Oculistas chinos devuelven la luz a pacientes africanos

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La doctora Liu Hua, de 54 años, se acuerda de vez en cuando de su joven amigo Nshimirimana Thierry, de Burundi, país del este de África, quien recuperó la visión después de que lo operase de cataratas el año pasado.

«Nunca olvidaré su pura sonrisa cuando se le retiraron las vendas», cuenta Liu, oftalmóloga de la provincia noroccidental china de Liaoning. «Llevaba ciego más de tres meses», señala.

Liu fue una de los miles de trabajadores sanitarios que China mandó a 41 países africanos en 2016. Su desempeño fue celebrado calurosamente durante la conferencia «La cooperación de la salud China-Africa, del compromiso a la acción», desarrollada la semana pasada en Pretoria, Suráfrica.

Representantes de 31 países africanos alabaron el apoyo que China les ofrece con acciones como la firma de un acuerdo para operar sin costo a los afectados de cataratas. Este tipo de acuerdos no son nuevos, sino que llevan en marcha desde la aprobación de la Iniciativa de la Acción Luminosa China-Africa en 2010. Los viajes de médicos chinos para tratar este problema ocular se repiten con frecuencia.

De acuerdo con Liu, la mayoría de los pacientes de cataratas de Africa no pueden ser tratados por el elevado costo del proceso y la escasez de profesionales e instalaciones médicas.

Liu fue a Yemen en 2011 como miembro del equipo de la iniciativa y allí quedó profundamente conmovida por las condiciones de pobreza de la población. Inspirada por la experiencia, decidió retornar a Africa sin vacilar.

Junto con cuatro de los mejores oculistas de la provincia noroccidental china de Qinghai, voló a Burundi en un viaje que tomó más de 20 horas y en solo una semana operó más de 200 cataratas.

«El día de más trabajo hice 29 intervenciones», rememora. «Thierry fue el paciente más joven, tenía 15 años. Me contó que su sueño era poder jugar al fútbol».

La médica aún recuerda cuando se encontró con Thierry por primera vez en el Hospital del Príncipe Regente Carlos de Bujumbura, la capital, y la abuela del joven le suplicaba ayuda y le explicaba que el adolescente era su único familiar vivo después del fallecimiento de sus padres y su abuelo años antes.

«La señora me dijo que Thierry se había visto obligado a abandonar la escuela por su ceguera y que no podía imaginar qué sería de él», evoca.

Liu sintió un gran alivio al comprobar la alegría de Thierry luego de la operación. «Hasta los vecinos se emocionaron y se les saltaron las lágrimas», relata.

A pesar de ser el hospital público más grande del país, el Príncipe Regente Carlos no cuenta con oftalmólogos, por no hablar de la falta de aparatos médicos y los frecuentes apagones. Además, la barrera del idioma y la difícil situación de los pacientes aumentan las dificultades para el personal médico chino.

Zhao Junmei, veterana especialista oftalmóloga con más de 20 años de experiencia trabajando en el Hospital Oftalmológico de Shanxi, en el noroeste de China, operó de la vista a casi 300 personas en Camerún durante un mes el año pasado.

«Las condiciones de pobreza eran peor de lo que esperaba: ni siquiera tenían quirófano», recuerda. «Me prometí a mí misma no fallar porque esta era la única oportunidad para estas personas de ver la luz».

Las cirugías conllevan la implantación de lentes artificiales en los ojos del paciente para recuperar la visión, lentes que fueron provistas por la empresa china Eyebright Medical Technology.

«Me hace sentir orgullosa que una compañía china sea experta en la tecnología necesaria y no tengamos que depender de los caros productos foráneos», expresa.

Zhao tardaba dos horas todos los días en llegar al hospital en autobús y al llegar siempre la esperaban numerosos pacientes.

«Incluso venían de otros países «, apunta. «Casi todos los días tenía que almorzar junto a la mesa de operaciones», añade.

El día más inolvidable que vivió durante su misión en Africa fue aquel en el que asistió a 11 pacientes de cataratas que también eran portadores del VIH o enfermos de sida.

«Todos los pacientes, también los que sufren de VIH o sida, tiene derecho a recibir tratamiento», opina Zhao. «No entiendo su idioma pero las sonrisas son universales. Nunca me cansaré de verles sonreír».