Nigeria ante las elecciones más complejas de su historia

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Commission nationale électoralePor oscar redondo

Las elecciones generales en Nigeria del 28 de marzo se efectúan en un marco complejo, cuando el país sufre un período crítico ante el avance del grupo extremista islámico Boko Haram.

Un tercio de los casi 170 millones de habitantes del país, el más poblado de África, acude a las urnas en los 36 estados que integran esa República Federal por quinta vez desde que en 1999 se restableció la autoridad civil, tras una cadena de golpes de Estado ocurridos después de la independencia en 1960.

En estos comicios se elige al presidente que gobernará los próximos cuatro años, así como a los 360 miembros de la Cámara de Representantes y 109 del Senado. También se votará por los gobernadores y legisladores de los parlamentos de los estados con excepción de siete de ellos previstos para otras fechas.

Por la jefatura del Estado se enfrentan 14 candidatos en representación de igual número de partidos, pero la disputa se centra entre el actual mandatario, Goodluck Jonathan y el general en retiro Muhammadu Buhari, quien ocupó el puesto de 1983 a 1985 tras un golpe de estado.

Goodluck Ebele Jonathan (Bayelsa, 1957), estudió Zoología en la Universidad de Port Harcourt, del sur nigeriano y trabajó como inspector de educación y funcionario del servicio de protección ambiental, antes de entrar en política en 1998 en su estado natal, del cual fue gobernador hasta 2007.

Jonathan aspira ganar su segundo y último mandato. Representa al Partido Democrático Popular (PDP), considerado la fuerza política más importante de Nigeria, la cual venció en los últimos cuatro comicios.

Se trata de un cristiano procedente del sur, la región más rica del país, donde se concentran los yacimientos petrolíferos.

Tras la independencia del gigante africano, país con una amplia diversidad étnica, lingüística y religiosa, los grupos políticos y económicos pugnaron por una cuota de poder y acceso a los recursos, lo cual condujo a consecutivos golpes de Estado.

La oposición nigeriana considera que la pretensión del actual gobernante es inaceptable, debido a que desmantelaría un arreglo histórico tácito vigente desde 1999 para una alternancia en el poder entre candidatos del norte y el sur, musulmanes y cristianos, dirigida a mantener la estabilidad del país.

Tal acuerdo funcionó hasta que en 2010 murió, en su tercer año en el poder, el mandatario Umaru YarÂ�Adua, musulmán del norte y asumió Jonathan, quien entonces fungía como vicepresidente. Se postuló en 2011, para gobernar durante otro período de cuatro años.

De vencer el actual mandatario permanecería así durante nueve años un cristiano del sur lo cual -según estudiosos- podría agudizar las tensiones entre las dos comunidades mayoritarias.

Algunos de los principales analistas políticos nigerianos vaticinan la derrota del actual presidente. Recientemente el escritor y premio Nobel Wole Soyinka, quien fue su partidario, se pronunció contra su reelección y dio su respaldo a Buhari

Buhari, un musulmán del norte, es el candidato del Congreso de Todos los Progresistas (APC), integrado por la unión de cuatro partidos: el Congreso para la Acción de Nigeria, el del Cambio Progresivo, el Partido de los Pueblos de Toda Nigeria y la Gran Alianza de todos los Progresistas.

El militar retirado, de 72 años, se presenta por cuarta vez a las elecciones presidenciales luego de fracasar en los comicios de 2003, 2007 y 2011. Probablemente esta será su última oportunidad para regresar al cargo, esta vez por la vía democrática.

Sus detractores lo tachan de fanático y alertan que, de asumir la presidencia islamizará a Nigeria, donde el 50 por ciento de la población es musulmana, 35 por ciento cristiana y el resto animista. Lo acusan incluso de simpatizar con el grupo fundamentalista Boko Haram

Sin embargo, una evaluación de su trayectoria lo muestra como un hombre de «mano dura» por lo que sus simpatizantes aseguran que también logrará acabar con la secta islamista que en los últimos cinco años causó unas 13 mil muertes.

Los observadores consideran que sus posibilidades son mayores que en las ocasiones anteriores ya que el APC controla 14 de los 36 estados y tiene mayoría en la Cámara de Representantes.

Mientras los políticos se enfrentan en sus campañas, la secta radical islámica Boko Haram, con una fuerza de entre cuatro y seis mil hombres mantiene en jaque la seguridad y estabilidad del país.

En un reporte de 2005 el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos apostó que en 15 años Nigeria colapsaría y, en criterio de algunos analistas, ese mal augurio podría hacerse realidad cinco años antes, lo cual dependerá en gran medida de los que pase en estos comicios de fines de marzo.