Nigeria: Al cuarto intento regresó Buhari

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Muhammadu BuhariPor Benito Joaquín

En el cuarto intento llegó a la jefatura de Estado en Nigeria el exgeneral de División Muhammadu Buhari, de la alianza Congreso de Todos los Progresistas (APC), en una acción que marca el retorno de esa fuerza al escenario político nacional.

Al ganar en 21 de los 36 estados nigerianos y superar a su contrincante Goodluck Jonathan, del Partido Democrático Popular (PDP), por cerca de unos tres millones de votos, por vez primera en la historia del país un candidato opositor derrota en las urnas a un presidente constitucional.

El suceso ocurrió a seis lustros de la expulsión de la silla presidencial del ahora proclamado ganador de la contienda, pues Buhari ya fue presidente tras un golpe de Estado protagonizado por un denominado Consejo Supremo Militar de Nigeria, que gobernó durante 40 meses, a partir del 31 de diciembre de 1983.

En esa ocasion, fue depuesto por el llamado Consejo de Gobierno de las Fuerzas Armadas de Nigeria, que lo puso bajo arresto domiciliario y entregó el poder a otro general, Ibrahim Babangida, el 27 de agosto de 1985 y a partir de esa fecha se presentó a elecciones en 2003, 2007 y 2011, consultas en las que fue derrotado.

El resultado de los comicios del último fin de semana del mes de marzo fue reconocido inmediato por el mandatario saliente, Goodluck Jonathan, del PDP.

Bajo su gestión en el pasado siglo, ejecutó a narcotraficantes, recuperó activos saqueados al Estado y aplico medidas únicas como el envío de soldados a las calles con látigos para que hicieran valer las leyes de tránsito.

En su mandato, y ante la caída de los precios del petróleo y las afirmaciones de los nigerianos de que los extranjeros les quitaban el trabajo, ordenó la salida de casi un millón de inmigrantes que vivían en el país.

Durante aquel período de gobierno, obligó a castigos con decenas de cuclillas consecutivas a los empleados oficiales, hombres o mujeres, que llegaban tarde a sus puestos de trabajo, además de enfrentar críticas debido a la detención de periodistas y porque aprobó leyes que permitían mantener a personas presas, sin juicios previos.

En aquellos años Buhari estableció una forma moderada de la Sharía, en los estados del norte de Nigeria, donde la población residente era mayormente islámica y ahora existe el temor de que si esa aptitud se repite Buhari quedaría aislado y otras personas de su entorno dirigirían el país.

El último jueves del pasado mes Jonathan y Buhari rubricaron un pacto de reconocimiento mutuo al término de las elecciones, lo que hace poco probable la repetición de actos de violencia como los ocurridos en 2011, en que en murieron en toda Nigeria, más de 800 personas.

No obstante, en ese contexto persiste la gran amenaza de Boko Haram, cuyas milicias están aún lejos de la derrota total pese a la ofensiva multinacional de las tropas de Chad, Níger y Nigeria.

Baste recordar que el accionar de ese grupo extremista, presuntamente causó la realización de las elecciones seis semanas después de la fecha prevista.

Precisamente, el lado fuerte de la campaña del recién electo presidente, fue su critica a Jonathan, por la ineficacia de su Gobierno y del Ejército bajo su mando, para hacer frente al extremismo de confesión islámica.

Solamente el mañana dirá si el perseverante Buhari, encarna realmente el voto de confianza dado por la mayoría de los nigerianos, desbordados por los males de terrorismo y otros.