Nuevo mandatario somalí hereda situación de conflicto

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El electo presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi Farmajo, enfrenta una crisis interna debido a un bajo control sobre el grupo terrorista Al Shabab y sus actividades en este territorio, afirmaron hoy analistas.

Tras su designación, el mandatario heredó una situación de conflicto que se profundizó con la arraigada corrupción existente y las rivalidades en una estructura de clanes, lo cual domina la política somalí.

Conocido como Farmajo, el recién electo gobernante tiene ‘voluntad para imponerse y un discurso nacionalista, elementos recordados con cariño por los somalíes desde su época como primer ministro’, sin embargo, advirtieron analistas, ‘estos podrían ser los mayores obstáculos de Mohamed cuando se trata de reconstruir el país’.

Agregaron los expertos que el nuevo jefe de Gobierno heredó problemas ‘que atormentaron a Somalia durante tres décadas y no desaparecerán ahora con él de presidente’, según reproduce la publicación The Guardian Nigeria.

Un nacionalismo arriesgado, señalaron especialistas; una Somalia que opera bajo una constitución provisional, con muy poco en la forma de estructuras administrativas, como el ejército, el banco central, la administración fiscal y la comisión electoral. Todas las cuales son aún rudimentarias.

Entendidos destacaron que la construcción de un Estado somalí requerirá de esfuerzos en regiones como Puntland y Jubaland, definir adecuadamente la agenda federal -que ya ha sido un hueso duro de roer y discordante-, y luego reestructurar todo ese mecanismo y estabilizar el país.

Implicados en el estudio sobre cómo reconstruir a la empobrecida nación africana señalaron que otro problema que Farmajo tendrá que enfrentar pasa por la tensa relación con la vecina Etiopía. Ambos países tienen una larga historia de conflicto por ocupación de territorios.

Etiopía envió en varias ocasiones tropas a Somalia para luchar contra los insurgentes y su ‘poderosa presencia militar’ muchos lo perciben como intromisión política.

Otros estudiosos sugieren que si el nuevo mandatario quiere reajustar la relación entre Somalia y Etiopía, tiene que ser muy cuidadoso; porque si usa la vieja retórica anti-Etiopía pronto se encontrará con problemas.

Cuando fue primer ministro por solo ocho meses Farmajo se ganó a los somalíes con sus esfuerzos para mejorar la gobernabilidad.

Su nacionalismo en el que trató de revivir el orgullo somalí fue bien considerado; eliminó el número de ministros del gobierno y prohibió viajes no esenciales al extranjero de funcionarios, a la par de lanzar un programa para anti corrupción, relacionaron expertos.

Por ello, para reconstruir ahora el país africano, el nuevo gobernante requerirá negociaciones cuidadosas y con buenas estrategias, concluyeron analistas.