Nigeria y la heredad de un suelo empobrecido

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Por Daimarelys Pérez
La violencia en Nigeria no parece acabar nunca y este año fue para la insurgencia terreno fértil en el noroeste del país, donde el grupo terrorista Boko Haram protagonizó secuestros, atentados y agresiones en disímiles formas.

Según pronósticos de la Organización de las Naciones Unidas, 5,1 millones de personas en Nigeria sufrirán graves carencias de víveres durante 2017 debido al conflicto armado en la zona donde las minas colocadas por los extremistas impidieron el cultivo de la tierra.

El estado de Borno se considera el epicentro del terror y donde las víctimas sufren violentos ataques perpetrados por la agrupación fundamentalista que extendió sus acciones durante 2016 a los Estados de Chad, Camerún y Níger.

Los embates de esas agresiones y más aún, la dimensión del sufrimiento humano provocaron el desplazamiento de millones de personas hacia otras partes de Nigeria y el exterior, quienes viven en campamentos desde que comenzó la insurgencia en 2009, la cual ya cobró alrededor de 20 mil muertos.

El panorama nigeriano en materia de paz en 2016 fue muy convulso e incierto, ya que sufrió altos niveles de inseguridad, falta de galenos, de equipos y asistencia primaria como el suministro de agua potable, todo lo cual dificultó el acceso a la atención médica.

La raíz de la tragedia es la causa por la cual ocurre ‘la mayor crisis en el continente africano’, de acuerdo con valoraciones de la ONU.

AGRUPACIÃ’N EXTREMISTA

Los orígenes de la secta fundamentalista nigeriana se corresponden con una lectura histórica sobre la región septentrional, que alberga los estados más pobres del país con pocas expectativas de desarrollo.

Jama’atu Ahlus-Sunnah Lidda’Awati Wal Jihad, que significa Grupo Salafista para la Propagación de las Enseñanzas del Profeta y la Yihad, es el verdadero nombre de esa formación terrorista conocida comúnmente como Boko Haram, expresión en lengua hausa.

Literalmente esa locución quiere decir ‘la educación occidental es pecado’ o ‘está prohibida’ y surgió como agrupación en 2002 bajo el liderazgo de Ustaz Mohammed Yusuf.

Desde 2009 sus acciones se centraron en ataques contra fuerzas de seguridad nigerianas e intereses gubernamentales, primero en el estado de Borno y posteriormente se extendieron a Yobe y Adamawa.

En ese año, cuando se radicaliza la agrupación y el panorama se tensa tras las detenciones de algunos miembros de la secta, posteriores revueltas causaron la muerte de casi 800 de sus integrantes y esos levantamientos concluyeron con el deceso del jefe del grupo, Ustaz Mohammed Yusuf, a quien sucedió Abubakar Shekau.

Boko Haram es hoy por hoy una agrupación extremista fortalecida bajo auspicios aún desconocidos.

FACCIÃ’N TERRORISTA CONTINÚA OPERACIONES ARMADAS

En ese Estado la facción terrorista se ensañó y continuó en 2016 sus operaciones armadas en áreas de mucha concurrencia, donde dirigió ataques, maniobras suicidas y una cruenta contienda que causó 20 mil muertos y el desplazamiento de más de dos millones de nigerianos.

A esos fundamentalistas se les acusa de disímiles crímenes en la región de la cuenca del lago Chad, y entre ellos se registra el secuestro hace dos años de más de 200 niñas escolares de una escuela en la localidad de Chibock.

Más de 20 de esas escolares quedaron libres en octubre de 2016 y se comentó acerca de posibles negociaciones entre el gobierno del presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, y Boko Haram.

Como un bumerán que arrastra todo lo que encuentra a su paso si logra llegar al objetivo preciso, la violencia sectaria y sus ataques suicidas, saqueos y matanzas indiscriminadas se incrementaron este año en el norte nigeriano y los Estados vecinos se impregnaron también del pavor que inunda la región.

Es cierto que la contrainsurgencia recuperó territorio, pero Boko Haram respondió en este período con más intensidad y reforzó sus tácticas de guerrilla, emboscó a las tropas del Ejército cuando pudo y aterrorizó a los civiles cuando no logró ganar espacio.

Otro de los factores clave de Nigeria en estos últimos 12 meses es el conflicto en el delta del Níger, el cual se originó en la década del 90 del pasado siglo entre las empresas petroleras internacionales y las comunidades residentes.

La competencia por la riqueza petrolera alimentó el terror y convirtió al país en terreno aún más prolífico para actos violentos, y en el área se percibió la militarización total con guerrillas de las comunidades que aumentaron las tensiones que hoy prevalecen allí.

Todavía hay muchos desafíos que enfrentar, por cuanto las afectaciones en la producción del hidrocarburo nigeriano mellaron una de las mayores economías de África.

Concentrado en la sureña región del delta del Níger, el caudal petrolero de la zona acumuló incertidumbres con la fuerte presencia de nuevas agrupaciones armadas causantes también de una algarabía mediática en meses recientes.

El grupo antigubernamental más sobresaliente en 2016 fue los Vengadores del Delta del Níger (NDA), que la emprendió contra la infraestructura de la producción del crudo, tanto de las entidades nacionales como de las firmas extranjeras que explotan el combustible en la región.

El NDA asestó un golpe y encajó la primera banderilla con amenazas para el sector petrolero, y sus ideas se dirigen a arruinar las posibilidades de exportación del primer renglón económico de Nigeria, hasta hace poco primer productor de África y sexto del planeta.

La baja temporal nigeriana responde de igual modo a otros factores propios de su sistema económico.

Mencionemos la persistencia con que accionaron durante este año los Vengadores del Delta del Níger, de quienes se conoce poco, aunque mostraron su disposición para ser una pieza importante en el juego político, pese a que su meta se dirige esencialmente al elemento económico.

Así, sus acciones causaron que la producción del crudo nigeriano alcanzara su nivel más bajo de los últimos 20 años.

Hoy por hoy Nigeria trata de poner fin al conflicto, pero al cierre de 2016 aún no hay un entendimiento que satisfaga las demandas de los guerrilleros del delta del Níger, y a la vez permita al gobierno del mandatario Buhari bajar el perfil de ese conflicto.

Según la ONU, Nigeria requerirá recaudar más de mil millones de dólares en 2017 para ayudar a la población del noreste del país en asistencia humanitaria.

Su plan de acción tiene como objetivo esos más de mil millones de dólares para responder a las necesidades de las poblaciones en los tres estados más afectados por la crisis nigeriana: Borno, Adamawa y Yobe.

Funcionarios del servicio de auxilio de las Naciones Unidas en Nigeria consideran que esta constituye la mayor crisis en el continente africano, la cual podría cambiar su cara con el apoyo de la comunidad internacional y el sector privado.

Esa organización calcula que 14 millones de personas necesitarán ayuda externa en 2017, sobre todo el estado de Borno tras ocho años de conflicto.

En el balance de 2016 Naciones Unidas agregó un significativo registro de personas que podrían morir por inanición, y es quizás ese el reto más importante del presidente Buhari para tratar de lograr en el norte nigeriano la estabilidad, la paz y la tranquilidad ciudadana.