pero sin tocar a Odinga.

Un factor que puede haber influido en el ánimo de Odinga fue la petición a Odfinga de los embajadores aquí de Estados Unidos y otras potencias occidentales para que depusiera su rebelión y dialogara con el mandatario, respondida con acritud por voceros de la NASA, que la calificaron de inadmisible intromisión en los asuntos internos kenianos.

Otro es del ámbito económico, pues la pugna entre ambos hombres ralentizó el crecimiento económico de Kenya, uno de los países con mejor pronóstico en el este africano.

El conflicto entre Kenyatta y Odinga asimismo está marcado por un tinte étnico, pues el primero es de la tribu kikuyu, predominante en la vida política keniana, y Odinga de la luo, importante, pero minoritaria.