Níger, centro neurálgico de la lucha contra la inmigración

0
327

El desierto de Níger ha sido durante años una de las rutas clave de la migración, tierra de paso para los subsaharianos que trataban de llegar a Europa.

La tendencia se acentuó con la caída de Muammar Gaddafi y el desmantelamiento del estado libio.

Muchos de esos inmigrantes están ahora dando un dramático giro para regresar a casa después de haber vivido en el infierno.

Euronews ha hablado con algunos de ellos en una estación de autobuses en Niamey, la capital de Níger.

“Mi experiencia en Bengasi, en Libia, fue muy dura”, explica William More, originario de Liberia. “Te meten en una casa y te dicen que tienes que pagar 350 dólares para ponerte en un barco y cruzar el Mediterráneo. Entonces, les das el dinero y te embarcan. Pero finalmente te arrestan, te llevan a un sitio donde te maltratan, te golpean todos los días y te obligar a trabajar en una granja.”

“Los libios son unos salvajes. Estoy aqui sólo porque Dios me salvó. He visto a muchos amigos, a muchos camaradas, morir delante mío”, afirma David Sako, de Guinea Conakry. “Primero te llevan a una casa, donde vives acinado y donde te golpean. Luego llaman a tu familia y te golpean otra vez para que oigan tus gritos y envíen dinero. Muchos han muertos y otros han quedado traumatizados por estas torturas”.

La ciudad de Agadez era uno de los centros neurálgicos del tráfico ilegal de migrantes. Y ahora la ruta desemboca en Niamey, desde donde organizan el regreso a sus respectivos países. Aqui tiene una oficina la Organización Internacional para las Migraciones (OMI) que cuenta con fondos para ayudarles en el camino de vuelta.

“Llegamos a Niamey hace dos días, procedenes de Agadez”, explica Sean Kamara, de Sierra Leona. “Estamos en el proceso para ver cómo podemos regresar a nuestros países”.

“Aqui en Níger hay una organización, la Organización Internacional para las Migraciones, que ayuda a la gente a volver”, añade David Sako. “Por eso hemos venido aquí, para ver si nos ayudan a volver a nuestro país.”

A lo largo de los años, la trata de seres humanos ha sido un factor de desestabilización para Níger porque los traficantes tienen conexiones con organizaciones criminales y con grupos yihadistas.

«Nuestros propios compatriotas son vendidos y explotados por los traficantes”, denuncia el ministro de Defensa de Níger, Kalla Moutari. “Y luego estos mismos traficantes son los que desarrollan el tráfico de armas en nuestra región”.

Con el apoyo de la Unión Europea, Níger se ha convertido en el gendarme de la zona. El ejército es cada vez más activo.

Pero parte de la sociedad denuncia que este tipo de acuerdos tienen un cierto aroma a política colonial. «Níger ha puesto a sus militares a trabajar para impedir que los migrantes avancen hacia el norte. Se trata de una política mercenaria. Te dan dinero y te dicen, ahora haz esto. Un estado soberano no puede verse reducido a esto”, afirma Souley Aji, Profesor de la Universidad Abdou Moumouni.

La población de Níger también está decepcionada porque los flujos migratorios habían permitido el desarrollo de actividades económicas basadas en el suministro de alimentos, alojamiento y transporte para los migrantes de paso. Ahora se calcula que unas 6.000 personas que trabajaban de la migración se han quedado en paro.

El empleado de una compañía de unos autobuses explica que “ahora sólo tenemos un autobús y ni tan siquiera va lleno. Y todo esto porque ha cesado el tráfico de clandestino. De repente, han dejado de ir a Europa”.

El embajador de la Unión Europea en Níger, Raul Mateus Paula, explica las medidas compensatorias que ha puesto en práctica . «Níger ha tomado medidas en términos de seguridad, detiene a los traficantes, se incauta de sus vehículos. Pero todo esto lo hemos conjugado con medidas al desarrollo para dar perspectivas a las personas que vivían de este tráfico, de esta economía paralela.”

La Unión Europea ha prometido a Níger unos 800 millones de euros a través de diferentes fondos. Su objetivo alejar a la población del tráfico de inmigrantes desarrollando programas de empleo alternativos. Y evitar al mismo tiempo que algunos acaben involucrándose en actividades criminales o terroristas.