Oportunismo militar de Washington, tras atentados en Somalia

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Por Antonio Paneque Brizuela
Washington incrementó las operaciones militares en Somalia y aumentó allí su presencia, en lo que muchos consideran una decisión oportunista bajo el pretexto de enfrentar la escalada de atentados terroristas en aquel país africano.

Los ataques de efectivos estadounidenses en particular contra el grupo extremista Al Shabab, considerado terrorista por la comunidad internacional, causó a los insurgentes en enero y febrero últimos numerosas bajas, entre ellas varias mortales.

Parte importante de esas acciones en territorio somalí, en coordinación con el Ejército local según el denominado Mando militar de Estados Unidos en África, fue la del 21 de febrero último en el sur del país, con saldo de cuatro irregulares caídos.

‘Entendemos que no han muerto civiles en este ataque’, declaró esa instancia estadounidense, aunque es conocido que tanto estas operaciones reconocidas, como otras más encubiertos mediante drones y tropas especiales, ocasionan graves pérdidas humanas entre la población.

La acción estadounidense en la localidad meridional de Jamaame fue la segunda en 72 horas, tras una el 19 de febrero cerca de la demarcación de Jilib con balance de tres muertos entre las filas de Al Shabab.

Apenas un mes antes, las fuerzas de Washington confirmaron otro ataque el 18 de enero en la región central de Shabelle, donde sus tropas mataron a otros cinco integristas y liberaron a 30 niños reclutados por Al Shabab durante 2017.

Aquel año, por cierto, fue fatídico por la frecuencia y letalidad de los ataques terroristas, entre los que sobresalió el del 14 de octubre, que por su envergadura de 512 muertos se convirtió en el segundo de la historia después del de las Torres Gemelas en septiembre de 2011, y entre cuyas consecuencias figuró la decisión de Washington de aumentar sus tropas en el país.

De acuerdo con estadísticas del Pentágono, las Fuerzas Armadas estadounidenses ejecutaron 35 ataques en 2017 contra combatientes de Al Shabab y del Estado Islámico, en los que perecieron unos 200 presuntos terroristas.

El gobierno de Estados Unidos reiteró su habitual discurso de que utilizará ‘todas las medidas autorizadas y apropiadas’ frente a amenazas contra sus ciudadanos, en alusión a los ataques islamistas contra cualquier objetivo que considere enemigo.

ESTRATEGIA FRENTE AL CAOS

Es un hecho que la estrategia general de Washington en el país africano es aprovechar el caos generado por atentados como el del 14 de octubre último para fortalecer sus posibilidades de control.

La nueva campaña estadounidense fue anunciada apenas días después del doble ataque mediante dos camiones con explosivos, cuya cifra inicial anunciada de 358 muertos fue rectificada por la de 512 el 2 de diciembre último por un denominado Comité de Operaciones de Emergencia.

Una declaración entonces del Departamento de Defensa confirmó sus preparativos para el reforzamiento de sus efectivos en el Estado africano, comprendidos asesores, estimados por fuentes contrastantes en unos 400.

El gobierno estadounidense firmó con Mogadiscio otro pacto ‘de cooperación’ el 5 de diciembre pasado, también como parte de esa estrategia posterior al atentado, esta vez sin reivindicar, del grupo islamista Al Shabab, pero atribuido a esa organización.

TRAS LA SEGUNDA DERROTA DESPUÉS DE VIETNAM

En general, todos los movimientos de la potencia norteña se encaminan a aumentar su presencia militar en aquel país, iniciada en 1992 y frustrada en octubre de 1993 por la mayor derrota de su ejército tras la de Vietnam, esta vez frente a un reducido grupo de guerrilleros.

Esas movidas oficiales se corresponden con frecuentes declaraciones de Washington sobre el incremento de su presencia militar y diplomática en Somalia, donde aquel estrepitoso descalabro de la potencia occidental hace 24 años obligó a retirar sus tropas al entonces presidente William Clinton.

El nuevo affaire belicista recuerda antecedentes similares previos a aquella derrota de la operación emprendida desde 1992 por el presidente George H. W. Bush, y nombrada, paradójicamente, ‘Restaurar la Esperanza’.

Las dimensiones y dramaturgia del tropiezo fueron tales que medios como la literatura y el cine lo inmortalizaron en el libro y su película homónima ‘La caída del halcón negro’ (Black Hawk Down).

‘Estaremos preparados para apoyar al gobierno de Somalia cuando lo pida. Ahora analizamos qué podemos aportar’, subraya un texto difundido por el Departamento de Defensa, horas después de las explosiones de los dos vehículos en la zona más céntrica y poblada de Mogadiscio.

SEGUNDO MAYOR ATENTADO DE LA HISTORIA

Aunque, obviamente, la catástrofe somalí por el atentado del 14 de octubre tiene aún muchos lados ocultos, tampoco ninguna nación occidental u organismo muestra interés por develar sus misterios y ya casi ningún medio habla sobre ella.

La explosión fue causada por una potente carga de 500 kilogramos, que causó en total 869 bajas, incluidos 295 heridos y alrededor de 70 desaparecidos.

Una parte de las víctimas fue reducida a cenizas en edificios como el Safari Hotel, donde unas 200 quedaron atrapadas y otras perecieron calcinadas en el incendio de decenas de vehículos que circulaban por la zona.

El estallido fue más destructivo porque se produjo un sábado por la tarde en la intersección de una arteria capitalina muy concurrida del distrito de Hodan.

Unos 160 de los muertos causados en esa zona comercial de negocios, hoteles, oficinas, comercios y restaurantes, fueron enterrados sin identificar, a causa de la desintegración o deformación de sus cuerpos.

La peor acción homicida en la historia de Somalia y de África, que algunos medios calificaron de ’11 de septiembre somalí’, removió históricas interrogantes de especialistas y ciudadanos comunes.

Entre estas últimas sobresale la de ‘por qué uno de los ataques más mortíferos del mundo no atrae tanta atención como las agresiones de extremistas en otras partes’, como publicó un medio de prensa.

Mientras tanto, fuentes especializadas en este tipo de estadísticas fatales recapitulan sobre récords anteriores:

Los peores atentados antes de este fueron los del 11 de septiembre de 2001 por el impacto de aviones en Nueva York, Washington DC y Pensilvania, con tres mil muertos; y el del 1 de septiembre de 2004 en Rusia ejecutado por extremistas chechenos que causaron 331 fallecidos en Osetia del Norte.